El gerente administrativo de las cámaras empresariales que se aglutinan en el COSEP en representación del gran capital, aunque en realidad los que en ese gremio la mayoría son solo empresarios de maletín, aunque sí empleados de algunas familias millonarias, dijo muchas veces en programas televisivos en los que participé como panelista, que ellos de ninguna manera podían hacer lo que le correspondía a los partidos políticos porque su rol, su papel, era el de hacer negocios y contribuir al crecimiento del país.

Por supuesto que coincido plenamente con esa visión porque cuando los millonarios o sus delegados en calidad de empresarios creen que pueden decidir en política, solo porque tienen más billetes, en representación de la gran mayoría que no los tiene, entonces la cosa cambia porque una cosa es saber qué hacer con el billete y manejarlo desde un concepto muy numeral y otra es saber qué hacer con una nación que no es un banco sino una ferretería llena de problemas donde la prioridad no es el capital sino el interés humano.

Donald Trump el más connotado millonario metido en política en el mundo y además el presidente de la nación más poderosa del planeta por ahora tiene a Estados Unidos en caída libre, decadente, odiado, en crisis, con una democracia que solo él se cree, y en su conjunto, un imperio en decadencia.

La propuesta de Trump para hacerse del poder fue: “Tengo suficiente dinero y, por lo tanto, no voy a robar o aprovecharme de mi posición de poder; soy persona de hechos, no de palabras” y, finalmente, “los políticos no saben resolver problemas ni saben de finanzas, gerencia e innovación”. Este discurso se llenó de aparentes razones para ganar una carrera electoral, pero en la concreta hoy el “Peloemaiz” está más gritón, prepotente, loco y ofensivo que nunca porque los números no le cuadran y mientras el pueblo norteamericano tiene otra idea de él, desde afuera el mundo lo ve como un peligro para la humanidad pues ha llegado a creerse, desde su particular imperio económico, un emperador que desde La Casa Blanca puede decidir lo que otras naciones pueden o no hacer y eso lo que ha generado es la formación de frentes en su contra.

Traigo a colación esta antinomia entre la visión del empresario y del político, tomando como referencia a Donald Trump, porque aquí en Nicaragua algunos suspirantes del poder, con carteras gruesas o de sangre azul, se babean por el “peloemaiz”, porque es como tratar de mezclar el agua y el aceite y eso no es posible y deberían saber: 

Que casi la mitad de los presidentes de Estados Unidos, al igual que en muchas otras democracias occidentales, han sido abogados o políticos de carrera. Veintiuno han tenido ambas profesiones. El resto se reparte esencialmente entre militares, profesores, un ingeniero y un actor. De este selecto club, Washington, Jefferson, Lincoln, los dos Roosevelt, Wilson y Truman sobresalen como los mejor evaluados según la mayoría de los estudios modernos.

Aquí en Nicaragua tuvimos como Presidente a Enrique Bolaños, quien siendo conservador firmó el libro rojo del liberalismo y su mentor, Arnoldo Alemán lo sabía porque siempre se lo dijimos y ese señor que venía del COSEP, del que fue presidente por muchos años, nos remangó a todos e hizo más ricos a los ricos.

Ese ingrato, que hizo de su “nueva era” un gobierno cuasi monárquico donde el saludo con un pobre valía el lavado inmediato de las manos por cualquier contagio, se dedicó a abrir frentes en su contra porque el señor del Raizón creía saberlo todo, porque era empresario, porque era el mimado del gran capital y en consecuencia no tenía por qué atender las sugerencias de sus asesores y por esa soberbia casi pierde el poder porque el Partido Liberal Constitucionalista se le declaró en oposición y casi le da un golpe de estado del que lo salvó Daniel Ortega quien dijo no prestarse a ese juego que al final era un pleito entre Enrique Bolaños y Enrique Bolaños         

En Nicaragua, hablémoslo claro, el gran capital quiere alcanzar el poder otra vez y poner a otro Enrique Bolaños, a lo mejor peor, y sin duda la constitución se lo permite como un derecho legítimo en la persona que él decida, pero los que quieren derrocar al hoy Presidente constitucional de Nicaragua, no están usando esa vía sino el golpe, no de estado, sino contra el estado y todos ellos están metidos de cabeza, tanto los representantes del gran capital como sus empleados en el COSEP.

La realidad es que la experiencia empresarial puede ser irrelevante o incluso volverse un impedimento para una buena gestión presidencial.

Se imaginan a Carlos Pellas, Ramiro Ortiz, Roberto Zamora, Piero Cohen u otro con calibre similar que nunca han sido parte de ninguna junta directiva que no sea la suya, o sea, que solo han tenido que responderle a un único accionista, que son ellos mismo, que nunca ha manejado una empresa de capital público, ni ha tenido impedimentos para contratar a quien le da la gana.

Se imaginan a alguien así, acostumbrado a los números y sin humanidad como presidente de un país donde tiene que manejar una fuerza laboral que en su inmensa mayoría no puede ser despedida porque son centenares de miles de profesionales de carrera —incluyendo militares— que han trabajado en sus respectivas agencias de gobierno por varias décadas y que han trascendido bajo las órdenes de otros presidentes y que ahora llegue alguien que toda su vida se la pasó despidiendo empleados porque simplemente les cayó mal.

Se imaginan el manejo de erario público en manos de un empresario. Ese dinero se administra y se recaba vía impuestos, préstamos, contribuciones, cooperación internacional y otros, pero es para prestar un servicio, para responder a las necesidades de los ciudadanos –pagar la seguridad social-, las cuentas de retiro del nicaragüense, salud, educación, inversión pública, los gastos de defensa, presupuesto para la seguridad, las universidades, las carreteras, las comunicaciones, las municipalidades, el deporte, la cultura, los desastres naturales y otros montón de programas  que deben funcionar y tienen que ser bien gerenciados, pero que no están allí para generar lucro, para generar ganancias que se coloquen en los bancos para que ganen intereses, que es el objetivo central de un empresario, cuando por el contrario hay que crear mecanismos para generar riquezas que alimenten y atiendan al pueblo, al pueblo pobre que es el más necesitado y al rico que es el que más tiene y de esto debemos estar claros para no incurrir en políticas deshumanizadas que hagan más grande la odiosa brecha entre ricos y pobres porque esa visión es la que hace verdaderamente indigentes a las naciones y sus pueblos.

Otro enorme problema que tendríamos los nicaragüenses de llegar a tener por presidente a un empresario de estos del gran capital es el conflicto de interés entre la investidura de un jefe de gobierno y sus negocios. Ser presidente de Nicaragua requiere de muchas cualidades y la principal de ellas es humanidad por los que menos tienen, es una visión de nación no de grupos, es la capacidad de tomar las decisiones que beneficien a la mayoría y no que la minoría las tome en contra de la mayoría.

Sectores empresariales con la Chamorrada de sangre azul, pues hay algunos que tiran a morados de tan muertos que están y que siempre vivieron a costillas del poder, se mueven tratando de asaltar al país que desde el 18 de abril pasado desbarataron desde una funda empresarial antinómica porque el resultado de todo el golpe que contra el estado propiciaron, fomentaron y financiaron fue el de mandar a cuidados intensivos a una economía que hoy agoniza y que estaba llena de vida, de esperanza, hasta que la ambición del gran capital decidió otra vez meterse en política.  

Hay tristemente que reconocer que estamos golpeados, que la irracionalidad del gran capital de meterse ellos de cabeza y usar a sus peones para aterrorizar tras bambalinas a todo un pueblo asesinado, torturado, saqueado, secuestrado y denigrado, nos bajó violentamente del tramo que habíamos avanzado para salir de la pobreza, pero el país está aquí y la patria como ventana que nos mostró la luz de nuestra nacionalidad, reclama a sus mejores hijos ir adelante, no ver hacia atrás, pero de la misma forma revelando cada lugar, donde nuestra conciencia nos señale, cada reducto donde anide la maldad porque esa será la única forma para apartarnos de la hipocresía que hoy dice llorar y lamentar por el crimen que ellos mismos cometieron.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA