El 12 de abril de 2002, una turba de la derecha venezolana, con la que mostró sus credenciales “demócratas” Henrique Capriles, destruyó los vehículos aparcados en la Embajada de la República de Cuba, cortó el agua y la luz, y le importó un carajo exponer al peligro a mujeres y niños.

Como alcalde de Baruta, durante el golpe contra el Presidente Hugo Chávez, Capriles, el hombre que invoca el respeto a la institucionalidad, violentó el Artículo 22 de la Convención de Viena: “Los locales de la misión (diplomática) son inviolables”.

11 años más tarde, el mismo personaje promovió el ataque selectivo a los recintos de salud donde atendiera personal médico cubano, en una exhibición de sistemática xenofobia. Hubo incendios y cocteles molotov. Así se consumaba el llamado a movilizarse a las calles para “descargar la arrechera” con “cacerolazos”, que tanto en Chile 1973 como en Venezuela 40 años después, sirven para cocinar, entre otras cosas, Golpes de Estados.

Gabriel García Márquez da cuenta que en una reunión en Washington, en 1969, uno de los generales del Pentágono preguntó qué haría el ejército de Chile si el candidato de la izquierda, Salvador Allende, ganaba las elecciones. El general Toro Mazote, Director de la Escuela de Aviación, contestó: “Nos tomaremos el palacio de La Moneda en media hora, aunque tengamos que incendiarlo”.

Hoy no hay Toros Mazotes con charreteras en Venezuela, pero de todos modos admiran a Nerón: quemaron varias casas, incluidas las del PSUV, destruyeron Centros de Diagnóstico Integral y le pegaron fuego a un vehículo solo por llevar el bigote de Maduro pintado en la carrocería. Vaya “capacidad de movilización”.

Un llamado al odio

Un ex candidato perdedor en Nicaragua instó públicamente por radio y prensa escrita --- y dicen que no hay libertad de expresión --- a los políticos adversos al FSLN a tomar el “ejemplo” de Capriles, porque la oposición de Venezuela cuenta con “capacidad de movilización y de calle”.

Que el señor Capriles y compañía no acepten los resultados del 14, como sus émulos en el exterior, es un asunto personal de ellos. Que la maquinaria mediática enfile sus cañones contra la Democracia venezolana, y la derecha neoliberal promoviera, acto seguido, el caos incendiario con el saldo de ocho muertos de las filas bolivarianas, cinco por disparos de balas, ya es atentar contra la decisión mayoritaria del pueblo.

Capriles ha inventado un triunfo inexistente para desacreditar a las autoridades electorales ante el mundo. Pero la institución está hecha a prueba de fraudes y de infamias. Es el mismo sistema electoral que alabado por moros y aplaudido por cristianos, además de James Earl Carter, trigésimo noveno presidente de los Estados Unidos, verificó lo que la ciudadanía quería: la Revolución.

Un demócrata con dormida adentro

Si el candidato demócrata de la Izquierda ganó con cerca de 300 mil votos, debe aceptarse la decisión del soberano. Así lo hizo Elías Jaua cuando en diciembre pasado aceptó que Capriles se alzara con la gobernación del Estado de Miranda, apenas con 30 mil votos de diferencia. Una contundente lección de democracia que ya había ofrecido el propio Comandante Chávez.

El CNE tampoco alteró los números al final del día domingo 2 de diciembre de 2007. El presidente Chávez perdió el referendo para una reforma a la Constitución por escuálido porcentaje. Un reporte decía: Tibisay Lucena, presidenta del CNE, reconoció, en las primeras horas de este lunes, que la opción del No ganó, aunque por estrecho margen: 50.70% de los votos, mientras que el Sí obtuvo 49.29%.

El Comandante, un demócrata con dormida adentro, admitió el resultado desfavorable. Y dijo a la oposición: “Ustedes se la ganaron y es de ustedes”.

Una organización que todavía se dice “sandinista”, hace causa con las posiciones más retrógradas de la derecha mercurial estilo Chile 73. Ha dicho, además de despreciar a los pobres, que la Revolución Bolivariana “entró a su fase terminal”.

Con el mismo tono del General Mazote, reduce la Revolución a “repartideras”, pero se cuida de hablar de los opulentos de la renta petrolera que importaban hasta agua escocesa en bolsa para sus finos Scotch, mientras apartaban de su vista a los millones de hambrientos y analfabetos de la Venezuela profunda. Las duras críticas a las Misiones para saldar esa enorme deuda social solo se pueden entender por lo que dijo Jesús: “De la abundancia del corazón habla la boca”.

Las Revoluciones las hacen y las empujan los pueblos que cuentan con conciencia vanguardista, como calificó la intelectual Rosario Murillo a la firme multitud venezolana.

Si se ha llamado a la clonación de un biperdedor ajeno, para no asumir los fracasos propios, es porque hace rato le dijeron adiós a la democracia, y sobre todo a la creatividad: Caprilizar la oposición…Vaya derecha: es la única en el mundo que es derrotada por su misma cúpula sin ayuda de nadie, y después culpa al FSLN.