Me motiva escribir este artículo cuando en la coyuntura actual leo y escucho algunas voces de compañeros que expresan –con justa indignación­– su sentimiento de dolor y enojo por las atrocidades que han causado los derechistas golpistas, exigiendo “Mano dura”, “confrontación directa”, “que golpeemos al enemigo” sin mostrar signos de debilidad —según ellos— con mensajes de amor, reconciliación y paz. Fue hace pocos días cuando publiqué el siguiente resumen del escrito reflexivo de la compañera Rosario Murillo que dice: “¡Qué inmenso Desafío es la Paz! Qué inmenso Reto a las Capacidades Espirituales del Ser Humano representa el Camino de la Paz, el Camino del Encuentro, el Camino de la Reconciliación. Son Luchas Interiores las que debemos librar para caminar la Paz. Luchas Interiores que debemos librar desde la Fe y la Esperanza, para que prevalezca el Bien, sin mirar a quién, y para que vayamos reconstruyendo Confianza”, que me preocupé más sobre algunos mensajes que decían que no se puede perdonar a los golpistas y traidores —¡Ni perdón, ni olvido!–, que no se puede andar con blandenguerías, que no se puede dar marcha atrás, que los golpistas deben pagar; esos mensajes los consideré, y considero injustos en vista de que llevamos meses de manifestar nuestra indignación colectiva, de marchar y exigir justicia y reparación, que paguen los culpables y lo están pagando, pues ninguno de esos actos de barbarie quedará en la impunidad. Siendo la reconciliación y alcanzar la paz un asunto muy complejo por las múltiples variables y sensibilidades muchas veces confrontadas que intervienen para lograrlo, sin pretender que soy “el dueño de la verdad” pues todos sabemos que nadie lo es, pues ésta se forma de múltiples verdades, según el espejo con que se miren los hechos y las actitudes que tomemos frente a ellos; me atrevo a discernir con sana intención, apoyado en los criterios de los expertos, buscando la mayor simplicidad del idioma sobre tema tan complejo, que puede provocar múltiples reacciones a favor o en contra, pero de eso se trata, que todos opinemos con absoluta libertad.

Inicialmente debemos tratar de entender el significado de la palabrita sabrosa, pero de escabroso camino: ¡Reconciliación! Debemos lograr razonar que reconciliarnos es un proceso, muy, pero muy complejo, que tiene múltiples dimensiones, pues se realiza desde una perspectiva social y especialmente política. Así como la reconciliación fue la única alternativa para lograr la paz después de 10 años de cruenta guerra en los años ochenta, por causas que es del dominio de la inmensa mayoría del pueblo, considero que lo planteado al respecto por el Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo, es la alternativa más que viable, para que la violencia extrema que hemos sufrido y que los golpistas quieren continuar. Es por medio de la reconciliación que el actual conflicto lo podemos transformar de forma pacífica en un oasis de paz. Camino difícil, pero con arduo trabajo podemos lograrlo.

Durante los meses de abril a junio, con mayor intensidad, y de julio a septiembre, con menos intensidad, todas esas variables y dimensiones humanas fueron manifiestas, iniciando por la manipulación de la religiosidad de nuestro pueblo, que fue impulsada principalmente por la iglesia católica, que como una fuerza importante del tejido social de nuestra nación, influyó negativamente en las actuaciones de los [email protected] que sólo volvieron sus rostros a las víctimas directas, positivas o falseadas de los grupos que de forma planificada [email protected] lanzaron a la aventura irracional del golpe de estado, por medio de métodos terroristas que causaron asesinatos, heridos, saqueos, incendios, desempleo y destrucción de buena parte de la economía y del patrimonio nacional y privado. Por otra parte, los políticos, los renegados del Frente Sandinista, frustrados en sus ambiciones de poder, el gran capital y algunos grupos de estudiantes fácilmente manipulados, que fueron los principales promotores del fallido golpe de estado y sus nefastas consecuencias expuestas, no asumen su inmensa responsabilidad de los hechos y buscan en las fuerzas externas provocar un mayor daño; hacen aún más complejo el proceso de reconciliación que lleve nuevamente a las paz, prosperidad y seguridad de la que gozábamos los nicaragüenses antes del 18 de abril.

Por lógica humana y esencialmente por los factores psicológicos, son comprensibles las manifestaciones de sentimientos de rabia, dolor, tristeza, deseos de venganza y mucho, pero mucho resentimiento que sienten y expresan los familiares, [email protected], [email protected], compañ[email protected] de trabajo y [email protected] militantes del Frente Sandinista, respecto de las ciento noventa y nueve víctimas de los golpistas terroristas. Son ellos los que han afectado al pueblo, sin distinción de sus simpatías políticas e ideológicas, son ellos los responsables de los síntomas que afectan la salud física y mental de los afectados, debido a que experimentan sentimientos de haber sido escarnecidos, humillados y violados en su dignidad humana. ¡Qué tragedia! Por esa situación angustiosa y desesperante, es fácil deducir que se deben realizar acciones prácticas, no teóricas, sin especulación, que el único camino viable es la reconciliación entre [email protected] que nos lleve a la paz, la prosperidad y la seguridad. Comprendemos que principalmente los afectados jamás podrán borrar de sus mentes el horror vivido, las cicatrices de su cuerpo y alma se lo impedirán, pero también todo el tejido social que fue afectado. Por el objetivo superior expuesto ¡La reconciliación para alcanzar una paz duradera!, todos debemos trabajar para lograrlo. Pero, ¿Cómo podemos hacerlo? Exponemos algunas de nuestras consideraciones.

Como lo ha dicho la compañera Rosario Murillo: “¡Qué inmenso Reto a las Capacidades Espirituales del Ser Humano representa el Camino de la Paz, el Camino del Encuentro, el Camino de la Reconciliación! Son Luchas Interiores las que debemos librar para caminar la Paz”. Por tanto, qué lucha implacable con nosotros mismos para dar inicio al proceso de reconciliación: PERDONAR, lo que nos exige no actuar con violencia, ser capaces de sobreponernos a los sentimientos de odio, de ira y los nefastos deseos de vengarnos de las afrentas recibidas. Debemos ser capaces de rechazar a las personas que, guiadas por intereses políticos personales o de grupo, aprovechan el conflicto que ellos provocaron para promover esos sentimientos negativos que son un obstáculo para la reconciliación y la paz. Qué difícil, pero qué difícil resulta a [email protected] el que podamos reconocer que los golpistas y sus seguidores son seres humanos y que, por lo tanto, tienen su propia dignidad como personas, que les impulsa a no dejarse agredir, a que los humillen o los degraden. ¡Qué clase de complejidad para la reconciliación y la paz! Pero, por los resultados finales que ese proceso tiene: lograr parar las pérdidas de vidas humanas y menores daños a la economía nacional, así como permitir la estabilidad necesaria para el período sostenido de recuperación económica y social, todas las iniciativas deben estar dirigidas a superar de forma pacífica los conflictos que los mismos golpistas han provocado y quieren seguir provocando. [email protected] los nicaragüenses estamos claros que no podemos renunciar al derecho de aplicar justicia y reparación, llevando a los culpables directos e instigadores ante la justicia para que, de ser hallados culpables conforme la ley, paguen por sus crímenes y vandalismos. Esta no es una posición contradictoria con el objetivo final de la reconciliación y la paz, todo lo contrario, facilita una transición pacífica y reivindica los derechos de justicia de las víctimas.

Lógico, los terribles actos de muerte, destrucción y violencia que generó el intento fallido de los golpistas, que tuvieron su principal instrumento en las personas que levantaron los tranques, generaron sinceras emociones que legitimaron en su momento los deseos y actos de revancha, el deseo de desquitarse; asimismo, el proceso de construcción de la paz duradera, permite la generación de emociones relacionadas al perdón con justicia y reparación, y procesos dinámicos con las personas, la familia la comunidad y grupos sociales y políticos que nos conduzcan a la ansiada reconciliación. Es responsabilidad de [email protected] los nicaragüenses integrarse con convicción patriótica, a trabajar para apoyar las políticas de intervención social que emanen del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, necesarias para facilitar emociones, condiciones y acciones que posibiliten el perdonar, sin que ello signifique una afrenta a la dignidad de las víctimas de la violencia golpista y terrorista, lo que incluye a su familia, su comunidad, sus centros de trabajo o negocios por cuenta propia. Reflexiono sobre el dolor que esto significa a las víctimas, que sólo puedo evocarles las palabras de perdón pronunciadas por el paradigma de la paz, Mahatma Gandhi: “El débil nunca puede perdonar. El perdón es el atributo de los fuertes” Asumo esas frases como la fortaleza y la consciencia moral de quienes, en las actuales circunstancias tengamos el valor moral y ético de perdonar. Además, Gandhi nos advierte las consecuencias si no tomamos conciencia del perdón, si nos burlamos de esa actitud cristiana: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”.

Para las personas nicaragüenses que practicamos el cristianismo, que representamos más del noventa por ciento de la población, Jesucristo nos legó su enseñanza personal de perdonar, cuando antes de morir en la cruz, después de haber sido burlado, escupido ultrajado, azotado, torturado y clavado de manos y de pies, así como abierto su costado derecho con una lanza, por los soldados romanos, exclamó a Dios Padre: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Así también Cristo nos dejó el mensaje de aplicar justicia a los malvados que practican la perversidad a sus semejantes. Por mi parte no encuentro ninguna contradicción en ambos mensajes. Los líderes planificadores e instigadores, los culpables de las atrocidades deben ser —como se está haciendo— enjuiciados y castigados conforme lo establecen las leyes del país. Pero, con la inmensa mayoría del pueblo —como fue el caso en la crucifixión de Jesús— que evidentemente no participó, con las personas engañadas por las falsedades de los mensajes de los golpistas, las que ya no se dejan engañar, independiente de sus creencias políticas e ideológicas, debemos generar condiciones favorables para que todos nos apropiemos del espíritu emocional de reconciliación, especialmente los directamente afectados. Estas acciones deben aplicarse con la intención de destruir los discursos de los políticos golpistas y las falsas narrativas de sus medios de comunicación que día y noche martillan la mente y conciencia de los ciudadanos que los escuchan, leen y miran sus imágenes falsas; tratando de deslegitimar a nuestro gobierno electo de forma legítima de acuerdo a la ley electoral, y de legitimar sus acciones violentas, incitando incluso una intervención militar y la guerra fratricida. Si rechazamos la violencia y realizamos las acciones que lleven a eliminar el miedo, alimentar la esperanza, al perdón, entonces la reconciliación y la paz serán una realidad. No deberíamos tomar posición en los extremos del conflicto provocado por los golpistas, eso es lo que ellos pretenden.

Es importante estar claros que el perdón y la reconciliación, no se puede imponer, por el contrario, debe ser un proceso lento, que incluya una perspectiva de derechos para todos; no se puede minimizar, ni manipular, ni servir a otros fines. Debe incluir obligatoriamente los puntos de vista y las necesidades reales de las personas afectadas directamente por la violencia. Se debe procurar que cuenten con el apoyo necesario, respaldo concreto, escucharlos de forma permanente, reivindicarlos en sus derechos. Por lógica, con este tipo de atención, tendrán mayor disposición al perdón, la reconciliación y la paz. El otro camino, que no creo que sea deseado por la inmensa mayoría del pueblo, es el camino de la confrontación, la guerra, la destrucción, el hambre, el dolor y la muerte de miles de nosotros.
El objetivo final de lo aquí planteado es la defensa de la revolución y el gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional que preside el Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo. Es nuestra obligación militante, independiente de nuestros sentimientos y formas personales de actuación. Tanto [email protected] duros, [email protected] tímidos, [email protected] intelectuales, [email protected] obreros, [email protected] que sólo salen a votar por el Frente Sandinista, [email protected] que trabajamos activamente en la lucha en las redes, [email protected] empleados, [email protected] medio empleados, [email protected] desempleados, [email protected] que trabajan por cuenta propia. [email protected] campesinos; TODOS, a trabajar por la paz y la reconciliación. Todos tenemos algo que aportar. El camino hacia la paz y la reconciliación de nuestra patria no está cubierto de rosas y jazmines, sino de renuncias personales, trabajo, sudor y lágrimas, la satisfacción es la felicidad del pueblo.

Somos y seremos militantes de la causa Sandinista.
¡Vamos por más victorias!