Compañeras de amor y ternura compartidas en las vicisitudes que los avatares de la vida han deparado al pueblo nicaragüense, a ustedes mujeres-madres les ofrezco la inspiración de mi mente-espíritu y el afecto sincero de mi corazón:

Madre nicaragüense, Dios ha concedido que tu vientre generoso comparta la savia que da vida a cada nueva generación del pueblo de Nicaragua, tú nutres la pasión, el corazón, el orgullo, la mística y el coraje del pueblo; que arropado por tu temple y valentía, logra vencer los escollos que la vida pone en su camino; sin abdicar ni llorar frente a las flores mustias que han signado su destino.

Madre nicaragüense, tu afecto, fortaleza física y espiritual, alegría, cariño y entrega por tus hijos e hijas, ha sido el caldo bendito que nutre, forma, desarrolla la conciencia, el conocimiento, la tradición y la nobleza del ciudadano nicaragüense: hombre y mujer; para esparcir al mundo con su capacidad de pensar, crear, emprender y amar con fuerza arrolladora.

Madre nicaragüense, tu voluntad de acero, desde la aurora del surgimiento de nuestra nación, ha aportado al desarrollo de nuestra nacionalidad; asumiendo con coraje sacrificar tus propios sueños y esperanzas, en pro del desarrollo de los anhelos e ilusiones de tus hijos e hijas.

Madre Nicaragüense, siempre has estado al lado de tu esposo hijos e hijas, depositando en el rincón más profundo de tu alma y corazón, tus angustias y temores; compartiendo las trincheras de lucha de tus seres queridos, que son tus propias trincheras, para juntos lograr el derecho y el deber de vivir una vida digna para todos y todas, en reconciliación, libertad, equidad, trabajo, justicia y paz. Las tareas y luchas por la paz, la equidad, contra las injusticias y la violencia han correspondido tanto al hombre como a la mujer y en muchos casos la mujer destaca por su conciencia, sensibilidad y fortaleza física y espiritual.

Para ti mujer y Madre nicaragüense, que transitas por los senderos y valles que la vida pone en tu camino como carbones encendidos. Para ti mujer y madre nicaragüense, que eres génesis, fragua y eje central de nuestra nicaraguanidad; mi respeto, mi cariño y mis gracias por tu amor y gesto de noble sacrificio.

Lo reafirmo: Las tareas y luchas en defensa de la Revolución, de los derechos del pueblo, frente a las injusticias, la falta de equidad, por la paz, han correspondido tanto al hombre como a la mujer-madre, y en numerosos casos, la mujer-madre ha destacado por su determinación, carácter, conciencia, sensibilidad y fortaleza física y espiritual. FELICIDADES COMPAÑERAS. RECIBAN MI RESPETO Y ADMIRACIÓN.

Gracias, Gracias Madre por haberme dado la vida. Tu morada es el cielo gozando de la presencia de Dios.