Hay gentes que ya eran famosas antes del 18 de abril por su conocida capacidad de negación sobre cualquier tema que representara seguridad, estabilidad, desarrollo, paz, reconciliación, democracia, derechos civiles y otros temas que fueran propios de la atmósfera política que también respirábamos otros y que siendo una inmensa mayoría saludábamos positivamente porque así crecía el país y así crecíamos los ciudadanos.

Los que en el otro polo llamaban represión al orden, desorden a la estabilidad, pobreza al desarrollo, violencia a la paz, hipocresía a la reconciliación, dictadura a la democracia, esclavitud a los derechos civiles y muerte a la vida, lo hicieron siempre por cualquier medio sintonizado en la línea de su misma negatividad y no solo se expresaban, sino que hacían actos, manifestaciones en muchas modalidades y nunca se les reprimió por eso y jamás cayeron presos por eso.

Después del 18 de abril siguieron haciendo lo mismo, pero ya no como políticos, desde diferentes siglas, sino como cabecillas de un golpe contra el estado, en el que ya sabemos qué pasó y qué hicieron y muchos de esos, muy connotados, que aún están por acá, andan tranquilos por las calles gozando de la anormalidad del país, en restaurantes, en cantinas, en centros comerciales o en otros lugares sin que nadie les haga nada.

Hay otros, sin embargo, que sí están presos con procesos abiertos o condenados y la gran mayoría de ellos son pobres personas que fueron empujadas por la mentira a tomar una decisión irracional y equivocada, estimulados por la paga, a ejecutar actos criminales y delictivos por los cuales están pagando.

Todos debemos tener claro que todo estado en salvaguarda del interés nacional y de sus ciudadanos tiene una guía que se llama marco jurídico que tipifica y castiga los delitos en los que consciente o inconscientemente podemos incurrir sin que exista espacio para argumentar desconocimiento de la ley y, en consecuencia, si las hice debo ser penalizado porque la ley es dura, pero es la ley.

Lo anterior lo manifiesto porque hay quienes después de venderse, como los John Rambo, los que, en la parte más tenebrosa del golpe terrorista contra el estado, salían “coordinando” acciones como si fuesen “comandantes” de una pretendida insurrección que duró lo que una mazorca de maíz en las tapas de un chancho, pero que después que todo aterrizó y se liberó al país del secuestro que le impusieron, entonces decidieron huir, con todos los delitos que tienen encima, a vivir de un dorado autoexilio, mientras aquí quedan tras las rejas quienes creyeron en sus mentiras y de los que solo se acuerdan para mencionarlos en sus ruedas de prensa en el exterior donde viven una vida palaciega.

Yo viví el destierro en la década de los ochentas, sé lo que es estar en un país que no es el tuyo, donde te das cuenta que para unos el exilio es dorado y para otros negro, donde hay dirigentes que están en la misma condición tuya solo porque están en el mismo país pero los “dirigentes” tienen buenas casas, tienen un estatus legal y migratorio de asilado político, tienen buenas asignaciones, viajes a otros países para conspirar desde la suntuosa comodidad de grandes hoteles, gastos de representación, vehículos con choferes y hasta guardaespaldas, de estos conocí a muchos, unos ya muertos y otros todavía vivos, que se daban la gran vida a nombre de los combatientes de la “contra” y era tan buena aquella vida, que ni la que hoy viven es mejor que aquella.

Yo conocí el destierro de la otra cara, la del refugiado, la del clandestino, la del que tenía que vivir hacinado en una casa de seguridad pequeña en las afueras de San José donde habíamos hasta 40 combatientes que iban y venían hacia el Río San Juan y qué como delincuentes, hambrientos y enfermos entraban y salían por las madrugadas, o sino en las pensiones de octava de donde al menos cinco veces fui llevado preso por la OIJ para escuchar de los carceleros tiquillos frases tan lacerantes que reducían tu dignidad a la condición de cucarachas. Muchas veces tuvimos que pasar días en aquellas ergástulas porque los que estaban cómodos en su exilio dorado, en sus oficinas alfombradas con aire acondicionado, no tenían tiempo para tramitar nuestra libertad.

Traigo esto a colación, que es parte de la lucha que por la libertad de este país hicimos muchos, que nunca hemos pedido ni un palmo de tierra para que nos sepulten, pues es la fecha y ni casa propia tenemos, porque se hizo en este fin de semana pasado en Washington, un encuentro que me provocó por un lado risas, pero por otro también, indignación y al que denominaron “ENCUENTRO DE LÍDERES MUNDIALES DE NICARAGUA”.

En la capital norteamericana convergieron los cabecillas del golpe terrorista que contra nuestro estado propinaron en los tres meses posteriores al 18 de abril con los diabólicos y aterradores resultados que ya conocemos y que no terminan de impactarnos porque francamente nada valió para tanta saña y maldad.

Varios de estos malos nicaragüenses, que se han declarado exiliados, convertidos por el imperio en embajadores itinerantes de la mentira que han hecho de nuestro país y otros que desde aquí siguen haciéndole la guerra a la dictadura que les permite todo tipo de locuras, se dieron cita, para seguir desesperadamente afectando la imagen de Nicaragua y aunque solo les hizo falta que se les sumaran Silvio Báez, Juan Abelardo Mata y Rolando Álvarez, es previsible suponer que cada uno de ellos desde sus cuarteles, sus templos, moralmente bendijeran cada agresión contra Nicaragua porque es claro el rol político que bajo la protección de sus sotanas decidieron modelar ante una sociedad que como consecuencia dejó de asistir a las iglesias.

Los rostros de quienes participaron en ese encuentro de “LÍDERES MUNDIALES DE NICARAGUA” concepto por demás arrogante, atrevido y fantasioso, porque se creen más que el firmamento, extremadamente desproporcionados y autocolocados en un nicho que nadie les ha conferido, ya los conocemos y no voy a  mencionar sus nombres porque ya los conocemos y sería darles más raid gratuitamente, pero sus mentiras, sus patrañas y amenazas, sí chorrean sangre, primero porque no hay absolutamente nada que las justifiquen y segundo porque surgen de un financiamiento criminal que para ellos representa andar de payasos diciendo desde la Torre Eiffel que sufren por el país, pernoctando sacrificadamente en hoteles de 7 estrellas mientras andan de país en país llevando cada quien su dosis de veneno para calumniar la patria con la que trafican o igual,  los que aún están aquí y salen al exterior viajando en primera clase para de paso disfrutar con los jugosos viáticos y consistentes mesadas en lujosos restaurantes, centros turísticos y discotecas o cualquier lugar que les represente liberar el estrés que la lucha por el poder, no importa qué tan inconstitucional y criminal sea, les cause.

Mientras todos estos disfrutan la dolce vita hasta acompañados de sus conyugues para que no se sientan afectados por la soledad de la Venecia, italiana, del restaurante giratorio en la cúspide la torre Eiffel o viendo un partido del Real Madrid en Santiago Bernabeu, aquí hay presos olvidados a los que no apoyan ni con un cigarro.

Mientras estos viajeros, a costo de la tragedia que provocaron a Nicaragua, y que de “líderes” solo tienen el mote, llevan sus mentiras a Washington y de vuelta vienen con la paga que reciben para seguir destruyendo el país sin que la dictadura les diga nada, aquí están las esposas, los hijos y las madres de cada de uno de esos presos, que ya no llevan el pan nuestro de sus días a quienes están muriéndose de hambre y ninguno de ellos, de esos empresarios que se metieron a políticos, ni ninguna de esas vividoras de los Organismos No Gubernamentales, ni ninguno de esos periodistas y comentaristas que juegan a independientes, se han dignado ni siquiera a dar una palmadita en la espalda a quienes sufren por esos presos que fueron entotorotados para que incurrieran en delitos por los que hoy están pagando.

“ENCUENTRO MUNDIAL DE LIDERES NICARAGÜENSES”, increíble, como popularmente se dice la sacaron del estadio. Es decir fue una cita planetaria entre lo mejorcito de un país tan pequeño como el nuestro y que nosotros no sabíamos que existían, porque hasta donde yo sé, ninguno de esos que aparecen en calidad de cuatro pelados, presidiendo una mesa frente a un auditorio, que con toda seguridad habla más inglés que español, hicieran algo, aunque sea una cosa, como por ejemplo ser seguidos por una auxiliar de la casa, como para asimilar que ahí había un solo líder, porque ni todos ellos juntos, hacen la mitad de uno, aunque sí debo decirlo que aquello estaba más cercano a un encuentro del Estado Islámico.

Ser un líder es tener valores y principios sólidos y entre ellos lo único que hay es arrogancia, figuración e interés personal.

Un líder debe generar confianza para saber dónde va y hacia donde nos lleva y estos son traficantes de la mentira en medio de un mercado persa.

Un líder hace que los demás se sientan importantes y valorados, pero estos degradaron el desarrollo del país y del ciudadano con lo que hicieron.

Un líder tiene que lograr que todos y cada uno estén fuertemente comprometidos con el mismo objetivo y estos lo que hicieron se coludieron con el interés extranjero para tratar de hundirnos eso nunca pudo ser un objetivo del nicaragüense.

Un líder tiene que ser cercano, ser uno más, no estar por encima del resto sino a su lado y estos lo que hacen es dispersar a la gente porque nadie que tenga sentido común quiere estar cerca de ellos.   

Un líder fomenta la unión de todos los integrantes y les hace ver que juntos son mucho más fuertes, pero aquí estamos frente a un monstruo de varias cabezas que se muerden entre sí en un afán eminentemente protagónico.

Un líder debe dar ejemplo y ser el primero en exigirse a sí mismo, pero estos no, estos lanzan a otros a morir por ellos y cuando la ven venir huyen cobardemente al imperio.

Un líder debe tener la capacidad de tomar decisiones complicadas en los momentos difíciles o claves, pero no saben ni cómo se llaman y solo hacen lo que les dice Washington.

El líder deberá hacerse responsable de las consecuencias que provoquen sus decisiones y sus actos y si se equivoca asumirá el error, pero estos quieren marchar por la libre, sin pedir permiso para hacer cualquier cosa sin asumir sus actos.

Un líder debe saber cómo motivar a los demás, pero estos lo único que inspiran es lástima y pena ajena porque además de que no saben cómo se llaman, lo que generan es vergüenza porque desgraciadamente nacieron aquí.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.