Como ya es ampliamente conocido, el 18 de abril se desbordó el terrorismo golpista como jauría de hienas provocando suplicio y pánico en la población nicaragüense.

La economía sufrió grandes pérdidas: 252 edificios vandalizados, 209 kilómetros de calles y carreteas destruidas, más de 119 mil empleos perdidos. En total 7 mil millones de córdobas de perdida. Como si lo anterior fuera poco se debe agregar: extorsión, 199 muertes, saqueo, torturas, violaciones, secuestros y todas las infamias imaginables.

Pero hay un daño del cual no se ha hablado y que va a tardar mucho en remediarse; provocar en niños y niñas terror, escándalo; crearles la falsa idea que a través de la violencia se logran objetivos sociales, políticos, económicos.

En esos días que el infierno liberó turbas llenas de odio no hubo recato en cuidar el lenguaje soez lleno de odio y de actos violentos, difundidos por diferentes medios al servicio de la muchedumbre endemoniada y por redes sociales.

Todo niño y niña fueron receptores de ese lenguaje vil y lleno de odio, de videos de torturas, asesinatos, quemas de cuerpos, vehículos, edificios. ¿Qué bueno puede quedar en la mente de escuincles inocentes? ¡Cuánto daño le han hecho a la psiquis infantil! Se le distorsiona su percepción de cómo ser cuando adulto.

Según tres de los evangelios, Jesús dice que quien escandalice a un niño, o como se traduce en la Biblia Latinoamericana: “Al que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundan en lo más profundo del mar.”

El lenguaje que incita a la violencia, las enfermizas imágenes de torturas, quemas de cuerpos, escandalizan o hacen “caer” a los niños y niñas, los aparta de Dios.

Jesús es amor, paz, cordialidad, contención, es el “bien, todo bien, sumo bien” como reza una oración de alabanza a Dios.

La sintaxis de Jesús en los tres evangelios es sumamente interesante; no es que el ofensor se ponga la piedra de molino al cuello y él se tire al mar, Jesús no sugiere suicidio. El lenguaje de Jesús es más drástico. Él exhorta a que se le ponga la piedra de moler al escandalizador y se le tire a lo más profundo del mar, o sea, Jesús demanda justicia contra todo depredador de la inocencia infantil, de quien propicie que un niño, una niña se aleje de Dios, de sus enseñanzas de paz, de amor, de fraternidad, de la no violencia.

Ay de quien haga “caer” a los niños, que se les inculque la violencia, el odio, el crimen; sea laico o no.

Cierto, el código penal no tipifica como crimen el arrebatar la inocencia a niños, pero cuando se impone justicia contra los terroristas, contra los criminales, violadores, pirómanos, perniciosos, cuando se elimina al que escandaliza, entonces no queda impune este crimen atroz contra la inocencia, la distorsión espiritual de la infancia nicaragüense.

¡Jesús así lo demanda!