Después de más de dos milenios que el hijo de Dios se hizo hombre, para cargar sobre sus hombros el tonelaje de todos nuestros pecados y paso por el mundo por el cual se dispuso a vivir y experimentar, sin tener por qué, los peores dolores y tormentos que jamás alguien haya sufrido, seguimos actuando y predicando en nombre de la misma religión por la cual se han hecho “Guerras Santas” y se continúa en el medio oriente asesinando con bombas la inocencia humana.

La religión es el abrigo institucional de nuestra avidez espiritual. Ahora hay muchísimas denominaciones a través de las cuales nos congregamos. Hay católicos, que están perdiendo adeptos en cantidades preocupantes. Hay evangélicos que se están constituyendo en una verdadera fuerza emergente y así menonitas, mormones, budistas, musulmanes y hasta adoradores del diablo si se quiere como aquel movimiento tan polémico y controversial como el “Creciendo en Gracia” que adoraba a un auto proclamado anticristo, ahora desaparecido porque la indiferencia los disolvió o, como aquel, a lo mejor ya ni se acuerdan, un tal “Jesús de los Pobres”, loco que duró en su onda lo que los medios de comunicación le permitieron.

Cada una de estas religiones tiene como guías a profesionales de la fe, a sacerdotes, pastores, rabinos, monjes etc., que se prepararon teológicamente para convencernos a través de la palabra del propósito de la salvación. Estos profesionales de la fe que se particularizan por una vocación muy especial se inician en el camino de Dios sin duda con un propósito profundo de santidad porque son los que desde el púlpito y de la interpretación de la palabra indicaran lo que nos quiso decir el hijo del Dios o sus paradigmas espirituales para que nosotros, hombres y mujeres del mundo, seamos temerosos de la ley divina.

En Nicaragua las religiones que predominan son la católica, aun mayoritaria por un pelo y la Evangélica que con una fuerza tremenda está creciendo a través de la conversión de los católicos y eso preocupa a la jerarquía. Pero al margen de quien sea más y quien sea menos, los católicos y los evangélicos son las religiones predominantes en el país constituyéndose, cada quien en sus ritos o estilos en imperios formados al final por hombres que son un poder económico y que influyen desde la defensa de sus intereses en múltiples cosas.

La religión es la férrea convicción para andar sobre la ruta espiritual que en la gran mayoría de los casos la conocemos porque nos la marcaron nuestros  padres desde la infancia pero es hasta que crecemos y tomamos conciencia real de lo que dicta nuestro corazón que empezamos a discernir y por eso mismo yo veo y lo afirmo categórica e irreversiblemente, que la imagen de nuestros obispos ya no es la de la unidad eclesial porque entre ellos hay quienes utilizan los púlpitos como tribuna política y no niego que tengan derecho a pensar como quieran y a preocuparse por las cosas que crean están mal, pero el problema es que han dejado de decir las cosas con amor, ya hablan con resentimiento y algunos asumen roles que han  afectado la imagen que un día tuvimos de ellos y hasta vemos que se apartan de aquellos que equivocados o acertadamente no pensamos como ellos y mientras eso pasa la iglesia evangélica les ha tomado la delantera criticando lo que está mal con amor y celebrando valientemente lo que está bien porque la intolerancia solo quiere permitirte ver lo negro y no lo blanco.

Por asuntos de religión mueren inocentes y atrozmente en las tierras donde el hijo de Dios nos mostró el camino para dar vida, luz y esperanza. Pero es curioso que en aquellos tiempos cuando Cristo hizo la obra del Padre las religiones ya habían sido inventadas por los hombres y fueron religiosos quienes lo crucificaron. Jesús de Nazaret ordenó a Pedro levantar su iglesia, pero no le habló de religiones y fue así que nos nació el cristianismo por el que los hombres fueron perseguidos de la misma manera que siguen siendo perseguidos por quienes matan hoy a nombre de la guerra santa.

Ahora hay religiones que para proclamar su fe imponen prácticas raras como permitir la esclavitud como pasa con las mujeres en el medio oriente o en el extremo muy conveniente de tener a la vez varias de ellas o las que se puedan mantener como en otras sectas de origen anglosajón.

Un escándalo que hace unos años estremeció al catolicismo fue el del Padre Alberto Cutie que nos mintió a todos porque desde la televisión, donde explotaba su perfil, nos hablaba de tantos temas y valores, que nunca nos pasó por la mente contra qué estrellaría su vocación. Ahora el tal padrecito Cutie —avistado por un paparazzi en un solo arrumaco playero— se cambió a otra religión que le permitió normalizar sus apetitos carnales. Sin embargo y lo que es más cierto es que el tal padrecito Cutie sabía a qué se metió al aceptar el celibato en su ordenación. Él aceptó los reglamentos y tomó los hábitos para respetarlos y defraudó al mundo católico y se sumó a otros que siendo menos públicos repiten lo mismo.

Quiero decir con todo esto que no son las religiones las que salvan y no son las iglesias las que nos hacen más cristianos. Está bien ir a las iglesias y congregarse para escuchar la interpretación de la palabra y que cada quien en su religión tenga un medio para acercarse más a Dios, pero creo, que lo que va a contar a la hora de la verdad, cuando tengamos que rendir cuentas de lo que hicimos para tratar de alcanzar la eternidad, es otra cosa.

Nuestro paso por éste mundo corrupto y lleno de tentaciones que nos representa el infierno mismo no es absolutamente nada en términos de tiempo a lo que nos espera cuando nos vayamos y cuando eso suceda lo que realmente valdrá es como nos comportamos aquí y que obras hicimos por todo aquel necesitado que Cristo nos envió para ayudarle.

El amor al Cristo que entregó por nosotros su vida, murió para vencer a la muerte y resucitó para nuestra salvación no es tanto un asunto de púlpitos, de sacerdotes y pastores sino de la iglesia que cada uno de nosotros como seres humanos representamos.

Está bien que los profesionales de la fe nos interpreten la palabra de Dios, pero está mal, pésimamente mal, cuando a nombre del Creador del universo, quieran que aceptemos como propia la visión política que del mundo tienen algunos obispos que aquí en Nicaragua santifican no solo el odio, la muerte y el crimen, sino que además han sido consentidores y hechores de la deshumanización que vivimos hace unos meses atrás.

 

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.