Consciente de que no se puede predicar sobre derechos humanos si no se da ejemplo de proteger a los más débiles, el Papa Francisco ha abordado el lunes con toda crudeza la vergüenza de los abusos sexuales del clero en su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede.

El Papa ha asegurado a los 183 embajadores que «no puedo callar ante una de las plagas de nuestro tiempo, que por desgracia ha visto implicados también a miembros del clero. El abuso contra los menores de edad es uno de los peores y más viles crímenes posibles».

Ese tipo de delitos, según Francisco «destruye inexorablemente lo mejor que la vida humana reserva para un inocente, causando daños irreparables para el resto de su existencia».

Como mensaje a los obispos y a los fieles laicos de todo el mundo, el Papa ha asegurado que «la Santa Sede y toda la Iglesia están trabajando para combatir y prevenir tales crímenes y su ocultamiento, para averiguar la verdad de los hechos que implican a eclesiásticos, y para hacer justicia a los niños que han sufrido violencia sexual, agravada por el abuso de poder y de conciencia».

Asumiendo su responsabilidad, Francisco afirma que «la reunión que tendré con los episcopados de todo el mundo, en el próximo mes de febrero, pretende cumplir un paso más en el camino de la Iglesia para arrojar luz sobre los hechos y aliviar las heridas causadas por esos delitos».
Amenazas nucleares

El tradicional discurso de comienzo de año al Cuerpo Diplomático -el segundo más numeroso después de Washington- analiza la situación del mundo, y el Papa ha abordado a fondo los problemas de debilitamiento de la gobernabilidad y de aumento de las amenazas nucleares de las grandes potencias.

Francisco ha repetido que «la búsqueda de soluciones unilaterales» lleva «al dominio del más fuerte sobre el más débil». Ha recordado que «la Sociedad de Naciones entró en crisis precisamente por estos motivos y, por desgracia, también hoy se nota cómo la resiliencia de las principales organizaciones internacionales se ve amenazada por las mismas actitudes».

Con preocupación, el Papa advierte que las actitudes de varios países recuerdan «el periodo de entreguerras (1919-1939), en el que las tendencias populistas y nacionalistas prevalecieron sobre la acción de la Sociedad de Naciones».

El Santo Padre observa que «el sistema multilateral en su conjunto, están atravesando momentos de dificultad, con el resurgir de tendencias nacionalistas».

Este proceso, según Francisco, «es, en parte el resultado de la evolución de las políticas nacionales, condicionadas cada vez con mayor frecuencia por la búsqueda de un consenso inmediato y sectario», pero también «de la creciente preponderancia de poderes y grupos de interés en los organismos internacionales que imponen la propia visión e ideas, desencadenando nuevas formas de colonización ideológica».

Crisis de credibilidad

Como resultado, «se está debilitando progresivamente el sistema multilateral, con el fruto de una falta general de la confianza, una crisis de credibilidad de la política internacional y una creciente marginación de los miembros más vulnerables de la familia de las naciones».

Entre los países que sufren conflictos internos, el Papa ha mencionado «particularmente la amada Nicaragua, cuya situación sigo de cerca, con el deseo de que las distintas instancias políticas y sociales encuentren en el diálogo el camino principal para empeñarse por el bien de toda la nación».

Y ha manifestado desear que «en la amada Venezuela se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la persistente crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que son probados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz».

En cuanto a problemas globales, el Papa ha reconocido la preocupación de que «el desarme nuclear, tan deseado y perseguido en parte en las décadas pasadas, este ahora dando paso a armas nuevas, cada vez más sofisticadas y destructivas».

Armas nucleares

Según Francisco, aparte del «riesgo de una detonación accidental de tales armas por un error de cualquier tipo, se debe condenar con firmeza la amenazada de su uso, así como su posesión, precisamente porque su existencia es funcional a una lógica del miedo que no afecta solo a las partes en conflicto, sino a todo el género humano».

En su opinión, «las relaciones internacionales no pueden ser dominadas por las fuerzas militares, por las intimidaciones recíprocas, por la ostentación de los arsenales bélicos. Las armas de destrucción masiva, en particular las atómicas, no generan otra cosa que un engañoso sentido de seguridad».

El Papa ha elogiado a los países que acogen refugiados, destacando entre ellos a Jordania, Líbano y también Colombia, «que junto a otros países del continente, en los últimos meses ha recibido a un gran número de personas de Venezuela».

Por desgracia, según Francisco, «las olas migratorias de estos años han causado desconfianza y preocupación entre la población de muchos países, especialmente en Europa y América del Norte, y esto ha llevado a varios gobiernos a limitar en gran medida los flujos entrantes, incluso los de tránsito».

Sin embargo, el Papa considera que «no es posible dar soluciones parciales a una cuestión tan universal», y ha celebrado la adopción de los dos Pactos Mundiales de Naciones Unidas sobre refugiados y sobre migración segura, ordenada y regular, que proporcionan el marco a la cooperación entre países.