El 29 de noviembre de 1998, cerca de la medianoche, Julia Rosa Valdivia Morales, maestra de educación primaria, hoy jubilada, despertó de manera repentina por el fuerte sonido del río que corría cerca de su vivienda.

El cauce natural, ubicado a unos 100 metros al éste de su casa, retumbaba con fuerza por la masiva cantidad de lluvia acumulada durante días y en un momento de temor, o quizás de contacto directo con el instinto maternal, decidió huir con sus hijos de 10 y 8 años, respectivamente.

Dejó todo atrás. No vaciló en perder un solo segundo de tiempo y salió sin cargar nada material en brazos. “Sólo pensaba en salvarlos porque aquí a lo mejor se puede meter la corriente y mejor nos vamos de acá”, recuerda ante las cámaras que eran la única frase que rondaba su mente.

No fue hasta tal momento de escuchar a sus vecinos, cuando reflexionó que los nervios le habían jugado una mala pasada. Había olvidado a su hija menor dormida en su cuna.

Yo decía; si me devuelvo y la corriente entra, me lleva junto con ella. Dejo a dos… Y si me voy con mis dos hijos mayores y la dejo a ella, voy a vivir una pesadilla porque es una hija perdida”, fue el debate en el que se encontró por unos momentos.

Sin embargo, sacó el valor de regresar a su hogar y rescatar a la menor, atravesando linderos entre cercos de piñuela y el suelo convertido en arenas movedizas.

Fue una decisión arriesgada pero que le permitió conservar a su familia, aunque esa fue la última vez que entró a su casa.

La historia de Valdivia es quizá una de las pocas que pueda considerarse esperanzadora en ese contexto, pues se trata de los escasas sobrevivientes que además pudieron conservar a su familia. 

Casi 3,000 personas abandonadas a su suerte

Hablamos del deslave del Volcán Casita, en Posoltega, Chinandega, a consecuencia de las graves afectaciones ocasionadas por el Huracán Mitch, que a su paso dejo a más de 2,800 personas fallecidas.

La gran mayoría de ellos abandonados a su suerte durante días y con desenlaces terribles, muriendo de hambre, frío o las graves heridas sufridas en la terrible emergencia que no fue atendida por el gobierno de turno.

Una de las personas más calificadas para hablar de lo ocurrido es Carmen Reynaldo González. El desastre le arrebató a 82 de sus familiares.

Es algo que sucedió inesperado. Que nadie esperaba eso y nos cogió desprevenidos, de tal manera que fueron pocas las personas que sobrevivieron, fue algo tan grande que abarcó mucho espacio y no hubo oportunidad de salvarse de muchas personas”, relató con cierta serenidad, pero con los ojos clavados en el horizonte, como si tratara de evitar hacer un vínculo emocional entre su comentarios y sus sentimientos.

Reconoció que pudo salvarse gracias al mismo desconocimiento que no permitió evacuar a los demás habitantes de su poblado, pues llevaba a cabo las actividades normales que hacía para ganarse el pan.

Yo viajaba para el empalme de (la comarca) Argelia a caballo cuando regresaba para atrás, me encontré con que el cerro explotó y venía todo lo que salió del deslave cuando yo regresé para atrás y ya no pude subir más, porque ya no había pasada, hasta el día siguiente yo volví a entrar a como pude, pero ya no existía nada, ni árboles, ni casas, todo era un color colorado, rojizo, el terreno que quedó, bien aguado, no se podía caminar mucho”.

Fue un sobrino suyo, único miembro de su familia que tuvo la suerte de conservar la vida además de él, quién le dio la mala noticia. “Éste me dijo que el tope de agua que impactó a todas las casas era como de 30 metros de alto, árboles, piedra, lodo, que iba arrasando con todo”, compartió.

El caótico escenario le arrebató a su mamá, a su papá y todo ser cercano, y en su lugar dejó un terrible dolor que le impidió seguir enumerando personas sin detenerse para dar paso a las lágrimas.

En el momento en que hay estas conversaciones, sí, vienen a nuestras vidas. Hemos hechos muchos trabajos que el Gobierno Sandinista nos ha dado, nos ha brindado, para ayudarnos, ayudarnos a sobrevivir esto”, refiere luego de una pausa obligatoria.

Heridas abiertas

Vidal Tercero Huete y su familia habitaban en la comunidad El Porvenir, a un kilómetro al norte del volcán, fue la primera comunidad que impactó el deslave. Fueron unas 62 personas de su familia que recibieron de lleno el embate.

El linaje Tercero-Huete, Tercero Amador, Tercero González, Tercero-Rivera y Tercero-Rueda dejaron de ser parte de manera abrupta de la comunidad.

Era la casa donde vivía mi Papá, mis sobrinos, tíos, primos y fueron los primeros que el deslave impactó allá al momento de la tragedia. Lamentablemente una tragedia de la que es dura hablar, pero, le agradecemos a Dios primero por la fuerza, la fortaleza, porque nos da esa fuerza para poder… es difícil partir esta historia, antes del Mitch y después del Mitch… la agradecemos a Dios por la fortaleza y a personas que sin ser Gobierno estuvieron con nosotros, por ejemplo el Comandante Daniel estuvo en Posoltega sin ser Presidente, sin ser Gobierno, él estuvo aquí, dando el apoyo, demostrando su calidad humana”, afirmó.

Una situación similar vivió Salvador García, pero en la comunidad El Ojochal. “El recuerdo que tengo es que fue un momento difícil, desesperante, porque recuerdo que ese día había amanecido lloviendo con mucha intensidad, con más fuerza y a eso de las 11 y media quizás 11 y 45 de la mañana, escuché de pronto que un ruido… en principio pensé que eran helicópteros, dije yo, andan viendo, andan observando, pero en ese comencé a ver hacia el cerro, comencé a ver en ese lugar, miraba como se agitaban los árboles y una avalancha de lodo y eso, comencé a desesperarme, a pensar en mis hijos, en mi esposa, en mi Papá y sentirse impotente, no poder hacer nada, eso te parte la vida”, dice con tristeza.

Su pérdida fue casi todo su núcleo familiar, su esposa, sus hijos y su Papá además de otros 20 familiares cercanos. “Eso fue tan rápido que a penas me dio tiempo de salir de la casa y coger un poco a la parte de atrás y estaba ahí la avalancha de lodo. Son cosas de la vida (salvarse). A mí me arrastró quizás unos 4 o 5 kilómetros la avalancha, porque me aventó a un cauce y el cauce se llenó tanto de agua que se estaba rebalsando y en una de esas logré salir”.

Martha Adilia Velázquez Moreno, además de la herida emocional, también tiene un recordatorio físico y permanente de lo ocurrido. Ella perdió una pierna y tiene que usar una prótesis desde muy joven.

En ese momento, lo que yo viví, yo lo que escuché fue como un ruido a helicóptero. Yo estaba haciendo los quehaceres de la casa y yo salí hacia el patio, al frente. La casa a dónde yo vi la corriente, estaba a una cuadra y yo solo vi aquella grande oscurana, elevada pero a mi imaginación, yo pensaba que solo iba a pasar al lado donde estaba la casa, se miraba que solo venía a ese lado, nada al lado sur, no venía nada”.

Yo lo que hice fue salir corriendo quedando mis padres en la casa y mis hermanos, pero no había caminado ni media cuadra tan siquiera cuando sólo sentí como si acaso me dieran una bofetada al lado derecho”, recuerda.

La ola la arrastró por más de 10 kilómetros y durante esos momentos sentía que gritaba por auxilio, pero nadie podía escucharla. “Ya cuando salí de allí, ya salí con mi pie fracturado, quebrado de viaje y pasé de viernes hasta domingo que llegaron a rescatarme en la mañana. De ahí me levantaron con un helicóptero hacia el hospital España de Chinandega”.

Así como ella, la noticia y advertencias de una posible tragedia la recibió en el momento. Jamás hubo una voz de alerta de las autoridades, ni presencial y mucho menos en los medios de comunicación.

Había un gobierno insensible, que trataba a todas luces ocultar el peligro para no manchar su gestión.

Llamado de auxilio no tuvo respuesta

José Antonio Cortez, esposo de Felicita Zeledón (Q.E.P.D.) recuerda, a como también lo recuerda toda su comunidad y el pueblo de Nicaragua, cómo la mujer que fuera alcaldesa de la ciudad fue la única voz que alertaba de una inminente catástrofe.

Muchas veces informó, pero el Gobierno que teníamos de turno era insensible. Prueba de eso llegaron a decir que mi esposa estaba loca y su consuegro, don Pancho Madrigal, que no me gusta ni mencionar ni siquiera su nombre, decía que había que ponerle una camisa de fuerza, que como en un pueblucho iban a haber mil muertos. Y no eran mil muertos, contabilizados por la FAO, recuperaron 2,680 cadáveres, pero como le digo, los sobrevivientes dicen que fueron más de 3,000 los muertos, porque muchas personas que murieron ahí en la tragedia, nunca encontraron sus cadáveres”, relató.

Muchos recuerdan al Huracán Mitch por sus terribles consecuencias. Sin embargo, el ingeniero Marcio Baca, director de meteorología de Ineter, afirma que la calamidad pudo haber sido evitada con voluntad política y que incluso, el Mitch, no es el más fuerte fenómeno de su tipo que afectó el país.

No fue el Huracán más potente

A pesar de considerarse de un fenómeno de alto riesgo, no fueron las rachas de viento las que causaron peligro para el territorio, sino más bien la cantidad de lluvia que dejó caer.

La estructura, los vórtices, las espirales de éste sistema no llegaron a entrar totalmente en el país. Por eso es que Nicaragua no sufrió un impacto de viento fuerte, más bien ese impacto lo sufrió la hermana República de Honduras. En Nicaragua vuelvo y repito, el impacto fue lluvia, pero si en términos de intensidad compramos las lluvias del huracán Mitch con lo que provocó el huracán Aletta en mayo de 1982, el huracán Aletta fue más intenso. Quiero decir que al hacer estas comparaciones, el huracán Aletta dejó caer mayor cantidad de lluvia en menos espacio de tiempo”, precisa.

Sin embargo, de acuerdo a los registros el huracán más potente, en términos de impacto directo, el más potente fue el Joan en 1988.

En el manejo de desastres priva mucho la voluntad política que se tenga para el actuar en éste sentido. Internacionalmente, está comprobado, que en la medida que la población se organice mejor y en la medida que un gobierno se comprometa más en mejorar la atención del desastre, en esa medida se reducen exponencialmente el impacto que puedan tener los fenómenos en un país. En el Mitch tuvimos la desgracia de tener más de 3000 personas fallecidas, en Posoltega, todos lo recordamos y a pesar que en ese momento no estábamos en el servicio, creo… no creo, estoy convencido que fue por una falta de atención en tiempo, para una emergencia de semejante naturaleza. Era de prever que ante 7 días que se tenían ya en el momento, antes de que se diera ese deslave, de lluvia continua, era de prever que iban a haber inundaciones”, afirma.

En ese orden valora la gran sensibilidad que demuestra el Gobierno Sandinista del Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario, que han venido marcando la pauta para comprometerse en mejorar la capacidad de respuesta.

El modelo Cristiano, Socialista y Solidario, el modelo de la familia, la comunidad, ese modelo que se separa abismalmente del individualismo, nos ha permitido reaccionar de manera más organizada y más comprometida cuando hay fenómenos de ésta naturaleza, el ejemplo lo tenemos recientemente, que hubo un aviso desde antes que sucedieran las lluvias, la promotora social, las instituciones del Estado, la Juventud Sandinista, entró desde antes que comenzaran las lluvias a avisarles la situación que se pudiera venir”, comenta.

La actual alcaldesa de Posoltega, Lilliam Mayorga, afirma que el suceso ha dejado una gran lección al pueblo, pero principalmente a las autoridades locales, principalmente ahora que cuentan con un Gobierno responsable que se ha dado a la tarea de fortalecer las capacidades de respuesta ante las emergencias.

Gracias a un Gobierno encabezado por el Comandante Daniel y la Compañera Rosario se ha venido preparando a nuestros equipos municipales junto a las instituciones de nuestro Gobierno para preparar a nuestras familias por cualquier eventualidad que se nos presente en nuestro municipio, ya sea por lluvias, por cualquiera de las cosas que nos puedan afectar, fenómenos que afectan a nuestra Nicaragua y a nuestros municipios”, afirma.

La autoridad municipal afirma que la tragedia representa un antes y un después. “(Ahora) sabemos que estamos en un Gobierno, de unidad y lo que ha pregonado el Comandante es amor a las familias y por eso, cada eventualidad que se nos viene, cada vez que se nos presenta la presencia de huracanes está alertando a al pueblo y nosotros también en sesión del Comupred hacemos presencia a éstas comunidades que consideramos vulnerables”, confirma.