Estados Unidos, la mayor potencia económica y militar del mundo, no tiene la mínima autoridad moral para acusar a Nicaragua de ser una amenaza para sus intereses en la región.

A lo largo de su historia, Nicaragua ha sido una de las naciones subdesarrolladas de América Latina más agredidas por Estados Unidos, la principal nación violadora de los derechos humanos del planeta, debido a su política injerencista, intervencionista y expansionista.

Los yanquis promovieron la intervención extranjera en Nicaragua y siempre resultaron derrotados.

Entre estas La guerra de los filibusteros encabezados por William Walker; la que promovieron contra los héroes nacionales Benjamín Zeledón y Augusto C. Sandino, a quien ordenaron asesinar en los años treinta; la guerra de agresión, bloqueo económico y comercial en la década de los ochenta cuando gobernó el Frente Sandinista.

Ante esa penúltima agresión, el gobierno de Estados Unidos fue condenado por el máximo tribunal internacional de Justicia de la Haya, que lo sentenció a pagarnos una indemnización de 17 mil millones de dólares por poner en práctica del terrorismo de estado contra Nicaragua, al minar nuestros puertos, pero a la fecha se rehúsa a cumplir con esa deuda.

Ridículos, no han aprendido de sus errores

Desde el pasado 18 de abril el imperio yanqui echó a andar un plan perverso y macabro para desalojar del poder al gobierno sandinista, con la colaboración plena de sus lacayos criollos, quienes fracasaron en el intento, pese al derroche de plata proveniente de los impuestos de los ciudadanos estadounidenses.

El fracaso de los golpistas nicas, obligó a los yanquis a revelarse como los financistas y autores intelectuales del fallido golpe de estado contra el presidente Daniel Ortega y ejecutaron su plan B: aplicar sanciones a funcionarios públicos y a Nicaragua, bajo el pretexto que somos una “amenaza” para la nación más poderosa del universo. Ni ellos mismos se creen su cuento.

Aprendan de las lecciones que les ha propinado este pueblo valiente, digno, trabajador y aguerrido.

Ustedes yanquis que se creen los dueños del mundo, son quienes amenazan a todos con sus estúpidas políticas terroristas, guerreristas e intervenciones.

Estados Unidos se autodenomina paradigma de la democracia mundial, no obstante, provoca guerras, invasiones, primaveras árabes, golpes de estado suave o blando, bloqueo económico, financiero y comercial, lanzan bombas atómicas y gases venenosos contra la población civil en países considerados desafectos a posiciones políticas.

Negocios altamente lucrativos

Las guerras tienen varios propósitos para los gringos.

Primero promueven las conflagraciones para impulsar la venta de armas que constituye una de sus principales industrias; desalojar del poder a gobernantes antiimperialistas; y que sus empresas obtengan millonarios contratos para la reconstrucción de las naciones que ellos mismos destruyeron.

Clásicos ejemplos se pueden observar en Egipto, Libia e Irak, en éstas dos últimas resultaron arrasadas y sus gobernantes asesinados por los “democráticos”.

Otros ejemplos de intervenciones sucedieron en Afganistán y Siria.

Simultáneamente en América Latina, han promovido encarcelamientos, persecución política y golpes de estado contra líderes progresistas como Dilma Rousseff en Brasil, destituida ilegalmente; o su antecesor Inacio Lula Da Silva, preso injustamente.

En tanto, en Paraguay patrocinaron un golpe de estado contra el presidente paraguayo Fernando Lugo, y en Honduras destituyeron y desterraron temporalmente a su presidente Manuel Zelaya.

Pagarán el precio de su torpeza

La aprobación yanqui de sanciones a Nicaragua se revertirá en su contra, porque significará más pobreza, desempleo, hambre que afectará a miles de centroamericanos y por ende derivará en mayores niveles de delincuencia, aumento del narcotráfico y migración forzada del istmo hacia Estados Unidos, superior a la que ocurre actualmente con hondureños y salvadoreños, reprimidos a sangre y fuego por los “defensores de los derechos humanos”.

Despierten idiotas Los sirvientes locales empezaron a celebrar el injerencismo de su amo yanqui porque suponen que no les afectará.

Los yanquis nos llevarán en el saco a moros y cristianos, y les valdrá un comino que ustedes hayan servido o apoyado el fallido golpe de estado, pues Estados Unidos no tiene amigos sino intereses.

Siento decirles a los terroristas golpistas que sufrirán las consecuencias de sus irresponsables actos contra el pueblo de Nicaragua.

En cambio, los sandinistas estamos acostumbrados a las adversidades que nos ha impuesto el poderío gringo y de hambre no nos moriremos.

Juntos lucharemos por nuestro país.