Como revolucionarios estamos seguros de que la historia no nos condenará por nuestra serenidad ante los problemas, sino que nos dará merito por haber tenido la paciencia de acumular fuerzas en silencio.

A lo largo de nuestra historia (precolonial, colonial y poscolonial) ha sido nuestra proximidad con las masas la que nos ha asegurado el triunfo, puesto que somos parte de ellas. En las situaciones más adversas de nuestra consciencia colectiva nuestros próceres, héroes y mártires, nuestros pueblos ancestrales han mantenido latente en nuestros corazones la llama de la libertad, a través de nuestras expresiones culturales y religiosas. Por tanto, como militantes Sandinistas, como revolucionarios de toda índole es imperante el nutrirnos de dichas expresiones en virtud del bien común de nuestras sociedades, profundizando así, nuestra unidad revolucionaria en la diversidad de ideas y pensamientos.

Parte íntegra del ser y quehacer del revolucionario es la formación y autoformación de la identidad revolucionaria, a través del estudio de nuestras bases históricas en obras convencionales y no convencionales como poemas, cantos, coplas, discursos, etc. y todo lo que nuestro bagaje cultural nos permita utilizar para la formación del militante. La vida y obra de nuestros libertadores y libres pensadores (Simón Bolívar, José Martí, Rubén Darío, Sandino, Carlos Fonseca, etc.) debe ser rigurosamente estudiada como objeto de reflexión epistémica (estudio de los principios, fundamentos, extensión y métodos del conocimiento). Sin un Simón Bolívar sería difícil entender a nuestro Comandante eterno Hugo Chávez, sin un José Martí a nuestro Comandante Fidel Castro. Sin un Augusto C. Sandino sería, igualmente, difícil entender a nuestros líderes: Comandante en Jefe Carlos Fonseca, Comandante Daniel Ortega y a la Compañera Rosario Murillo.

La historia revolucionaria es una onda expansiva y, por consiguiente, todos los revolucionarios tenemos una causa en común, la lucha contra el imperialismo y poscolonialismo que Europa y Estados Unidos nos quieren imponer. Estas imposiciones son visibles a través de los mecanismos coercitivos que ellos utilizan para querer dominarnos: deuda externa (heredadas del colonialismo de forma injusta), ONGs de derechos humanos (que no defienden los derechos humanos, sino que son armas ejecutoras de la violencia imperial), etc. En las diversas arremetidas que el imperialismo ha tenido en nuestra Patria Grande (Latinoamérica y el Caribe) hemos visto el rol protagónico de estos organismos imperiales condenando a los gobiernos progresistas de izquierda y apañando la violencia y el terrorismo de la derecha fascista, puesto que son parte de ella.

Lo antes mencionado, permite citar como ejemplos palpables los intentos reiterados de golpe de estado en Venezuela, Bolivia y actualmente en Nicaragua. Ante estos ataques constantes del imperialismo contra nuestros pueblos, la militancia revolucionaria ha sabido reinterpretar nuestras formas de lucha y adecuarlas a los nuevos tiempos, por ejemplo: la batalla en las redes sociales y contra las empresas de desinformación (medios de comunicación de la oligarquía). En este punto, hemos visto como la militancia revolucionaria se suma a la batalla en el ciberespacio (internet) para informar sobre la realidad de nuestros pueblos. El imperialismo se ha dado a la tarea de cerrar miles de cuentas militantes, pero los revolucionarios convencidos de sus tareas regresan para defender la revolución. Así como las revoluciones triunfaron en el plano físico, llegará el tiempo en que declaremos territorio libre de mentiras y odio el internet y las redes sociales. Después de ese nuevo triunfo, se fundarán nuevas redes acordes a nuestros principios revolucionarios. Mientras tanto la lucha sigue en estos espacios. Todo lo antes dicho ha permitido exponer escenarios en donde la paciencia y el uso de la consciencia y la razón (ideas e ideales revolucionarios) han puesto a prueba a la militancia.

La acumulación de fuerzas en silencio del FSLN, del Chavismo, del pueblo de Bolivia, de la Revolución Cubana han dado muestras ineludibles de sus deseos de paz y armonía en el mundo: ante el terrorismo y la desestabilización social han sabido con mano firme, pero con paciencia separar el trigo de la maleza y en momento preciso avanzar recobrando la paz. No se debe entender la acumulación de fuerzas en silencio como una declaración de guerra (los revolucionarios no optamos por la guerra), sino como el compromiso de formarnos consecuentemente con nuestros principios para en el momento preciso luchar, por sobre todo en el campo de las ideas. La vida sin ideas e ideales es el mero acto de respirar. Por consiguiente, el revolucionario no solo respira, sino que transpira lucha y amor por la causa de los pueblos de nuestra patria grande. Ante esta afirmación, ineludible, de lo que es un verdadero revolucionario no queda más que decir, gracias Comandante Daniel Ortega, Gracias Compañera Rosario Murillo, por enseñarnos el camino, por caminar a nuestro lado y por transpirar con nosotros.


Jeremy Cerna
Berlín, Alemania