Escucho, veo y leo en la radio, la televisión y los periódicos, que obviamente obedecen a los intereses del amo extranjero remojar y remojar, como para que se nos quede grabado en la mente, el concepto que de la “protesta pacífica y cívica” ellos tienen.

El esquema de la estrategia, no importa lo que la radiografía diga, es que lo que hicieron ayer, lo que están haciendo hoy y lo que pretenden mañana es definitiva e incuestionablemente una “protesta pacífica y cívica” donde lo único que hace falta es que cada ejecutor se vista con las túnicas de Mahatma Gandhy. 

El concepto de cívica es un término derivado del de ciudadano, entendido como aquel miembro de la sociedad que ha llegado al grado de madurez social suficiente como para actuar de acuerdo con las normas vigentes. De este modo, se convierte en un adjetivo que caracteriza a las personas que cumplen con una serie de pautas, orientadas hacia una buena convivencia social en el seno de una comunidad.

Mientras tanto, ser una persona pacífica significa que es partidaria de la paz y enemiga de los enfrentamientos y discordias. Es quien no gusta de los disturbios y toma distancia de cualquier irracionalidad que represente dañar a una persona, a un núcleo social y peor aún al país en el que nació.

A Nicaragua le surgieron unos hijastros que le levantaron la mano, que la abofetearon hasta sangrarla y todavía persisten en hacerlo diciendo que todo lo que hacen es cívico y pacífico envolviendo cada palabra que mascan, para ejecutar el terror, en un manto de cinismo realmente impresionante y quienes más lo asumen, con una alta dosis de criminalidad, son caracterizados comentaristas políticos que están lanzados más allá del libertinaje mostrándonos en su extrema desfachatez a la constitución política como aval para lo que hacen contra una nación a la que agreden todos los días brutalmente sin que ninguno de ellos tenga nada que perder, por el contrario mucho que ganar porque lo que hacen no es de gratis y les vale para recibir una paga llena de sangre que se cobra desde el hipócrita discurso de la lucha “cívica y pacífica”.

Mucha gente se lastima y ofende de ver las poses mesiánicas de algunos dueños de medios que se creen el cuento que tienen licencia para matar y que el odio le hizo explotar el cerebro para revolcarse con la maldad y en jauría lanzarse contra el país sin más interés que su propio interés.

Mucha gente comenta sobre la efectiva brutalidad mental de individuos enchichados que, a gritos y golpes sobre la mesa te quieren imponer como buenos los derrames cerebrales que matinalmente sufren en todos sus días negros donde no existe la menor condescendencia para el país.

Mucha gente ve, a ciertos comentaristas, aún celeques, con profunda lástima y decepción porque, con caras indescriptiblemente cínicas, dibujan en su rostro burlas para hacer de cualquier tragedia una sorna y para suponer que está siendo creído sobre todo cuando tilda o acentúa que lo que hace desde su supuesta responsabilidad periodística es engañar al nicaragüense que de tonto no tiene nada y sabe quién es quién en este país para determinar de qué lado está la verdad y a quién realmente creerle.

No importa quién lo diga, cómo lo digan, cómo lo griten o qué tan guasona sea la cara para engañar y tergiversar los conceptos alrededor de lo cívico o lo pacífico. Aquellos que le dan una interpretación prostituida y demencialmente diabólica de su auténtico significado se pintan de cuerpo entero de enfermos mentales, de individuos desnaturalizados que estúpidamente se sirven con cuchara grande sus propias mentiras para indigestarse con el desprecio de los nicaragüenses que ahora ríen la ridícula brutalidad de los que ya no tienen nada que decir ni saben qué inventar para decirlo.

¿Protesta Cívica y pacífica?

¿Acaso los tranques fueron una expresión de eso? Lo fue la tortura que de ciudadanos sandinistas hicieron. Qué me dicen de las muertes maternas que produjeron. Los niños y ancianas que murieron en los retenes de la muerte porque les roncó no dejarlos pasar al centro asistencial más cercano. La pinta de azul y blanco contra policías o trabajadores públicos para después soltarlos desnudos bajo una lluvia de morteros macabrizando así nuestros colores patrios.

¿Qué hay de la quema neroniana que hicieron de las instituciones públicas donde las llamas arrasaron con expedientes, archivos, trámites, proyectos y estadísticas de vital necesidad para los ministerios afectados y para miles y miles de ciudadanos que también dependían de ellos? Cómo entender el arsenal de armas que mostraban en los videos de cada ataque que hacían a la policía que se defendía desde sus cuarteles o los que lanzaban miserablemente contra casas donde habitaba un sandinista o la madre de un connotado sandinista. Qué de pacífico y cívico tuvo la quema de Radio ya, Radio Nicaragua, Radio Stereo Yes. El Estadio Nacional Dennis Martínez, por Dios, qué les hizo cómo para que le hayan quebrado su hermosa fachada de cristal y al que invadieron después para contemplar desde Home Plate la posibilidad de hasta pegarle fuego a la grama.

Cómo calza en todo esto que los ensotanados sacerdotes de los generales Silvio Báez, Rolando Álvarez y Abelardo Mata se hayan convertido en sargentones del golpe y hayan hecho de sus iglesias cuarteles donde se refugiaban los terroristas que dejaron como niños de tetas a los ISIS.

Y si de las universidades hablamos, qué decir del espanto de la UNI y la asquerosidad destructora de la UNAN, qué pasó con eso y la sodomía criminal y el culto diabólico; qué de lo inenarrable que ahí sucedió, válido para un guion de terror, en qué esfera de la libertad y el patriotismo cívico y pacífico calza. Y el montón de policías muertos y las torturas y las danzas macabras alrededor de los cadáveres quemados.

En todo esto donde ponemos el secuestro de Bismarck de Jesús Martínez Sánchez, qué le decimos a su nieto, José Daniel Martínez Méndez y a toda su familia, que su tortura y desaparición, hasta ahora, que todo fue una broma, que no sabían lo que hacían.

Y la economía donde la dejamos o es que su afectación debemos dejarla fuera de la protesta cívica y pacífica que costó 7 mil millones de córdobas en reducción del Presupuesto General de la República; 205.4 millones de dólares el costo de la destrucción en el sector público. Pérdidas al sector turístico que rondan los 231 millones de dólares; 525 millones de dólares en pérdidas del sector transporte; 119,567 empleos perdidos.

Y en qué parte metemos el dolor, el llanto, el desgaste moral, el vacío en las familias que representan a 199 fallecidos, entre ellos, 23 oficiales de policía asesinados; 401 oficiales heridos de bala, entre ellos 343 varones y 58 mujeres; y el secuestro y desaparición de Bismarck de Jesús Martínez Sánchez, secuestrado en el tranque de Jinotepe y desaparecido desde el 29 de Junio de 2018.

Y que hacemos con la Alcaldía de Granada; el incendio y destrucción del Mercado de Artesanías de Masaya; el incendio y destrucción del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN) en León, en donde fue asesinado el militante de la Juventud Sandinista Christian Emilio Cadena, y para ir cerrando, donde dejamos los 252 edificios públicos vandalizados y dañados; 209 kilómetros de calles y carreteras destruidas; 278 maquinarias pesadas desmanteladas, quemadas y destruidas y 389 vehículos desbaratados, por favor díganme que hacemos, lo reducimos todo a una medalla de oro con inscripciones de diamantes y se la ponemos en el pecho a los hechores y los declaramos héroes y próceres por lo que hicieron “pacífica y cívicamente” en un acto especial donde esté la CIDH, la OEA, la embajadora norteamericana, los medios de comunicación terrorista, incluyendo a CNN, la sabia y sajurina Leana Astorga y todo, por supuesto, bajo el techo de la cúpula de la Catedral de Managua en un acto religioso celebrado por Leopoldo Brenes, Juan Abelardo Mata, Silvio Báez y Rolando Álvarez para que ellos personalmente les impongan la presea a cada ilustre ciudadano cívico y pacífico que haya matado, robado, saqueado, torturado, quemado, violado secuestrado y dirigido intelectualmente, con el financiamiento del imperio norteamericano, todo esto a lo que el cinismo llama, lucha por la libertad y la democracia.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA