El trabajo artesanal hecho por mujeres de manos laboriosas estuvo presente en la feria de artesanía indígena realizada simultáneamente al Diálogo Regional de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe, en el Centro de Convenciones Crowne Plaza.

Tal es el caso de Silvia Elena Canda y María Isabel Rocha, originarias de Buenos Aires, Rivas, e integrantes de una cooperativa de mujeres artesanas que trabajan el jícaro.

“Esto viene de generación en generación. No podemos decir que es hasta ahora, es nato en nuestro municipio y de esto trabajamos para sobrevivir con la familia”, expresó Rocha.

Ellas ofertaron una diversidad de productos como jícaras, canastas, cucharas, adornos, servilleteros y joyeros. Muchos pueden servir como adornos y para uso.

Asimismo, aspiran a que su producto pueda trascender fronteras y buscan apoyo para lograrlo.

“Nosotros quisiéramos exportar, tener un lugar donde ir fuera del país, porque al extranjero le gusta mucho”, agregó María Isabel.

Canda relató que el proceso que lleva fabricar una pieza es de 4 días e incluye desde la limpieza de la materia prima, hasta el tallado, lavado y acabado de la artesanía.

También atienden pedidos con estilos que el cliente desee como maracas y canastas. La cooperativa se ubica de la Alcaldía de Buenos Aires, una cuadra al este, una y media al sur.

Otra protagonista es doña Francisca Zamora, habitante de la comunidad El Chile de Matagalpa, y es miembro del Colectivo de Mujeres Telares Indígenas Nicaragua.

Zamora expresó que tiene 28 años de ser tejedora, elaborando telares y luego productos como mochilas, carteras, cartucheras, cosmetiqueras, zapatos para bebé, entre otros.

Décadas de trabajo

Descendiente de los chorotegas, en Totogalpa, Madriz, doña Adela Sánchez Pérez tiene casi 40 años de adi}estrar y darle forma a las hojas del tule haciendo petates e individuales para comedores, porta celulares y carteritas.

“De la edad de 12 años yo aprendí de mi mamá a tejer y así le ayudaba con mis hermanos a ella. Ahorita tengo 50 años y sigo trabajando solita el tule”, dijo Sánchez.

Contó que con este trabajo les dio estudios a sus dos hijas hasta lograr que fueran unas profesionales.

Asimismo, doña Santos Pérez Bautista dijo que aprendió el tejido del tule desde que tenía 15 años, igual que su mamá. “Con esto mantuve a mis 7 hijos haciendo petatitos, iba a vender a Somoto y así les pude mantener”, mencionó.

“Pero yo sigo mi trabajito porque con esto me mantengo”, agregó.

Ambas también elaboran canastas, joyeros, aretes y llaveros de la acícula (hoja) de pino. Ellas promueven sus productos en las diferentes ferias que se realizan en Managua y los departamentos. En Totogalpa se encuentran en la casa de las artesanas.

En estas dos mujeres se puede observar el peso de los años y en sus manos el cansancio de ese trabajo arduo hecho a lo largo de su vida pero que no las detiene a continuar y ofrecer bellas piezas que atraen a su clientela y no dejan morir ese trabajo ancestral que perdura en el tiempo.