En la narrativa de la Pasión y Muerte de Jesús, hay un personaje oscuro quien a través de la historia se ha convertido en un símbolo, negativo Sí, pero no por ello deja de ser una representación o alegoría con un claro mensaje.

Judas lleno de arrepentimiento y de vergüenza por la traición a su Maestro, a su Amigo, a su Dios se ahorcó. En cambio los traidores de hoy, esos que quizás por la inflación, no se satisfacen con treinta monedas sino con millones de dólares, además se alegran de su traición, se ufanan y lo publican, esperan adulaciones y aplausos por su traición.

¡Cómo han cambiado los tiempos!

Ser traidor a la patria es ya una infamia descomunal, pero si además se traicionan las enseñanzas de Cristo, la degradación humana los rebaja a condición infrahumana.

“Dios es amor” nos enseña San Juan en su Evangelio, entonces, Predicar y/o practicar la violencia sobre el amor, organizar hordas demoníacas, apoyar a secuestradores, violadores, asesinos. Mentir y/o difundir noticias falsas, pedir sanciones, incluso intervención militar; son todas acciones de traición a Dios pues contradicen el amor. ¡Traición a la patria, traición a Dios!

Judas al saberse culpable tuvo un breve brote de “sabiduría-decencia-valentía”, y prefirió arrebatarse la vida. Los Judas actuales en cambio prefieren ahorcar al Cordero, al Pueblo. La traición la han convertido en lucrativo negocio y en su macabra lógica la han glorificado.

Pero a pesar de toda la bajeza y oprobio de los Judas modernos; el amor, el bien común, la noviolencia, el diálogo, la paz, la eliminación de sanciones, la reconciliación, la justicia, la razón; prevalecerán para que los niños sonrían como Jesús les sonríe, como Jesús sonríe ante el bien y ante los que cumplen con sus mandamientos.

¡Dios es amor!

Mario Barquero