La primera vez que el presidente Ortega se encontró con el presidente Obama fue durante la cumbre iberoamericana de Puerto España, Trinidad. Esa fue también la ocasión en que el presidente Chávez le regaló a Obama el libro “Las venas abiertas de América Latina.”

Durante dicha cumbre celebrada en Abril de 2009, el presidente Ortega hizo un recuento histórico de las continuas intervenciones, invasiones, ocupaciones, golpes de estado y agresiones que toda Latinoamérica ha sufrido por mas de un siglo por parte de Estados Unidos.

Para no darle un tono personal, el presidente Ortega diplomáticamente apuntó que Obama solo tenia 3 meses de nacido cuando ocurrió la invasión de Playa Girón contra Cuba, por lo cual no se le podía señalar ninguna responsabilidad por dicha agresión.

Sin embargo un tanto incómodo por las claras, irrebatibles y directas críticas del dirigente Sandinista, Obama respondió a Ortega: “No he venido a hablar del pasado sino del futuro.” Apenás dos meses despues se dió el golpe de estado que derrocó al presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, el cual fue sacado violentamente del país y llevado a la base militar de Estados Unidos en Palmerola en ruta a San José, Costa Rica.

Los militares de Honduras, son una creación de principio a fin del gobierno de Estados Unidos y obedecen mas al país de las barras y las estrellas que a su propio comandante en jefe, o sea al presidente de Honduras.

Cualquier observador de los asuntos latinoamericanos que esté medianamente informado sabe que, con la excepción de los ejércitos de Cuba y Nicaragua, la mayoría de cúpulas militares son títeres de Estados Unidos y ningún militar se atrevería a dar un golpe de estado si primero no tiene la luz verde del Pentágono y la Casa Blanca.

El golpe de estado en Honduras fue la primera oportunidad de oro de Obama de demostrar lo que le dijo al presidente Ortega, “…vine a hablar del futuro.” El inquilino de la Casa Blanca tenía el poder de abortar y revertir el golpe de un plumazo.

Bastaba que Obama le ordenara al Secretario de Defensa que llamara a Tegucigalpa y ordenara a los militares golpistas dar marcha atrás y el golpe hubiera quedado anulado. Pero Obama jamás lo hizo. El futuro del cual demagógicamente habló Obama en la cumbre de Cartagena, demostró que en Honduras fue más de lo mismo o sea del pasado y del cual no quería hablar.

Lo mismo se puede decir del golpe de estado en Paraguay. El presidente constitucional de Paraguay fue destituido por el congreso sin existir motivo fundado para hacerlo. Se le atribuyó falsamente la autoría de una masacre de campesinos en la cual el mandatario no tuvo absolutamente nada que ver, pero por la “responsabilidad administrativa” de ser la máxima autoridad, le pasaron la cuenta abusando de las prerrogativas del congreso.

Nuevamente, los golpistas de derecha, no moverían un dedo sin contar con la bendición de Washington y el Pentágono. Pero sabedores que el presidente Fernando Lugo era de tendencia socialista y adscrito a la línea del presidente Chávez, Washington reconoció a lo inmediato a los golpistas que burlaron la voluntad democrática del pueblo paraguayo. Otro ejemplo que indica que Obama no estaba mirando al futuro sino al pasado de golpes e intervenciones.

Estados Unidos representa el mayor mercado de consumidores de cocaína del planeta. Colombia es el mayor productor de Cocaína del planeta. Centroamérica se ha convertido en “corredor” primordial del tráfico de estupefacientes entre Colombia y Estados Unidos.

Nicaragua es el país que marcha a la cabeza en la interdicción de sustancias prohibidas de todo Centroamérica y la policía de Nicaragua ha sido reconocida por las restantes agencias policiales centroamericanas como líder en el combate al narcotráfico.

Aún así, el Departamento de Estado en un informe motivado mas por prejuicios políticos que por datos objetivos, se atrevió a criticar a Nicaragua y acusarla de corrupción. La rápida y digna respuesta del presidente Ortega ciertamente coloca a Estados Unidos a la defensiva. Está más que ampliamente documentado como la cocaína es fácilmente distribuida y comercializada en las calles de Estados Unidos y que esto es posible solo gracias a la corrupción imperante en Estados Unidos.

Nicaragua es un país pequeño y pobre que necesita todos sus recursos para sacar a su pueblo de la pobreza y es injusto que se espere que utilicemos nuestros propios y limitados recursos para ser los policías voluntarios y gratuitos del coloso del norte. Si Estados Unidos quiere ayuda, tendrá que aportar los recursos y medios para hacerlo.

Con las credenciales que tiene Nicaragua de ser el país más seguro de Centroamérica, de tener el mejor record de interdicción de narcóticos en Centroamérica y de tener la mejor policía del área como lo reconocen las mismas agencias policiales del istmo, quien queda mal parado es Obama con sus críticas infundadas y no Ortega.

Por su parte, Estados Unidos enfrenta hoy no solo un “precipicio fiscal” en el cual el presupuesto federal se ha reducido de un plumazo en 85 mil millones de dólares, sino que enfrenta una baja en su productividad, que amenaza con desatar nuevamente una severa recesión, posiblemente solo comparable con la recesión de 1929.

Obama llega a San José, estimulado por la desaparición física del prócer latinoamericano Hugo Chavez Frías, pero con las manos vacías. Obama tiene muy poco que ofrecerle a los presidentes centroamericanos que no sea más de lo mismo, que nuestra región se habrá a la inversión norteamericana, ávida de materias primas baratas y mano de obra igualmente barata y abundante.

Las últimas dos cumbres latinoamericanas con Obama, han sido un verdadero fiasco para la diplomacia estadounidense. Durante la cumbre de Puerto España, Obama carecía de experiencia y tanto Chávez como Ortega intentaron educarlo políticamente. En la cumbre de Cartagena, Estados Unidos se quedó solo, junto con Canadá, por su política de aislamiento contra Cuba. Latino América entera le dijo en su cara al presidente estadounidense que esa sería la última vez que Cuba era excluida del concierto de las naciones Americanas.

Obama furioso, al llegar a Washington, pidió cuentas sobre la humillación pública que recibió de parte de los presidentes latinoamericanos.

Las evaluaciones político-diplomáticas al más alto nivel en la Casa Blanca indicaron que el gran culpable del fiasco de Cartagena (independientemente del escándalo de los guardaespaldas de Obama con unas meretrices), era nada menos que el ultraderechista colombiano, Dan Restrepo, un joven asesor de la Casa Blanca para asuntos latinoamericanos. Obama ordenó el despido inmediato de Restrepo, un secreto que la oligarquía nicaragüense se tenía muy bien guardado.

Las credenciales de Ortega son impecables. Nadie puede disputar la envidiable posición de Ortega en la cumbre de San José, con la ventajosa posición de provenir del país más estable en Centroamérica y como el tercer destino más importante para el turismo mundial según el diario The New York Times.

Mientras Obama llega con las manos atadas por la crisis económica que aflige a Estados Unidos, con grandes manifestaciones de protesta anti-imperialistas esperándolo en la capital costarricense, Ortega, no solo es el más conocido y el legendario decano de los presidentes centroamericanos, sino que tiene resultados concretos que mostrar en la cumbre.

El presidente Ortega llega no solo con el más elevado índice de popularidad, refrendado por las encuestas, sino que preside sobre la economía que más rápidamente está creciendo solamente después de la de Panamá. El expediente de Ortega en el combate al narcotráfico es inigualable y no tiene rival en la América Central.

Así las cosas, de todos los presidentes centroamericanos, quien mejor equipado llega ante el presidente imperial es el presidente Ortega. La figura presidencial centroamericana que indudablemente más interés despertará en la prensa internacional será el presidente Ortega.

El gobierno costarricense esperaba que Ortega declinara participar en la cumbre de San José, como lo hizo antes durante la fallida cumbre con el vice-presidente Joseph Biden en 2009. El peor fracaso político de la diplomacia costarricense parece ser la mera presencia del presidente de todos los nicaragüenses, Daniel Ortega.

Como lo dijera recientemente el ex –canciller Francisco Aguirre Sacasa en un canal local de la oposición, si le preguntaran en Washington a un taxista quien es Laura Chinchilla, o quien es Otto Pérez Molina, nadie los conoce, pero si todo mundo sabe en todas las latitudes quien es Daniel Ortega Saavedra.

Los nicaragüenses podremos estar seguros, por las razones arriba indicadas que el presidente Ortega, estará frente al presidente Obama con respeto, en posición altamente ventajosa, pero más que todo con la dignidad de un revolucionario Sandinista.

Estará Obama a la altura del momento, o se limitará a ser un vendedor de los productos estadounidenses y a pedirle a 7 naciones pequeñas y pobres que le sirvan de policías voluntarios y que le ayuden al coloso del norte a contener la insaciable sed de cocaína del mercado consumidor de estupefacientes más grande del planeta? - Carlos Escorcia Polanco es analista político nicaragüense, residente en Los Angeles, California.