Las redes sociales desde que se crearon han logrado ser aceptadas por el ser humano, hasta el punto de volverse una necesidad en nuestros días. No está demás decir que llegaron para quedarse.

Cada vez que utilizamos nuestras redes sociales estamos consientes que las utilizamos para diferentes fines, pero lo que no sabemos que las plataformas sociales modifican nuestro cerebro. El cerebro cuenta con una serie de redes neuronales que antes no eran utilizadas, ahora es todo lo contrario, estas son activadas, pero no todo es un cambio positivo. El aspecto negativo de utilizar nuestras redes de formas compulsivas no es sano porque se vuelve muy adictiva hasta convertirse en una patología Psiquiátrica. 

Biológicamente, se ha demostrado que las redes sociales provocan una estimulación hasta el grado de provocar cambios en la dopamina, la serotonina,  la oxitócica, la adrenalina,  la testosterona y el cortisol.   

La serotonina se relaciona con realizar más inversiones y compras vía online, la adrenalina se activa al momento de la utilización de las redes, está vinculada con la excitación que producen estas, mientras que la dopamina es liberada al recibir una reacción ósea el tan deseado “LIKE”.

El comportamiento modificado es debido a la serotonina convirtiendo al individuo más  introvertido en las prioridades individuales en los grupos.  Los altos niveles de testosterona  implica esa necesidad de adquirir más amistades virtuales. Por último la cortisol permite tener una lealtad de amistades en tus redes.

En conclusión las redes sociales han venido y seguirán cambiando los funcionamientos de nuestro cerebro, teniendo perdida de concentración y prestar menos atención, además de no escribir ni leer  en mayor cantidad. Pero los aspectos positivos son ganar más amigos, encontrar pareja o relaciones sexuales, sin obviar  el gran impacto en la educación, las compras online y la búsqueda de trabajo.