Desde 1990 que inició en Nicaragua una nueva cultura política donde los presidentes entrantes asumieron el poder través de una transición democrática y pacífica soy testigo vivencial de la existencia de un grupo de personas que todavía sobreviven como club y que nunca estuvieron conformes ni con nada ni con nadie.

Fueron incluso parte activa de las campañas de Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán, Enrique Bolaños o Daniel Ortega y hasta miembros del gabinete o empleados públicos de esos gobiernos, pero cuando salieron se convirtieron en desadaptados que jamás encontraron acomodo con nadie, algo realmente raro porque al fin y al cabo todos esos nombres tuvieron propuestas diferentes.

Virgilio Godoy, ex vicepresidente de la república, que en paz descanse, hombre de pensamiento indudablemente brillante, pero férreamente testarudo, creo que tuvo mucho que ver en el surgimiento de los desadaptados porque fue el primer opositor a su gobierno y con esa oposición afectó a muchos de sus seguidores en el PLI.

Por si alguien no lo recuerda desde antes que Violeta Chamorro asumiera el poder el 25 de abril de 1990, ya Virgilio Godoy, qué era su fórmula, había desatado toda una campaña contra la mandataria de forma que desde el mismo día de la toma de posesión le cerraron las puertas de la Casa de Gobierno que por entonces estaba contiguo a la Asamblea Nacional.

Virgilio que para entonces ya estaba en la acera del frente contra Antonio Lacayo, que era el verdadero poder tras el trono de su suegra, siempre impidió que sus altos colaboradores en el Partido Liberal Independiente asumieran cargos en el ejecutivo y hasta el mismo renunció a su cargo como vicepresidente electo un tiempo después.

A partir de entonces, hablo de lo que mi memoria histórica recoge desde hechos expresamente vivenciales, se comenzó a poner de moda eso de estar a favor de lo que están en contra y en contra de los que están a favor y esa actitud se convirtió en lo que yo determino como “oposicionismo”, es decir no importa qué tanto de bueno se haga siempre hay que estar criticando.

Quienes así actúan, viendo y haciendo ver a los demás que todo es negro, aunque todo sea blanco, son personas de las cuales por sanidad debemos apartarnos porque el peor error que un ser humano puede cometer es interactuar con un pesimista que al final es alguien enfermo porque es un desadaptado.

La inadaptación es la incapacidad que manifiesta una persona a la hora de adaptarse a una situación determinada dentro del entorno en el cual vive y se desarrolla, por ejemplo, un desajuste personal, algún conflicto con el medio, fracaso ante los estímulos sociales, entre otros. La persona que se encuentre en la situación de inadaptación social estará ciertamente al margen de la normalidad síquica y social, manifestando un comportamiento que discrepa de plano con las pautas imperantes.

El individuo que discrepa con su entorno social normalmente se denomina inadaptado social y en la mayoría de las situaciones su comportamiento discrepante y desafiante para con las reglas sociales convenidas lo llevarán a una situación de marginación dispuesta por quien no quiere contagiarse.

Quien no se adapta a las reglas de la sociedad, aceptadas por la mayoría, es generalmente quien viene de una desestructuración familiar, quien anda en malas compañías o porque la misma sociedad lo rechaza como consecuencia de su improcedente actitud que se manifiesta en mala crianzas, mal decires, intolerancia, falta de respeto a la ley y a la autoridad y por eso mismo se quedan atrapados en el tiempo.

Los desadaptados no tienen capacidad de ver el futuro, son gentes que no importa qué tan halagador sea lo que se construye a su alrededor jamás tendrán el deseo de verlo como progreso, sino que por el contrario lo verán como una amenaza a un estado de confort absurdo, que solo puede ser bueno para ellos, pero no por los demás, que inequívocamente son los más.

¿Quiénes en Nicaragua son desadaptados? 

Algunos suspirantes presidenciales que creen que una membrecía partidaria es únicamente cíclica y con la que solo se encuentra cada vez que hay elecciones o hay crisis para vestirse como “salvador”.

Algunos comentaristas políticos que por tener un programa de televisión se creen conductores de masas y desde la pantalla imponen su opinión y tras cada brutalidad que dicen piensan que debemos creer en una transparencia que no tienen cuando nos hablan de corrupción y son corruptos, cuando nos hablan de su paraíso democrático y son dictadores, pero además dictadores fascistas.

Lo son algunos periodistas que hacen de la tragedia comedias que además comentan con cara de bufones como que sí el sarcasmo, generalmente desubicado, le confiriera la necesaria dosis de credibilidad que finalmente llegue una población que ve manoseada su inteligencia por individuos que no son capaces ni de convencer ni a su círculo más íntimo. 

Son desadaptados en su propia gremialidad aquellos empresarios que hacen lo imposible por hacer que el concepto de los negocios sea para quebrarlos y no para prosperarlos y desde una visión más amplia conducir a la nación al fracaso económico y más criminal aún cuando a punto de salir a flote la volvieron a hundir.

Son desadaptados aquellos que siendo supuestos pastores de la iglesia hablan de odios y de guerras, en contra sentido con aquellos que siendo guerrilleros, comandantes y hombres de armas no solo no se cansan de hablar de paz sino luchan por hacer la paz.

Son desadaptados quienes se resienten porque después del efecto que su terrorismo causó sobre el país, brincan molestos, retuercen los ojos, echan baba por la boca, te dicen malas palabras, te agreden y amenazan solo porque el país está volviendo a la normalidad.

Son desadaptados los que no comprenden lo mal parados que quedan cuando como nacionales mueven sus patas a Washington para ir a poner quejas para que el imperio nos sancione económicamente para afectar directamente al pueblo o peor aún para que lance a sus paracaidistas y nos invadan a fin de que quiten a Daniel Ortega del poder solo porque por ellos mismos no lo puedan hacer, poniendo aun lado el profundo desprecio que se granjean porque después de todo para los desadaptados siempre es más importante la paga que la dignidad nacional.

Contra todos esos desadaptados tendremos que seguir luchando los que por mayoría tenemos sentido común. Hay que seguirlo haciendo incluso por ellos mismos porque lo que ha permitido que mucha gente despierte es que hemos sabido mantener por encima de la insensatez de estas minorías un discurso de paz, conciliador y responsable que incluya, que involucre, que mida pulsos, y sepa calcular cada línea de orientación en función de la normalidad que es la que finalmente se convierte en una cruz letal contra las gárgolas mutantes que insisten en inocularnos su odio.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.