Un pueblo sin educación es un pueblo sentenciado a la oscuridad. Es un pueblo incapaz de resentir el látigo de los verdugos porque se vuelve insensible y tolerante a las injusticias y a lo que pasa a su alrededor. En consecuencia, hay que insistir en el tema esperando apoyar y dar más intensidad a la luz del conocimiento por el futuro de Nicaragua.

El tema de la Educación es de todos los días y debemos identificar qué queremos, hacia dónde queremos llegar porque si lo que se pretende es el cultivo de buenos recursos humanos, que contribuyan al desarrollo de la nación, debemos comenzar por revisar piramidalmente lo que estamos haciendo en primaria, secundaria y en las universidades.

Estructuralmente hablando la educación ha mejorado y muchísimo en relación a gobiernos anteriores, eso está visible y palpable, pero las limitaciones presupuestarias y la realidad económica no permiten correr al ritmo de nuestros deseos y pluralizo porque estoy seguro que el tema es de interés nacional, aunque la politiquería siempre trate de manosearlo. Hoy muchos centros escolares en los que miles de jovencitos se concentran para pretender ser algo en la vida han sido preciosamente remozados y otros nuevos surgen por todo el país, pero al final no dejan de ser solamente edificios que no solucionan lo toral, lo fundamental.

Con ello quiero decir que siempre escuchamos la demanda por mejorar el pénsum académico que tenemos porque es la esencia o el meollo del hoyo y eso se refleja en los exámenes de admisión de la UNI donde de miles de bachilleres que participan, menos del centenar califican para estudiar carreras como arquitectura o ingeniería y de estos pocos, por diversas razones, solo unos 20 egresan y a eso hay que ponerle atención. Todo esto pasa porque a la fecha han sido dejadas a un lado las carreras técnicas, que, al fin y al cabo, son las que demandan hoy las empresas e industrias que se vienen estableciendo en Nicaragua.

Me parece que, por estas cosas, referidas muy superficialmente, si se quiere, vale la pena examinar nuestra educación desde abajo para construir sobre bases sólidas. Hay que evitar que el tema de la educación continúe siendo visto exclusivamente como un negocio. Por ejemplo, aquí existen colegios de primaria y secundaria y hasta universidades que operan en garajes. Ojalá que fueran garajes bien acondicionados, pero no, son pocilgas donde se cobran, por decirse privados, precios prohibitivos que ninguna correspondencia tienen, ni con lo que pagan a los maestros y menos con la educación que ofrecen.

Tal vez el Ministro de Educación no podrá regular los aranceles de un colegio privado de esos que abundan en los garajes, pero sí puede regular y exigir que pedagógicamente los programas se impartan y que los pénsums sean tan buenos como los que también deberían ser en el sector público que es el más amplio en la pirámide educacional.

Pienso igualmente que la educación superior no puede ser para todos, menos aun cuando del Presupuesto General de la República se asigna a las universidades el 6% que pagamos todos los nicaragüenses. La educación a éste nivel hay que ponerla en el nivel del privilegio porque la educación superior no puede ser para todos si eficiencia pretendemos y lo expreso así porque hay quienes que, por el cuento de la gratuidad, envejecieron en las aulas universitarias y cuando al fin salieron fue de arrastras

Pienso que la Universidad, como parte más elevada del Sistema Nacional de educación, debe ser para alumnos con excelentes calificaciones porque lo contrario sería negar a quienes efectivamente tienen deseos de superación la oportunidad de servir y de retribuir a la sociedad que los formó.

En este aspecto entran en acción varios factores como por ejemplo el sentimiento vocacional del joven estudiante que quiere meterse a carreras que no siente, que no le sale del alma y que en el camino abandonan para meterse a otra y si la que siguió no le gusta va por otra y así hasta que se cansa y sale más vacío que como entró porque al final se frustra. Hay otros que se deciden por el camino más fácil y escogen, por supuesto ante tanta oferta en tantas partes, estudiar derecho o periodismo, y cuando egresan se dan cuenta que el mercado está saturado y que al final la decisión más que fácil fue equivocada, porque hoy la gente ha descubierto que hay muchos leguleyos estafadores que diciéndose abogados se burlan de la gente cobrando por trámites o casos que no asumen y si de los periodistas se trata ya los medios no contratan a cualquiera sino a quien realmente sientan ese apostolado en su corazón y la práctica nos indica que esos son muy pocos.

Otro asunto es que las empresas deberían asumir un franco compromiso con esos jóvenes que demuestren con sus calificaciones universitarias que hay razones suficientes para que les den una oportunidad para sus pasantías pues al final no les cuesta absolutamente nada más que la oportunidad de ver qué hacen, qué ofrecen esos desesperados chavalos que siendo la sangre nueva del relevo quieren demostrar que sí pueden.

En el gobierno está el poder de dirigir hacia donde conducir la educación, partiendo de sus necesidades a futuro y debería concertar con los agentes que se involucran en tan amplio tema, el camino a seguir, el contenido del pénsum para enfilarlo hacia los proyectos del futuro de manera que sea nuestra propia mano de obra, nuestra imaginación y nuestras capacidades internas las que nos hagan crecer y como actores de un país que como el nuestro se está descubriendo con la ventaja de ir renaciendo desde la visión que la modernidad nos impone y esa es una ventaja amplísima que tenemos sobre otros países que ya crecieron lo que tenían que crecer mientras nosotros lo hacemos año con año y sostenidamente.

Un pueblo con educación es un pueblo educado para el éxito y el progreso. Saber leer en el contexto de tantas buenas campañas que se hacen, extraordinariamente loables, es bueno, pero nos quedamos largo cuando la lectura requiere la comprensión que no todos tenemos para absorber la esencia del conocimiento que puesto en práctica sea la fórmula para catapultarnos al mañana que nos invita a ejecutar tantos proyectos grandes que nos necesitan. 

Pero además y esto es muy importante Nicaragua necesita no solamente educación para crecer como nación sino educación para que sus ciudadanos crezcan interiormente y se apropien de valores y principios que nos permitan ser una poderosa nación cuyo espíritu fecunde día a día al nicaragüense que ame a su familia, que ame a sus padres y a sus hijos desde una reciprocidad de todos y para todos que acabe con el lado oscuro del vivían, del oportunista, del estafador, del delincuente, del pesimista, del perezoso, del tapudo, del calumniador, del difamador, del resentido y del que por ignorancia solo lleva odio dentro de su corazón sin saber que el principal dañado es quien lo tiene.

La educación amigos integralmente hablando no es solo el kínder, la primaria, la secundaria, la universidad, los postgrados o los másteres. Las paredes de nuestras casas pueden estar llenas de títulos, diplomas, reconocimientos, medallas o bandas de todo tipo, pero ¿saben qué? conozco a muchos y de alto tupé que cuando pasan a tu lado es como si ven cualquier cosa y no saludan y es cuando uno dice que entre más se conoce al perro es cuando menos se quiere a una persona.

Educar entonces es una inversión que no deja espacio para el despilfarro. Es una semilla que debemos depositar en tierra fértil para que germine en personas que la hagan productiva y los que la reciben devolver a la sociedad lo mucho del nutriente intelectual que recibieron poniéndose en el lugar de los que no tienen.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.