La lucha por la conservación del medio ambiente y los derechos de la Madre Tierra ha sumado nuevos adeptos en Nicaragua. Miles de familias campesinas que viven en la zona seca del país, donde las condiciones varían en extremo debido al impacto del cambio climático, están desarrollando buenas prácticas de producción y conservación del ambiente.

Tras décadas de deterioro ambiental de los suelos y contaminación de los recursos hídricos, sus labores productivas se acompañan ahora de una visión integral centrada en la conservación de los recursos naturales, la producción sostenible de alimentos y el cuido de la madre tierra.

Los esfuerzos del gobierno sandinista, que estimula el desarrollo de nuevas tecnologías y cambios de actitudes a favor del ambiente en los productores, a través de instituciones como en Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (Inta) y el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), han tenido buena acogida en el rural nicaragüense.

Los campesinos y campesinas se convirtieron en promotores de su mismo desarrollo, reconocen la importancia de recuperar el equilibro entre la tierra y los seres vivos. Tierra que provee alimentos y vida, frente a la destrucción ocasionada por el hombre y su sed de poder y dinero.

La conservación de suelos y agua, la producción sostenible de alimentos orgánicos y el cuido en general de los recursos naturales no se podrían hacer sin el desarrollo de conocimientos y valores, mismos que han transformado a las zonas rurales en modelos integrales de desarrollo de las personas, las familias y comunidades.

Nueva agricultura: conservación y producción sostenible

Cerca del lago de Apanás en el departamento de Jinotega, centenares de pequeños productores hortícolas y de granos básicos implementan un conjunto de tecnologías para conservar los suelos y producir alimentos sanos, contrarrestando el uso de químicos.

Con el apoyo del Inta, numerosas familias campesinas lideradas por hombres y mujeres han mejorado la producción de alimentos en la zona seca, donde por lo general durante el verano las cosechas se ven afectadas por la escases de agua o mermadas por el ataque de plagas.

En la parcela de Rubén Hernández, en la Comunidad Chagüite Grande, cientos de productores y productoras del departamento de Jinotega han aprendido a usar diferentes tecnologías como la construcción de barreras vivas, barreras muertas, diques y reservorios para retener suelos y agua, que incrementan la capacidad de la tierra para conservar sus nutrientes y producir variedad de alimentos.

“En esta parcela tengo 25 tecnologías, tengo 15 productores a los que se les está dando seguimiento, en la parcela de ellos también tienen tecnología aplicadas. Con estas tecnologías hemos venido a mejorar la alimentación de la familia como de los habitantes de esta zona y de la gente de la ciudad. Estamos produciendo con agricultura sostenible con el objetivo de brindar al consumidor productos sanos y de calidad”, asegura Rubén, orgulloso de su parcela.

“Tenemos curvas a nivel con barreras muertas de piedra, diques de contención hechos de piedra, barreras vivas de valeriana asociada con madera. Esto permite que no haya erosión del suelo. Las plantas se desarrollan con eficacia. Asociamos con madera porque estamos contribuyendo a la lucha contra el cambio climático. La madera nos sirve para leña, oxígeno y nos da abono. Lo diques se construyen para que no haya arrastre de suelos. Son diques de piedra, donde el suelo va quedando contenido y al largo plazo podamos tener un suelo fértil”, explica.

Según Rubén, antes de poner en práctica las tecnologías para conservar el suelo, la producción de alimentos en su parcela era baja. “No teníamos rendimiento de la producción, ahora los rendimientos que tenemos en la parcela son excelentes”, comenta.

Ahora la realidad ha cambiado, además de proteger el recurso suelo, los pequeños productores y productoras también han adquirido conocimientos para producir alimentos orgánicos, que no son perjudiciales para la salud gracias a que en su proceso de producción no se utilizan fertilizantes o insecticidas químicos.

El productor Serafín Gómez, dueño de otra parcela que produce hortalizas como lechugas y repollos, comenta que durante años utilizó agroquímicos en sus cultivos. “El uso de agroquímicos me generaba mayores costos de producción, además que los alimentos producidos de esa manera no son completamente sanos”, indica Serafín.

Luego de conocer la experiencia del uso de fertilizantes e insecticidas orgánicos y controladores biológicos, Serafín asegura la aplicación de los mismos da buenos resultados en las plantaciones, añadiendo que no se afecta al medio ambiente.

“Año con año la tierra se va enriqueciendo más. Hay más producción, más alimento para la tierra y más alimento para nosotros. Alimentos sanos”, comenta satisfecho.

Los fertilizantes, el lombrihumus y repelentes orgánicos que los productores preparan a partir de insumos que se encuentran en sus fincas, contienen todos los minerales y nutrientes que requieren las plantas para su desarrollo. Además el costo de producción es económico.

Según comentan los productores, los materiales que se usan para su elaboración se encuentran en sus fincas y su uso representa un ahorro de hasta un 80% respecto a la utilización de agroquímicos. “Los resultados son positivos, lo hemos comprobado por eso estamos aplicando esta tecnología”, aseguran.

Luis Castillo, técnico extensionista el Inta en Jinotega, comenta que los pequeños agricultores de la zona de Chagüite Grande, como de otras comunidades, están contribuyendo al cuido de la madre tierra y los recursos naturales.

“Ellos han cambiado su manera de producir que era tradicional utilizando químicos que dañan el suelo. Además estaban gastando dinero, pero ahora minimizan los costos ya que estas tecnologías son fáciles de elaborar, son orgánicas y baratas. Ellos han visto que sirven y que son buenas”, explica Castillo, detallando que unos mil 500 productores están aplicando esas tecnologías para conservar los suelos, el agua y producir sosteniblemente alimentos sanos para las familias nicaragüenses.

El ojo de agua tiene vida

De Jinotega a Estelí hay una gran distancia, pero las prácticas de conservación de suelos y agua se han extendido por toda la zona seca.

En la comunidad Las Orquetas, del departamento de Estelí, 55 familias que vivían en condiciones precarias y de riesgo, desarrollaron junto al Marena una importante experiencia que les permitió mejorar sus condiciones de vida. Su misión principal es proteger la tierra para conservar el agua.

Situada en la altura de los cerros, la comunidad Las Orquetas carecía de un suministro de agua segura que sumado a la falta de energía eléctrica y caminos dificultaba la vida de la comunidad.

Pero ahora los pobladores cuentan con un suministro peramente de agua todo el año. Byron Altamirano, líder comunitario, explicó que desde la organización comunitaria en los gabinetes de la familia y juventud sandinista, los pobladores se dispusieron a conservar mejor el recurso agua.

Con el acompañamiento de varias instituciones del gobierno, desarrollaron un sistema de abastecimiento que incluye lavanderos públicos, letrinas, piletas para aguar el ganado y la fuente de agua segura para abastecer a la comunidad.

Como parte de los esfuerzos para mantener viva la fuente de agua, se ha conformado un equipo de 14 productores para arborizar la zona. Por su parte las mujeres asumieron el compromiso de mantener patios diversificados con árboles frutales e implementar técnicas de conservación de suelos y agua, además de hacer buen uso de las cocinas y hornos mejorados que disminuyen el consumo de leña para la preparación de los alimentos.

Pero con el apoyo de Marena y su proyecto llamado “Proyecto Integrado de Manejo de Cuencas Hidrográficas Agua y Saneamiento” (MARENA- PINCHAS) también otras comunidades como Namanjí, cuyo nombre significa “el ojo de agua tiene vida”, han desarrollado experiencias exitosas en cuanto al manejo de los recursos naturales.

José Ramón Herrera, líder comunitario de Namanjí, relató que durante años en su comunidad vivieron en una situación de riesgo debido a las inundaciones a las que están expuestos y a la contaminación de las fuentes de agua.

Con el apoyo de Marena Pinchas, fue construido un pozo para el abastecimiento de agua en la comunidad, sobre todo en verano cuando la sequía se prolonga.

Acompañado de varios representantes de la comunidad, que tienen la tarea de mantener limpio el pozo y vigilar que no se destruya el medio ambiente, José explica que los pobladores han entendido el valor que tiene tomar el agua limpia y saludable.

“Aquí se han hecho jornadas de reforestación. Aunque lamentamos algunas cosas que suceden con la naturaleza. Sabemos lo importante que es la naturaleza, porque sin la vegetación y los arboles no hay agua, las aguas se van”, comenta.

Desde una visión teológica, José Ramón valora que en general los seres humanos “estamos mal administrando lo que Dios nos ha dado. Dios puso al hombre en el jardín del Edén para administrar, peo hoy estamos faltando a ese compromiso con Dios. Hoy estamos destruyendo la naturaleza. Hagamos conciencia porque no estamos administrando lo que Dios nos dio. Actuar contra la naturaleza es actuar contra nuestra propia vida”, asegura y agrega que todos “debemos unir esfuerzo para cuidar a la naturaleza que también es criatura de Dios”.

Mujeres realizan esfuerzos para revivir las fuentes de agua

Siguiendo más hacia el norte, en el municipio de la Concordia, departamento de Jinotega, el Proyecto Marena Pinchas, unió esfuerzos con la cooperativa de mujeres “Blanca Arauz”.

Ahí 75 madres de familias, pequeñas productoras organizadas, iniciaron trabajos de conservación de las áreas de bosques, fuentes de agua y recursos naturales de los que disponen, en una zona donde la variabilidad climática es extrema, con temperaturas altas, veranos agresivos, sequías y eventos lluviosos extremos, tal como se presenta en los 63 municipios de Nicaragua que conforman el corredor seco.

En sus viviendas, cada productora cuenta con una hornilla mejorada que consume menos leña al cocinar los alimentos. Las mujeres están conservando las micro cuencas, sembrando árboles para proteger las fuentes de agua y diversificando sus patios para mejorar la nutrición de sus familias.

Fidelia Maldonado, vicepresidenta de la cooperativa Blanca Arauz, explica que durante 5 años las mujeres han incrementado sus ingresos económicos y se ha mejorado el manejo ambiental en las comunidades.

“Hemos trabajado en patios integrales, hornillas mejoradas, cerdos, palos frutales, obras de conservación de suelos, reforestación en áreas riparias, quebradas y ojos de agua. También instalamos bosques bioenergéticas que reduce la presión del corte de leña para el uso doméstico. En la parte ambiental las familias no usan demasiada leña, en la parte de salud se evitan muchas enfermedades en la familia, como neumonía y problemas de la vista”, explica Maldonado, quien además hizo un llamado a otras comunidades para que pongan empeño en la conservación de la madre tierra.

Los técnicos del programa consideran que el trabajo desde el hogar, la comunidad y el municipio es la ruta que ha garantizado el éxito del proyecto que abarca a unas 7 mil familias comunitarias de 17 municipios que atiende.

El proyecto, tal como fue concebido, tiene una visión integradora en la gestión de cuencas que trabaja con los protagonistas del hogar para que tengan buenas condiciones higiénicas y sanitarias.

De ahí trasciende a los patios, poniendo en práctica la diversificación de cultivos, conservación de suelos, buenas prácticas productivas, reducción de uso de agroquímicos y promoción de prácticas amigables con el ambiente, hasta llegar al nivel de la microcuenca y la cuenca, con la planificación de los sistemas de agua, planes de manejo ambiental a nivel municipal y acciones de educación.

El proyecto abarca un área aproximada de 5 mil 400 kilómetros cuadrados donde se ha detectado mayor sensibilidad ambiental y social.

Sus componentes están relacionados con el esquema de la reducción de la pobreza, seguridad alimentaria, adaptación al cambio climático, obras de mitigación a nivel de las parcelas y desarrollo económico local.