Artículo publicado por la campaña de solidaridad con Nicaragua, respondiendo al Guardian sobre la expulsión del seudo-periodista norteamericano Carl-David Goette-Luciak, que incluye también una carta que su amigo Wyatt Reed enviara al Guardian y que en una de sus partes medulares dice: “Debo ser extremadamente claro: en los seis meses que vivimos y trabajamos juntos en Nicaragua, los dos éramos muy abiertos acerca de nuestro plan de utilizar nuestras amistades con figuras de la oposición nicaragüense para presionar por el fin del gobierno sandinista y crear carreras para nosotros mismos como periodistas o consultores en el proceso. No éramos la CIA, pero en muchos aspectos estábamos cumpliendo su mismo propósito histórico”.

5 de octubre de 2018   |   Autor:   walesnicaragua

https://walesnicaragua.wordpress.com/2018/10/05/the-people-you-meet-in-nicaragua/

Desde 1994 Gales NSC ha organizado 14 delegaciones a Nicaragua. Durante 24 años hemos tenido más de 300 reuniones y visitas. Nos hemos reunido con todos, desde ministros de gobierno hasta grupos comunitarios, sandinistas y no sandinistas, para tratar de dar a las delegaciones una imagen lo más amplia posible de Nicaragua. Como un sandinista nos dijo en nuestra última visita en febrero pasado, “regresa y cuéntale a todos lo bueno y lo malo”, ya que ningún lugar es perfecto.

Además de las reuniones formales, también nos reunimos con otros visitantes y sus impresiones también ayudaron a construir la imagen. Uno de nuestros miembros salió a trabajar en Nicaragua entre las delegaciones en 2010 y 2011, y fue entonces cuando se reunió con Carl-David y Wyatt, dos jóvenes de los Estados Unidos, que querían saber más sobre Nicaragua y con gusto por aventuras.

Las trayectorias de la gente en Nicaragua son siempre interesantes. Algunos de los que hemos encontrado han pasado de activistas comunitarios a miembros de la Asamblea. Algunos de los que trabajan en las ONG ahora son voces principales en la oposición, apareciendo en el Diálogo Nacional. Pero lo que le pasó a Carl-David fue particularmente inusual.

¿Equidad y exactitud?

En mayo, su nombre, Carl-David Goette-Luciak, comenzó a aparecer en The Guardian, el Washington Post y la BBC, entre otros. Sus reportajes fueron muy críticos con el gobierno de Ortega, hasta el punto de que parecía casi parte de la oposición. Una rápida mirada a sus redes sociales lo habría confirmado. Sus re-tweets eran a menudo de líderes de la oposición, y muchos de sus "amigos" en Facebook eran oponentes históricos del FSLN desde el momento en que se separaron del partido a mediados de los años noventa.

Su línea estándar (que era música para los oídos de publicaciones como The Guardian), era que esta era la supresión violenta de una insurrección pacífica. La naturaleza unilateral de la cobertura de la violencia ha sido examinada por FAIR (Fairness and Accuracy in Reporting, en los Estados Unidos), que analizó 45 artículos publicados por Reuters (ver  aquí).

A medida que más y más artículos de Carl-David aparecían en los principales medios de comunicación, las redes sociales comenzaron a preguntar cuál era exactamente la agenda de Carl-David? Hubo acusaciones de que había presenciado y voluntariamente ignorado la violencia de la oposición.

A medida que se acumulaban evidencias (que es una de las cosas que el periodismo debe hacer) todo fue puesto en un artículo de Max Blumenthal (ver aquí), publicado el 26 de Septiembre.  Este detalla el involucramiento de Carl David con la oposición, su fracaso en no reportar la violencia de la oposición y mientras aumentaban las acusaciones de parcialidad, también lo hicieron sus intentos de eliminar sus fotos con los líderes de la oposición de sus redes sociales.

¿Quién vigila al guardián?

Como era de esperar, el gobierno nicaragüense finalmente perdió la paciencia con él y fue deportado el 1 de octubre. Aún más predeciblemente, The Guardian dijo que fue expulsado por "cubrir la agitación política de Nicaragua" (ver  aquí). The Guardian declaró que el artículo de Blumenthal era un "insinuación de ataque al periodista", y en caso de que nos quedara alguna duda sobre los motivos del joven, citaron a su padre: "Lo impulsa su amor por el Pueblo nicaragüense y nada más”

The Guardian también presentó como evidencia al Comité para la Protección de los Periodistas, que había emitido una declaración el 26 de septiembre, denunciando los ataques y amenazas contra Goette-Luciak. Nuestra propia Unión Nacional de Periodistas se unió valientemente a la refriega, expresando 'serias preocupaciones sobre la seguridad de los periodistas en Nicaragua'. Vale la pena señalar que la NUJ no dijo nada cuando la estación pro-gobierno Radio Ya  fue incendiada, lo que obligó a los 22 trabajadores a huir.

Entonces, ¿es este otro ejemplo más de la persecución del gobierno nicaragüense a cualquiera que se oponga a ellos, y qué afortunados somos de tener una prensa libre en el Reino Unido y los EE. UU., 1ue actúan solo con integridad y preocupados por la verdad?

Quizás. Excepto por una cosa.

¿Recuerdas al amigo de Carl-David, Wyatt, al principio del artículo? ¿Los dos jóvenes aventureros que quieren saber más sobre Nicaragua? Bueno, Wyatt Reed volvió a Nicaragua con Carl-David en 2016. De vuelta en los Estados Unidos, dos años después, y leyendo los artículos de su amigo, finalmente sintió que había llegado el momento de hablar (vea  aquí la amplia entrevista publicada en El Canario). Wyatt escribió al editor de The Guardian después de su artículo  sobre la deportación de Carl-David; la carta se reproduce a continuación. Hasta ahora no ha tenido respuesta.

Al editor,

Como amigo y ex colaborador de su corresponsal con la oposición de Nicaragua, me siento obligado a poner algunos puntos en claro debido a la histeria reciente de los medios sobre la deportación   de Nicaragua   de   Carl-David   Goette   Luciak.   Debo ser extremadamente claro: en los seis meses que vivimos y trabajamos juntos  en Nicaragua, los dos éramos muy abiertos acerca de nuestro plan de utilizar nuestras amistades con figuras de la oposición nicaragüense para presionar por el fin del gobierno sandinista y crear carreras para nosotros mismos como periodistas o consultores en el proceso.   No éramos la CIA, pero en muchos aspectos estábamos cumpliendo su mismo propósito histórico.

Debo recalcar que no tengo ningún mal deseo contra Carl-David. Lo conozco desde la secundaria. Fuimos mejores amigos durante gran parte de nuestras vidas y solamente quiero dejar las cosas claras. Habiendo pasado varios años en Nicaragua, al momento de nuestra asociación había establecido conexiones con múltiples grupos prominentes en contra del gobierno. Y como le presenté a muchos de ellos, me siento obligado a declarar públicamente que cualquier idea que tuviéramos de ser periodistas imparciales y objetivos era simplemente una mentira.   Llegamos juntos a Managua en enero de 2016, sin experiencia periodística previa, pero con un entendimiento compartido de que el gobierno de Nicaragua representaba una traición fundamental de los ideales socialistas, y el entendimiento compartido de que el partido gobernante sandinista necesitaba ser removido del poder.  

 Desde entonces, he llegado a entender que, independientemente de nuestros sentimientos personales sobre el presidente o gobierno de Nicaragua, cualquier ilusión que tuviéramos de ser excepcionalmente capaces de ayudar al pueblo nicaragüense a lograr autodeterminación estaban finalmente fundados en una especie de complejo del salvador blanco. Me fui, dándome cuenta que los estadounidenses no pueden liberar al pueblo nicaragüense. No hace treinta años, cuando el gobierno de Estados Unidos creó el ejército de la Contra para luchar durante una década una guerra contra la Nicaragua socialista, y no ahora.  Los americanos solo pueden   ayudar   a destruir su gobierno, y en el proceso entregar el poder a los   mismos   neoliberales conservadores que buscan hacer retroceder la red de seguridad nicaragüense,  privatizar los recursos nacionales y deshacer una década de mejoras en la reducción de la pobreza y la atención médica.

Tengo muchos desacuerdos con el partido sandinista. Sin embargo, no siento que el derrocamiento violento de su gobierno puede beneficiar de alguna manera a los nicaragüenses de la clase trabajadora. Lamento con ellos las centenares de trágicas muertes, fallecidos en los tiroteos entre la policía y la oposición armada. Pero si el gobierno sandinista cae debemos preguntarnos:  cuantas decenas de miles más morirán cuando las clínicas de salud sean cerradas? ¿Cuántos niños estarán descalzos, hambrientos y sin educación si su estado de bienestar es abolido?   No pueden simplemente volar de regreso a los Estados Unidos. A diferencia de ellos, los occidentales que provocan el "cambio de régimen" rara vez tienen que quedarse y sufrir las consecuencias.

 

Wyatt Reed

 

VERSIÓN EN INGLÉS: 

https://walesnicaragua.wordpress.com/2018/10/05/the-people-you-meet-in-nicaragua/

The people you meet in Nicaragua…

Posted: October 5, 2018 | Author: walesnicaragua | 

Since 1994 Wales NSC has organised 14 delegations to Nicaragua. Over 24 years we have had upwards of 300 meetings and visits. We have met with everyone from Government Ministers to community groups, Sandinistas and non-Sandinistas, to try to give the delegations as broad a picture of Nicaragua as possible. As one Sandinista said to us in our last visit in February, ‘go back and tell everyone about the good and the bad’, as no place is perfect.

As well as the formal meetings you also meet up with fellow visitors, and their impressions also help build up the picture. One of our members went out to work in Nicaragua between delegations in 2010 and 2011, and that’s when he met up with Carl-David and Wyatt, two young men from the United States, wanting to find out more about Nicaragua and with a taste for adventure.

People’s trajectories in Nicaragua are always interesting. Some that we’ve met up with have gone from community activists to Assembly Members. Some working in NGOs are now leading voices in the opposition, turning up in the National Dialogue. But what happened to Carl-David was particularly unusual.

Fairness and Accuracy?

In May his by-line – Carl-David Goette-Luciak – started turning up in the Guardian, the Washington Post and the BBC, amongst others. His reports were highly critical of the Ortega government, to the point he seemed almost embedded with the opposition. A cursory glance at his social media would have confirmed this. His re-tweets were often from opposition leaders, and many of his ‘friends’ on Facebook were historical opponents of the FSLN from the time of the split in the party in the mid-nineties.

His standard line (which was music to the ears of publications like the Guardian), was that this was the violent suppression of a peaceful insurrection. The one-sided nature of coverage of the violence has been examined by FAIR (Fairness and Accuracy in Reporting, in the United States), which looked at 45 articles posted by Reuters (see here). As more and more articles from Carl-David appeared in the mainstream media,  social media started asking what exactly was Carl-David’s agenda? There were accusations that he had witnessed and wilfully ignored opposition violence.

As the evidence built up (which is one of the things journalism is supposed to do), it was finally all gathered together in an article by Max Blumenthal (see here), published on Sept 26. It details Carl-David’s involvement with the opposition, his failure to report opposition violence, and as the accusation of bias increased, his attempts to remove photos of himself and opposition leaders from his social media.

Who Guards the Guardian?

Predictably, the Nicaraguan government finally lost patience with him and he was deported on October 1. Even more predictably, the Guardian said he was kicked out for “covering Nicaragua’s political upheaval” (see here for the full account). The Guardian stated that Blumenthal’s article was a “lengthy, insinuation-infused attack on the journalist”, and just in case we were left in any doubts about the young man’s motives, they quoted his father: “He is driven by his love for the Nicaraguan people and nothing else.”

The Guardian also called up as evidence the Committee to Protect Journalists, who had issued a statement on September 26, denouncing the smears and threats against Goette-Luciak. Our own National Union of Journalists then bravely joined the fray, raising ‘serious concerns about the safety of journalists in Nicaragua.” It is worth noting that the NUJ said nothing when the pro-government station Radio Ya was burnt to the ground, forcing the 22 workers there to flee.

So is this yet again another example of Nicaraguan government’s persecution of anyone who opposes them, and how fortunate we are to have a free press in the UK and the US, who act only with integrity and concern for the truth?

Perhaps so. Except for one thing.

Remember Carl-David’s friend, Wyatt, at the beginning of the article? The two young adventurers wanting to find out more about Nicaragua? Well Wyatt Reed went back to Nicaragua with Carl-David in 2016.  Back in the United States two years later, and reading his friend’s articles, he finally felt the time had come to speak out (see here for an extended interview with him in the Canary). He wrote to the editor of the Guardian after their report on Carl-David’s deportation – the letter is reproduced below. Up to now he’s had no reply.

To the editor,

As a long time friend and former collaborator of your correspondent with the Nicaraguan opposition, I feel compelled to make a few points clear in light of the recent media frenzy over the deportation from Nicaragua of CarlDavid Goette Luciak. I must be extremely clear: in the six months we lived and worked together in Nicaragua we were both very open about our plan to use our friendships with Nicaraguan opposition figures to push for the end of the Sandinista government and create careers for ourselves as journalists or consultants in the process. We were not CIA—but we were in many ways serving its same historical purpose.

I must stress that I wish no ill will on Carl-David. I’ve known him since middle school, we were best friends for much of our lives, and I want only to set the record straight. Having already spent several years in Nicaragua, I had made connections with multiple prominent anti-government groups at the time of our partnership. And since I introduced him to many of them, I feel compelled to state publicly that any notion we had of being impartial and objective journalists was simply a lie. We arrived together in Managua in January 2016 without prior journalistic experience but with a shared understanding that the Nicaraguan government represented a fundamental betrayal of socialist ideals, and the shared understanding that the ruling Sandinista party needed to be removed from power. 

In the time since, I’ve come to understand that regardless of our personal feelings on the Nicaraguan president or government, any illusions we had of being uniquely capable of helping the Nicaraguan people achieve self-determination were ultimately founded in a kind of white savior complex. I left, realizing Americans cannot liberate the Nicaraguan people. Not thirty years ago, when the US government created the Contra army to fight a decade long war against socialist Nicaragua, and not now. Americans can only help destroy their government, and in the process hand power over to the same conservative neoliberals who seek to roll back the Nicaraguan safety net, privatize national resources, and undo a decade of improvements in poverty reduction and healthcare.

I have many disagreements with the Sandinista party. However, I do not feel that the violent overthrow of their government can in any way benefit working class Nicaraguans. I mourn with them the tragic deaths of the hundreds killed in the gunfights between police and armed opposition. But if the Sandinista government falls we must ask ourselves: how many tens of thousands more will die when the health clinics are closed? How many children will go barefoot, hungry, and uneducated if their welfare state is abolished? They can’t just fly back to the United States. Unlike them, the westerners who bring about “regime change” rarely have to stick around and suffer the consequences.

Wyatt Reed