El primer ministro de Siria, Wael al-Halaki, condenó de manera enérgica el fallido atentado con un coche bomba perpetrado hoy en su contra en el capitalino distrito de Mezzeh, el cual dejó por lo menos ocho muertos y 10 heridos.

Tales actos terroristas prueban una vez más la frustración y la quiebra moral de los grupos opositores armados que buscan derrocar al gobierno, los cuales han recibido en las últimas semanas severos golpes por la ofensiva del Ejército Árabe Sirio en todo el territorio nacional, aseguró.

Este trágico suceso solo fortalece la determinación de continuar nuestro trabajo para reconstruir el país y lograr la seguridad y estabilidad de la ciudadanía, remarcó el jefe de gobierno durante una reunión con los miembros del Comité Económico del Consejo de Ministros, que sesionó el lunes en esta capital.

Al mismo tiempo señaló que el pueblo sirio seguirá insistiendo en implementar el Programa Político presentado por el presidente Bashar al-Assad en enero pasado, por considerarlo la única y más segura salida a la crisis que sacude al país desde hace dos años.

Tras la reunión, al-Halaki explicó a la prensa que el encuentro con parte de su equipo de trabajo resultó fructífero, pues se discutieron aspectos relacionados con la concesión de nuevas licencias a las industrias farmacéuticas, así como medidas para el fortalecimiento de la economía ante las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea.

Al-Halaki sobrevivió este lunes a un atentado con un coche bomba, el cual detonó en horas tempranas de la mañana en una de las esquinas del parque Ibn Rushd, también conocido como Francés, al paso de la comitiva en la cual se desplazaba después de salir de su residencia y cuando se dirigía hacia sus oficinas.

Hasta el momento, ninguna entidad se ha atribuido la autoría del hecho que dejó considerables daños en las estructuras de las edificaciones, comercios, una escuela y una guardería aledaños, y por lo menos una decena de vehículos calcinados, entre ellos un autobús escolar.

Las autoridades responsabilizan a miembros de los grupos opositores armados por el asesinato de altas personalidades políticas y militares, así como por los atentados con coches bomba y proyectiles de mortero lanzados contra zonas de alta concentración de civiles con el fin de desatar el terror y provocar un cambio de régimen en Damasco.