Todo líder revolucionario, todo proceso de liberación político-social en cualquier momento de su historia es sometido a prueba, ya sea por las adversidades de la época, por las coyunturas, por factores externos o por desafíos internos.

Un breve repaso a la historia antigua nos indica que líderes de la estatura de Moisés al frente de la más grande revolución político- social, como fue liberar al pueblo hebrero de la esclavitud faraónica, fue sometido a una dura prueba, no solo por el Faraón de turno, si no por sectores del mismo pueblo, cuando en medio del desierto tuvo que enfrentar la revelación de Coré uno de sus hombres de mayor confianza.(Números 16: 2,3) Pero también la historia nos indica que la victoria de Moisés, sobre sus adversarios internos y externos estuvo sustentada por sobre todo, en su fe y confianza en el Dios Yahvé. Era Dios mismo que los guiaba, los conducía y respondía a sus demandas y necesidades. Y cuando el principal líder de esa revolución desapareció físicamente la conducción pasó a Josué, segundo al mando y de esa manera aunque Moisés no entró a la tierra prometida, Josué con la mayoría del pueblo si entraron.

En otro momento de la historia, el pueblo judío fue sometido por el Rey Nabucodonosor, quien se llegó a erigir como el dios de los pueblos y naciones, construyendo para si una estatua para que el pueblo le rindiera culto. Narra la historia bíblica que tres jóvenes judíos Sadrac, Mesac y Abed-nego, se negaron a adorar a la imagen del Rey y como consecuencias fueron lanzados as un horno de fuego, calentado siete veces más de lo normal, pero una vez más Dios salió en defensa de los que en El confían y los liberó de la muerte. Ni un cabello de sus cabezas sufrió daño.(Daniel 3: 1-25)

A lo largo de la historia de la salvación, hemos visto la mano de Dios en defensa del débil, del humilde. El soberbio y arrogante siempre será aplastado. Y que podemos decir de revoluciones como la cubana y la nicaragüense. Nuestros pueblos solo por no rendirse ante la imagen del imperio norteamericano (el moderno Nabucodonosor) han sido sometidos a guerras, bloqueos, chantajes y toda clase de mal, sin embargo hemos salido triunfantes. En nuestro caso, Dios ha escogido a su siervo Daniel para que conduzca a este pueblo dentro de las reglas de la democracia participativa y representativa, sirviendo a los más humildes, impulsando proyectos y programas que dignifican al hombre, a la mujer, a la niñez, a los hermanos con discapacidades, protegiendo y apoyando al huérfano, a las viudas, a las madres de héroes y mártires. Velando por los derechos humanos de todas y todos los nicaragüenses.

LA REVOLUCION BOLIVARIANA al desaparecer físicamente su principal líder el Comandante Hugo Chávez, fue impactada de tal forma que sus enemigos internos y externos, creyeron que había llegado el fin de esa revolución y del ALBA. Algunos celebraron la muerte del Presidente Chávez y se envalentonaron alzando voces triunfalistas que como los ruidos del metal el viento se los ha llevado.

Los nicaragüenses y el mundo hemos sido testigos de cómo los revolucionarios bolivarianos con la mayoría del pueblo aun con el corazón en la mano por el dolor de haber perdió a su máximo líder. Dando ejemplo de firmeza, convicción y dignidad fueron a las urnas el 14 de abril, con lágrimas en sus mejías a depositar su voto en homenaje a la memoria del Comandante Chávez. No es fácil remontar tanto dolor y tantas adversidades, pero los revolucionarios bolivarianos pasaron una importante prueba de fuego. Sin su máximo líder derrotaron las estrategias del imperio norteamericano y de sus títeres en Venezuela, con un torozón en la garganta una vez más levantaron la bandera del triunfo, que asegura la Presidencia por seis años al Cro. Nicolás Maduro. Triunfo que trasciende a Venezuela porque la victoria electoral del 14 de abril es la victoria del ALBA y de los pobres del mundo.

El Presidente Nicolás Maduro, no solo ha demostrado lealtad a la memoria del su líder el Comandante Hugo Chávez, sino que ha demostrado capacidad, visión, firmeza y perseverancia. Hacemos votos y oraciones para que Dios nuestro Señor le de la sabiduría necesaria para la conducción de su pueblo y así puedan salir victoriosos de los nuevos desafíos – internos y externos- que deberán de enfrentar. La rebelión de Coré que fue la que enfrentó Moisés, son las rebeliones a lo interno de los procesos revolucionarios, el germen infernal de la división es el principal virus que el imperio del Norte busca como sembrar y cultivar, además de las descomposiciones sociales de sectores enemigos y adversos a la Revolución Bolivariana.

El Presidente Maduro y el liderazgo del partido socialista venezolano, deberán de revestirse de la capacidad necesaria para derrotar a ese gran enemigo como es el germen de la división y salir victoriosos frente a los nuevos retos y desafíos que se presenten.

La historia en la camina Dios con su pueblo avanza. Sadrac, Mesac y Abed-nego son un testimonio de que para Dios lo imposible no existe. Martí, Bolívar y Sandino son nuestros paradigmas que como estrellas luminosas se levantan. Fidel, Chávez y Daniel son nuestros líderes, cuyo ejemplo y pensamiento son un acicate para las nuevas generaciones. El plan de Dios, en el que el pueblo es sujeto de su historia avanza, no se detiene. Nos corresponde a nosotros hombres y mujeres - no a los ángeles- hacerlo realidad, para que la verdad triunfe sobre la mentira, para que el amor se imponga sobre el odio, para que la luz supere a las tinieblas y para que la VIDA triunfe sobre la muerte.

 

Rvdo. Miguel Ángel Casco González

Presidente de la Coordinadora Evangélica-CEPRES