Qué triste y doloroso saber cómo la sangre de tu propia sangre, estimulada por la intransigencia, impuso que el amor entre hermanos, primos o tíos se determina en función de la uniformidad de pensamientos. Es decir, yo te amo y te quiero en la medida que tengas mi misma visión, de lo contrario no quiero saber nada de vos.

Muchas familias han sido divididas porque el irrespeto a la convicción ajena resultó ser más poderoso que el amor que se tenía y así las cosas los que están cómodamente en Miami, donde reside una gran parte de nuestros compatriotas, en aire acondicionado, muy lejos de un ambiente como el que vivimos aquí, sin el más mínimo riesgo por la suerte de sus vidas, cada quien desde sus propias trincheras en Facebook, creyendo solo lo que les conveniente, a la hora de poner en la balanza del juicio la seguridad de sus “seres queridos” en Nicaragua y el pensamiento político que tienen, es más importante para ellos saber qué bando uno apoya para así determinar su grado de “amor y cariño” hacia tu persona.

Hay muchas cosas que suceden en el país que duelen profundamente y los que tenemos espíritu de pacificadores hacemos lo propio por volver a la normalidad predicando contra la violencia y lo hacemos sin que los críticos desinformados, donde incluyo a los propios familiares, lo comprendan, sin embargo, es amablemente grato enterarte cómo desde la relativa distancia los que sí te quieren sinceramente, aun confesándote que no comparten lo que haces, pero que se toman la delicadeza, que solo el amor puro genera, de llamarte y preguntarte cómo estas y te dicen “me siento preocupado por vos”.

Me duele la muerte de cada uno de mis compatriotas, me duele la destrucción que hicieron a mi país, me entristece la violencia y cómo el odio quiso asesinar la paz y por eso haré lo que tenga que hacer para convertirme en un grano de mostaza por la pacificación total de mi patria en la que me quedo, en la que nos quedamos todos, para morir en ella con la conciencia tranquila por haberle servido y continuaré en ese propósito llamando a la sensatez, aunque hayan seres queridos, repito sangre de mi propia sangre, que sin tener la menor idea de saber lo que es ser calumniado y vilipendiado o de estar amenazado de muerte se suman a los que sin haber movido un dedo por esta nación te crucifican hirientemente sin razón y sin argumento.

Para aquellos que se ven en este espejo es conveniente saber que la opinión de los demás es importante. La opinión del vecino de al lado lo es. La opinión del vecino del frente también. El de al lado puede decirme que lo que hago está bien, pero a lo mejor no es así. El del frente podrá llegar a decirme que lo que hago está mal, pero a lo mejor está bien. Al final quien debe determinar si lo que haces es bueno o malo es tu propia conciencia porque esa nunca te engaña y aunque siempre en tu libre albedrío puedas tratar de tomar el mal camino, el costo a pagar es la suma de la suma de tus errores y yo no creo que hablar en beneficio de la vida, de la paz, de la reconciliación, y del cambio para tu país represente ir por la senda equivocada.

Esos seres queridos que viven en Miami, en Costa Rica o en cualquier otro lugar y que ahora son parte de la enorme polarización que nos divide creen que solo ellos están sorprendidos por la Nicaragua de hoy tenemos, o asustados por el grado de violencia que se desató. Sin embargo, no es lo mismo ver una realidad desde afuera que vivirla aquí. Desde allá cualquier visión está adulterada más si el cristal con que se ve es el de las redes sociales donde la verdad es mentira y la mentira verdad. Desde allá es fácil desgarrarse las vestiduras como muestra de dolor, pero desde aquí hay dos extremos con los que lidiar porque lo que está planteado es entre la vida y la muerte, entre la guerra y la paz, entre el pasado y el futuro, entre el orden y el caos, entre la democracia y la anarquía y aquí hay quienes pensamos que el camino para que se haga lo correcto es el diálogo entre la población, en el barrio, en los sindicatos, en la empresa, en el colegio, en la universidad o en cualquier parte donde esté el problema y que no está en el radar de quienes desde afuera, como franco tiradores te fusilan porque ellos creen que lo que se impone es borrar al sandinismo acabando con cada persona, con cada símbolo que lo represente, como si no fueran nicaragüenses, como si no fueran seres humanos, como si no sumaran cienes de miles de personas que juntas son una realidad monumental que debe ser respetada como respetada debe ser la otra parte que no piensa igual a los rojo y negros, aunque ahora sean puchitos imperceptibles.

Qué triste en tiempos contemporáneos la existencia de la discriminación o del apartheid por razones ideológicas y más en la familia porque en ella nacimos, en ella crecimos, en ella reímos y lloramos nuestras vivencias y ella es un almacén de sabores dulces y amargos que no están supuestos a descomponerse por discrepancias políticas.

Despolarizarnos fue una decisión que ya habíamos tomado para aprender del desacierto que la intolerancia impuso en nuestros hogares o dentro del círculo de nuestras amistades. En ese aprendizaje nos dimos cuenta de que el respeto tiene un precio muy elevado y que pagar por él fue un proceso reconciliador de años que representó armar con mucha delicadeza y paciencia el rompecabezas que la enemistad quebró cuando la descalificación y la política invadieron el habitad familiar.

La familia es el primer ámbito social del ser humano, donde se aprenden los primeros valores, principios y nociones de la vida. Es un grupo social con una base afectiva y formativa, donde conviven personas unidas por lazos de amor. La familia se distingue ciertamente por los apellidos y no importa donde estemos los Pastora siempre seremos los Pastora de la misma manera, los López, los Castro, los Tenorio y los Sánchez seguirán siendo lo que son y lo menos que debería cambiar en las familias, es el amor por culpa de la política porque el tiempo siempre se encargará de poner las cosas en su lugar, de volver a reacomodar las circunstancias y es cuando siempre terminamos entendiendo que ningún ignoro o frialdad valió por efectos de la política. Nunca será correcto que por asuntos políticos recriminemos o mal tratemos a un ser querido.

Debemos los nicaragüenses involucrarnos en rescatar el amor en nuestras familias. Debemos apartar de nuestra mesa, de nuestras conversaciones y de nuestros encuentros la distancia que impone la política y por el bien de la nación y de los que vienen detrás de nosotros, a los que entregaremos la antorcha. Debemos hacer un esfuerzo mayor para comenzar a entendernos desde el núcleo de la sociedad porque solo los sordos de corazón no escuchan los gritos de la Nicaragua que lo pide, nada más y nada menos que nuestra propia patria.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.