Después de la conquista y colonización española, nuestro territorio y población indígena vivió en una inactividad de ciento años de dominio colonial, periodo en el cual hubo un proceso de mestizaje y transculturización en el ámbito cultural, social y religioso.

Los pobladores criollos y peninsulares transcurría relativamente pacífica y patriarcal, los vecinos del poblado en su mayoría ocupaban gran parte del tiempo en el cultivo y la crianza de animales domésticos que utilizaban para la alimentación.

Managua era un pueblo pequeño de indígenas que habitaban en chozas cercadas con tablas y puertas de cuero crudo o carrizo, y al pasar de los años pasó a ser una aldea considerada como una vía necesaria de tránsito entre la ciudad de  mayor importancia como es León y Granada donde surgieron rivalidades.

El 24 de marzo de 1819, se le otorga el título de Villa, con el dictado de Leal Villa de Managua, antes de ser nombrada ciudad.

Por su situación geográfica, la declarada neutralidad y la población no estaban socialmente integrada a la oligarquía leonesa y granadina, se convirtió en un sitio de descanso de las tropas en conflictos.

Un conflicto armado conocido como la guerra del 44, la Asamblea Nacional  fue obligada a instalarse en Masaya, elevando el 24 de julio de 1846 a la Villa de Managua al rango de Ciudad con la denominación de Santiago.

La inestabilidad y anarquía  entre Granada y León, no permitía tener una sede permanente tanto para el Ejecutivo como para la Asamblea Legislativa, por ello  el 5 de febrero de 1852, Managua es declarada capital de la República de Nicaragua.