No soy ni seré nunca partidario de la represión que con un sentido político se aplique a cualquier ciudadano por sus ideas porque contra eso luché y seguiré luchando, pero tampoco puedo o podemos caer en la trampa de quienes cometiendo delitos se declaren reprimidos, acosados o perseguidos cuando lo que descaradamente consumaron está tipificado en el código penal y eso no se puede dispensar de ninguna manera cuando la víctima es la sociedad y el país mismo.

Trato todos los días de mediar desde mi yo interno entre mi espíritu pacificador que quiere aportar en beneficio de la paz y la reconciliación y la demanda de justicia que invoco para que los crímenes de odio que se cometieron no queden impunes. Esa lucha por el establecimiento de la paz y el imperio de la justicia implica definir posiciones donde el interés nacional es más que cualquier afinidad por la amistad que puso existir, es más que cualquier gremialidad, es más que la tolerancia política y es más que la vaga interpretación del concepto democrático.

Venimos de meses atrás donde la perversidad inoculó algo nuevo que, a lo largo de nuestra historia, hasta antes del 18 de abril, no conocíamos y son los “crímenes de odio”. Un crimen de odio es cualquier agresión contra una persona, un grupo de personas, o su propiedad, motivado por un prejuicio contra su raza, nacionalidad, etnicidad, orientación sexual, política e ideológica, género, religión o discapacidad. Los motivos fundamentales por los que estos crímenes se diferencian de los ordinarios son los siguientes:

(1) la víctima tiene un estatus simbólico, es decir, no se le ataca por quién es sino por lo que representa.

(2) La intención de este tipo de violencia no es solamente herir a la víctima, sino transmitir a toda su comunidad el mensaje de que no son bienvenidos.

(3) En estos crímenes suelen participar múltiples agresores. Los crímenes de odio tienen efectos negativos tanto en la víctima, como en la comunidad a la que ésta pertenece y en la sociedad en general.

Partiendo de las características anteriores hay gentes que intelectualizaron, estimularon, ejecutaron y propagandearon, en clara apología del delito, muchos, pero muchos crímenes de odio que fueron cometidos creyendo que aquí no pasaría nada porque al poder llegaría un nuevo gobierno que sucedería al derrocado Daniel Ortega que habría huido junto con sus allegados y que ningún sandinista sería capaz de denunciarlos porque nadie de estos quedaría vivo pues el plan era quemarlos vivos a todos y eso fue algo que practicaron a vista y paciencia de algunos organismos que aquí dicen ser defensores de los derechos humanos.

Después de que la delincuencia común cometiera los crímenes de odio que hoy nos ocupa, a los que por su pinta diabólica pasan a ser de lesa humanidad, sus hechores quieren pasar de ser criminales del más oscuro inframundo, a perseguidos políticos que con identidades de “paladines” son perseguidos por una dictadura que les está arrebatando la paz.

Unas dos centenares de gárgolas mutantes, de cinco mil más o menos que participaron en el golpe contra el estado, ya están condenados y otros procesados por sus crímenes de odio, pero hay otras que obviamente están siendo investigadas y porque lo saben se declaran asediados, investigados y hasta delirantemente se ven tras las rejas y vestidos de azul porque saben lo que hicieron y el día que caigan y se los lleven detenidos, no secuestrados, será porque la policía dirá en conferencia de prensa, cuando los presenten ante las cámaras, que el animal es pardo porque los pelos de la mula los tendrá en la mano.

Hay otros delincuentes que cometieron crímenes de odio que por ahora no están en el país, se fueron huyendo, son prófugos de la justicia que se auto llaman exiliados y se marcharon porque sus socios, sus cómplices, los que cayeron antes que ellos y cantaron desde la “A” hasta la “Z” lo que hicieron, financiaron, ejecutaron y ordenaron para asesinar, torturar, quemar bienes públicos y privados, y a los que ubicaron en la escena de cada crimen cometido contra las madres a las que dejaron sin hijos, contra las esposas que se quedaron viudas y contra los hijos a los que dejaron huérfanos.

Cada una de estas fichas se proyecta desde los medios que dominan como perseguidos políticos y son en realidad criminales de lesa humanidad que se inventan mitómanamente sus propias persecuciones y si uno de ellos dice me detuvo la policía, como a muchos nos ha sucedido para ver si andamos nuestros documentos, entonces aparecen otros diciendo que también a ellos y si alguien lo quedó viendo mal, entonces a otros también los quedaron viendo mal y todo para crear una visión colectiva de súper líderes políticos que nunca fueron ni serán cuando en realidad son fracasados y vagos profesionales que por no ser capaces de ser felices ellos nos arrebataron a otros la felicidad y por eso en vez de ser castigados quieren ser premiados que al final es lo que reciben de cuatro obispos, a la cabeza de ellos Silvio Báez que le hicieron un daño irreversible a la iglesia católica lo que debe traducirse también como un crimen de odio contra los asuntos de Dios porque algunos que se dicen pastores enfundados en obispados que no merecen lo que hacen es santificar el asesinato, la mentira y la destrucción.

Hay individuos aquí que juegan a ser valientes con el dolor ajeno. Son instigadores de la maldad que calcularon mal lo que hicieron y como nada les salió bien y se vieron en un callejón sin salida, atrapados en sus propias mentiras, en vez de reconocer su error, insistieron en su proclama de odio y todo lo malo que fue al comienzo se volvió más perverso después y ahora lamentablemente se ganaron el odio de muchísima gente que los quiere ver presos, pagando por sus crímenes de odio, porque siguen en las mismas como si el mal causado fuera de poca monta.

Ahora de qué les sirve llorar, ahora de que les sirve victimizarse y ahora de que les sirve vociferar desde afuera si la inmensa mayoría de este pueblo no tiene por ellos una sola pizca de lástima. Seguramente les vendría bien un poco de humildad y pedir perdón públicamente por lo que han hecho, pero eso es pedir demasiado porque creen que al contar con el padrinazgo imperial internamente son intocables, no sé hasta donde pueda ser eso tan cierto, pero de lo que sí puedo estar seguro es que de la justicia divina nadie está exento menos cuando las fechorías se comenten en el nombre de Jehová el Dios de los ejércitos pues últimamente ha sido citado por un ensoberbecido dueño de medio que estoy 100% seguro que fue embaucado en una aventura pinguinezca que presionado por sus propios infiernos huyó, pero dejando a sus socios ahogados en sus propias mentiras.

 

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.