Nicaragua, particularmente la Costa Caribe demostró, mediante el desarrollo de las recientes elecciones regionales, que está viviendo tiempos para construir, crear y transitar nuevos caminos a partir de la participación protagónica. Trasladado esto a términos políticos y sociales concretos, diríamos que, el accionar de la población caribeña y el resultado de las votaciones de este domingo, encarna un pleno reconocimiento al empuje que el Sandinismo le ha brindado a la Autonomía en esta región y, a la consolidación de las instancias democráticas de participación y representación. Estas elecciones son la expresión más clara y contundente del arraigo del FSLN en la población nicaragüense y, en este caso, en el Caribe. Historiando esta cimentación debemos remitirnos a Augusto C. Sandino quien, en su lucha durante el primer tercio del siglo XX, hizo de la Costa Caribe nicaragüense, no una zona de acantonamiento, como lo hacían los libero-conservadores, sino una zona geográfica solvente, radical, como lo diría David Harvey.

Estas elecciones son la prueba irrefutable de que el modelo de Estado de Bien Común, del Buen Vivir, impulsado por el Sandinismo es soberano, que se enlaza a verdaderos procesos de cambios sociales, a la construcción y empuje de sujetos productivos. Los resultados hablan por su propia cuenta. Estos, tienen su origen en una serie de políticas públicas que han contribuido a brindar fuerza y cohesión social a esta zona. Asimismo, han tenido un impacto positivo en todas las comunidades que la integran. Basta mencionar la cantidad de carreteras, caminos de penetración que se han construido bajo el Buen Gobierno Sandinista que han hecho posible, la conexión-comunicación y completitud del territorio nacional que se había visto postergado por siglos, que ha promovido, a la vez, los fundamentos de una nueva manera de transformación democrática que lleva aparejada una redistribución con estricta equidad.

Agreguemos el fortalecimiento de la educación, inserta en sus propias lenguas, o la redención de las que estaban en peligro de desaparecer. Ahora bien, esto nos remite a un factor mucho más amplio y abarcador: la promoción y arraigo de una noción y práctica de Desarrollo Humano que se articula con la cosmovisión de las propias comunidades autóctonas. Jamás ha habido, en estos años de Buen Gobierno sandinista, desconexión, ni en lo físico-material representado en las mejoras estructurales, ni en lo cultural, simbolizado en el respeto absoluto de su espiritualidad como pueblos ancestrales, originarios, dueños de una visión del mundo distinta, pero consustancial a nuestra identidad.

Lo expuesto quedaría incompleto, sino reflexionamos en torno a una de las más grandes restituciones del derecho ancestral en esta zona, impulsado por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. Nos referimos a la entrega de más de 37, 000 kilómetros cuadrados mediante títulos de propiedad que devuelve a sus dueños históricos lo más sagrado: su tierra, sus territorios.

Hay muchos más logros en salud, trabajo digno, empoderamiento que ha sido posible a las políticas públicas inclusivas puestas en prácticas por el Gobierno Sandinista que, en estas elecciones, han sido refrendados. Esto nos permite comprender la realidad nicaragüense en la actualidad, la cual transita sobre la vía de encontrar un ambiente, creativo, justo, transformado, que cimente las bases de una convivencia social armónica y equilibrada para proyectar el desarrollo de las diferentes culturas y zonas de nuestro país. Desafío que demanda capacidad y madurez, mediante lo cual podamos relacionar, historia, cultura, espiritualidad, razón, conciencia y aspiraciones, tal como nos aleccionó nuestra Costa Caribe este domingo 03 de marzo.