Las expresiones de Augusto C. Sandino son redonditas y brillantes como un plenilunio en octubre. No hay cabos sueltos, es directo, parece que estaba dotado de una perfección en la elaboración de sus ideas porque era él mismo expresado en letras, en toda su monumental creación epistolar, en sus entrevistas de prensa, en sus comunicados, y en los partes de guerra o de amor.

Dice un poema de Cardenal que “Sandino no era inteligente, ni era culto / pero salió inteligente de la montaña”. Muchos, quizá la mayoría, nunca estuvimos de acuerdo con esa apreciación que no la justifica ninguna rima porque los exterioristas no creen en rimas.

Uno de los más célebres historiadores del mundo, Arnold J. Toynbee, admiró su gesta y lo bautizó como Diomedes al combatir a las tropas de ocupación de los Estados Unidos. El héroe aqueo se enfrentó a los más fieros guerreros y hasta luchó contra sus dioses protectores, narra Homero en la Ilíada. A esa dimensión lo elevó el estudioso de la decadencia de las civilizaciones.

Sandino nació inteligente, reclamó su derecho a ser hijo de verdad y a tener el apellido y el trato con todas las de la ley. Desde su infancia trazó su meta. “Y es cierto que pudiendo ser vago, ser criminal, decidí ser gente, llegar a ser alguien”, le dijo al escritor José Román. Harapiento, sucio, como niño de la calle, vendiendo para ayudarle a su mamá, se topó con su papá.

--- ¡Óigame señor! ¿Soy su hijo o no! --- le protestó a don Gregorio en una calle de Niquinohomo. El padre, estremecido por la forma en que aquella criatura demandaba justicia, le respondió: --- Sí, hijo, soy tu padre.

El niño no se conformó con esa confesión de progenitor ocasional.--- Señor, si entonces yo soy su hijo, ¿por qué no me trata como usted trata a Sócrates?

Al “viejo”, describe Sandino, se le salieron las lágrimas, lo chineó hasta la altura del pecho, le abrazó, le besó fuerte y largo, y se lo llevó a su casa. No había cumplido los 11 años.

Le trabajó y luego engrandeció el negocio de su padre, aunque nunca tuvo la fortuna de agradarle a la señora de éste. Un día se marchó porque aparte de ser muy inteligente, por sus venas, además de sangre, corría a borbotones la dignidad.

El honor de Nicaragua no se humilla

El 4 de mayo de 1927 empezó la inicial victoria, y ahora continúa. “Fue ese el día --- escribió el General Augusto C. Sandino--- en que Nicaragua probó ante el mundo que su honor no se humilla; que le quedaban todavía hijos que con su sangre lavarían la mancha de los demás”.

Tan limpia era su mirada y su “cutis maltratado”, como lo vio Adolfo Calero Orozco. Era la selva, eran los rigores de la guerra durante casi una década, su última, de juventud en armas; la neblina y las batallas terminaron componiendo aquel rostro anguloso de Nicaragua, resplandeciente de serenidad. Y su decisión marcada por el entrecejo y contada por su vida desborda tanta pureza que no hay alma buena sobre esta Tierra que se resista a dedicarle un verso, hacerle una canción, ir a la Plaza por él, dibujar, a costa de hacerlo con tinta de sangre, su silueta en la guerrilla y los muros del pueblo en los años 60 - 70, y llevar hoy a Nicaragua por caminos grandes...

Su nombre es de los pocos que amplían el Diccionario de la Dignidad, comenzando el 4 del mes de la siembra: Causa, Justicia, Patria, Honor…

Prohibida su mención, silencio rebelde por su gracia, y un miope de ojos azules mirando y admirando su nombre y su bandera y su pensamiento, “terco, indeclinable, sempiterno” por aquel obrero agrícola, despachador de gasolina, mecánico, guardaalmacén, vendedor de café y frijoles, tornero de cambios, operador de taladros petroleros y de conciencias. Sin Sandino, puesto ahí en 1961 con todas sus letras por Carlos Fonseca, no existiera el Frente.

Luz, Vida y Verdad

El FSLN es el hijo más legítimo del General. La bandera rojinegra que tanto provoca hoy escozor a la derecha como pánico a todos los Somoza de antes y después, somocismo descremado, es la misma del Guerrillero cantado por Gabriela Mistral y Salomón de la Selva, y puesto al día con la insistencia de la intelectual Rosario Murillo en la perspectiva de una Nicaragua de Luz, Vida y Verdad, que remite al Manifiesto de El Chipotón, el 15 de febrero de 1931.

Y antes, Rubén en “Cantos de vida y esperanza”: Vida, luz y verdad, tal triple llama/ produce la interior llama infinita./ El Arte puro como Cristo exclama:/ ¡Ego sum lux et veritas et vita!

Potenciar la nación fue el discurso de Sandino, y el FSLN lleva su impulso con un inédito modelo de alianzas con los sectores que quieren lo mejor para su país. Diálogo y consenso. Es lo que caracteriza al nuevo mandato del Frente a través del presidente Daniel Ortega, ha subrayado Rosario.

“Gracias a Dios, y no nos cansamos de agradecer a Dios, porque nada es posible sin Su Mano Sanadora”. Así dijo la escritora, en un reconocimiento explícito al Altísimo. Es Sandino, es el Frente, es Nicaragua, alcanzando en seis palabras de Rubén, en una sola dirección: “Y hacia Belén… ¡la caravana pasa!”.