El ideal correctamente concebido es una meta, una aspiración, un prototipo proyectado en nuestra mente que nos impulsa a ir más allá del sueño para alcanzar ese estado de confort.

El ideal es el activo mental más poderoso en la mente de los guerreros que dispuestos a lograr sus propósitos, para dar sentido a la vida, se imponen como vehículo, la lucha para pasar del yo quisiera al yo tengo.

El ideal es una fijación noble de nuestro consciente porque quien lo tiene lo que lanza al futuro es un deseo propio o colectivo de bienestar, de mejoría y muy en el fondo de amor porque lo que uno quiere para sí también lo quiere para los demás.

Actualmente Nicaragua, el bello y hermoso país que Dios nos creó con tantas bendiciones para hacerlo grande desde el ideal de nuestra mente y de nuestro corazón es víctima de una nueva ofensiva de la maldad para poner en la bandeja de sus enemigos sus logros y avances con la perversidad natural que tienen aquellos sirvientes nacionales que buscan cómo el amo extranjero les haga el favor de materializar lo que por ellos mismos no pueden porque son almas vacías, incapaces de sumar, de multiplicar, de salir de ese mundo de la división y de la resta que les impide proponer, dar respuestas o de tener alguna postura de condescendencia solidaria o cristiana con aquellos que la necesitan.

La maldad de la que hablo es impresionantemente perversa, tiene nombres y apellidos, tiene rostros que todos conocemos y no necesito mencionarlos específicamente porque son famosos, suenan desde hace décadas jugando a ser líderes y representantes del pueblo y desde diferentes siglas estando un día aquí y otro día allá, pero todos son socios de un mismo club, de una minoría que en la cotidianidad se reduce cada vez más porque no inspiran, porque no atraen, porque hay certeza de que su veneno es tóxico y altamente letal para las esperanzas de un pueblo que no los determina y que no importa lo que digan siempre terminan ignorados, y como nadie en la tierra que los vio nacer los escucha, entonces se van a Washington a romancear con los enemigos de Nicaragua para prostituirse, para venderse, para que a cambio de las maldiciones que profieren sobre su país ir a extender la mano para que les sigan financiando sus andanzas de falsos “paladines de la libertad”, de falsos “salvadores de la patria” y de falsos “demócratas”.

Hoy Nicaragua, a pesar de los acontecimientos pintados con sangre desde el 18 de abril, vive en democracia y libertad y así lo reconoce la inmensa mayoría de sus ciudadanos, de sus campesinos y así nos lo aplaudía también el mundo que ubicaba a nuestro país como una aislada referencia de paz, de estabilidad, de seguridad y crecimiento, en medio de un mundo convulso violento y sangriento que no ha logrado cuajar como nosotros lo habíamos logrado una política de diálogo y reconciliación porque Gracias a Dios, no han tenido como nosotros, ni invasiones, ni intervenciones, ni golpes de estado, ni dinastías, ni dictaduras, ni guerras como las que hemos padecido y que son precisamente el origen fundamental por el cual el ideal de los nicaragüenses de bien nos llevó a la conclusión de no ver más al pasado para dejar la politiquería a un lado e ir juntos hacia la conquista del futuro dejando atrás la historia escrita con océanos de sangre, la sangre de sandinistas, de contras, de liberales, de conservadores, de social cristianos, de social demócratas, de socialistas, de comunistas.

Sin embargo, una verdad tan real como la paz y la armonía que la mayoría deseamos, porque nos fue arrebata y porque nuevamente la estamos tejiendo, es también la existencia de quienes han hecho del oposicionismo un negocio redondo que los ha llevado toda la vida a vivir de la politiquería y de la misma manera a ser tontos útiles y lacayos nacionales de aquellos enemigos que desde Washington retomaron sus ataques contra nuestro país porque vieron en nuestro modelo, diseñado por una visión de izquierda progresista, un mal ejemplo porque en la medida que dialogábamos, que avanzábamos y crecíamos, en esa misma medida el mundo se entusiasmaba con nosotros para ayudarnos, porque nos sentían como una nación de puertas abiertas a todos los continentes, entonces en esa misma medida los que jamás se dispusieron a cambiar, los que se quedaron atrapados en la guerra fría, los que no realizan que estamos en el 2018 y que la década de los ochenta es el pasado, nos siguen torpedeando y no importa qué hagamos siempre seguirán disparándonos con el gatillo que oprimen sus asalariados en el oposicionismo con esos sinvergüenzas que han encontrado en algunos medios de comunicación y en algunos periodistas, que en realidad son mercenarios, la perfecta caja de resonancia que igual se alimenta con dólares.

Nicaragua había cambiado, Nicaragua era otra hasta el 18 de abril y vivir en ella para desarrollarla, después de sentir en carne propia todas sus tragedias, es indudablemente un ideal cristiano y cuando yo oigo a los sirvientes nacionales y a los tontos útiles de los enemigos de nuestro país vestirse de “patriotas y paladines” me indigna porque les pagan por lo que hacen.

El patriota tiene un amor infinito por su país y da la vida por la tierra que lo vio nacer a cambio de nada El paladín es quien se distingue por sus hazañas, por su valentía y por la nobleza de su causa, pero cuando veo a uno de estos oposicionistas lo que está frente a mí es a un oportunista incapaz de trabajar dignamente que se la pasa extendiendo la mano para que le paguen por falsas valentías porque a la hora de las verdades y de que se les cobre por sus crímenes no hacen otra cosa que llorar y construirse su propio show de víctimas.

Estos mercenarios son los cabecillas visibles de ese montón de siglas que hoy día tienen un nombre y mañana se reinventan con otro, pero con el mismo contenido, con el mismo discurso y lo hacen por los chorros de plata que reciben a cambio, a través de algunas agencias que también están identificadas y donde también reciben mesada periodistas y comentaristas que hablan, escriben y se escuchan muy valientes, haciendo de voceros de los falsos líderes, porque tienen un colchón de estímulos desde donde disfrazan una “dignidad” que no tienen.

Muchos de estos oposicionistas dicen lo que dicen y hacen lo que hacen no para ser presidente de Nicaragua, al menos hasta hoy ninguno de ellos da muestra de tener capacidad para serlo, Dios nos libre de semejante barbaridad, pero cuando uno los escucha muy valientitos, algunos de ellos gritones ordinarios y con voces estridentes, lo hacen para alcanzar una diputación desde donde se vuelven más ácidos porque la curul les permite el protagonismo con el que siempre sueñan. Sin embargo, una vez que el periodo se les vence, después de haber vendido ser líderes con cojones y ovarios del tamaño de un huevo de avestruz, desaparecen porque cuando quieren volver al rol de “líderes” que les permitió alcanzar el parlamento ya hay otro u otra en su lugar que busca el mismo fin a través del medio del partido y entonces no tiene más que buscar qué hacer porque entonces “la calle se vuelve dura”.

DIOS BENDIGA A NICARAGUA.