Justin, un robot humanoide presentado en la Feria de Hannover 2013, sabe moderar la fuerza de sus articulaciones para ejecutar las operaciones más diversas, incluyendo oficios que ameritan delicadeza y habilidad manual.

Justin no es una criatura extraterrestre, pero cabe decir que, en su interior, lleva los genes de un pionero de la astronáutica: el padre de este robot era un brazo mecánico que se expuso durante cinco años a la radiación cósmica para ejecutar las operaciones más diversas en el exterior de la Estación Orbital Internacional (ISS). Investigadores del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) crearon a Justin y a su familia para evitar que los astronautas tuvieran que abandonar la seguridad de sus naves con tanta frecuencia.

“Abandonar la cápsula que habita la tripulación para cumplir tareas en el espacio es una experiencia tan maravillosa como peligrosa: cada excursión demanda mucha preparación porque ponerse el traje espacial no es fácil; todo eso es muy estresante para los cosmonautas”, asegura el informático Daniel Leidner, del Instituto de Robótica y Mecatrónica adscrito al DLR de la ciudad bávara de Oberpfaffenhoffen. Este experto supervisa la programación de Justin, quien acaba de ser presentado en la Feria de Hannover 2013.

Un robot más autónomo

Sus fabricantes confían en que Justin podrá cumplir misiones que ameritan delicadeza y habilidad manual, tanto en cuerpos celestes o regiones distantes de la Tierra, adonde sólo llegan las sondas espaciales, como en zonas de nuestro planeta que estén contaminadas por productos químicos o radiación nuclear. Los técnicos se proponen configurar al robot para que no todas sus acciones deban ser dirigidas por sus operadores: tras recibir una orden, Justin debería poder controlar los procesos y movimientos que le permitan ejecutarla.

En la Feria de Hannover, la exhibición industrial más importante del mundo, Justin recibió un encargo más sencillo para que lo cumpliera de manera autónoma: lavar una ventana. Daniel Leidner le informó qué cristal debía limpiar y le indicó los instrumentos que podía usar para ello. Luego, el robot se acercó a la mesa sobre la que se encontraban los utensilios de limpieza, “reflexionó” por un momento, tomó un limpiaparabrisas, se acercó al cristal en cuestión y lo lavó. “Fue Justin quién decidió cómo lavar la ventana”, aclara Leidner.