La falsa imagen que los medios hegemónicos de la derecha transmiten de la realidad nicaragüense, nos trae a la memoria las palabras del pintor René Magritte, profundo conocedor del reino de las imágenes, cuando decía: “las imágenes están incompletas y nos engañan y nos traicionan”. No dudemos ni un instante que éstas imágenes engañosas forman parte de la maquinaria propagandística de las “democracias occidentales” contra aquellos pueblos que no se inclinan a su política imperial.

La imagen es el mensaje, diría Marshall McLuhan, ejemplo de ello: la fechoría pública de CNN, al no rectificar que la manifestación presentada en sus emisiones pertenece a una anchurosa y sólida marcha sandinista, no a un pucho (hallazgo lingüístico perfecto de la Compañera Rosario) de individuos de la oposición golpista caminando por un callejón sin salida; imagen que, de alguna manera , como advertía ya Walter Benjamin, al analizar la singularidad de la obra y de cualquier acontecimiento, “tritura el aura”, y lo irrepetible pierde su autonomía y su justo valor. “La verdad os hará libres” es un principio que los medios occidentales han olvidado, siendo suplantado por las fake news, verdaderas mascaradas que sostienen hoy su visión de la democracia.

La imagen como montaje de la realidad se opone esencialmente a los múltiples significados que aúna el mundo real. Así, la imagen que los medios de prensa presentan sobre Nicaragua deviene del orden del simulacro, tal como lo entendía Jean Baudrillard, porque “el simulacro sustituye la realidad; ya no hay relación alguna entre las imágenes y la realidad, ni tampoco hay, propiamente, realidad: ésta se pierde continuamente en sus simulacros”. A la manera del título de la obra de Goya acerca de la razón, podríamos decir: “las imágenes que no representan la realidad, producen monstruos”. La derecha golpista celebra ésta sucia propaganda desatada en el exterior, considera que la toma del poder está cercano, que la “guerra mediática” ya la tienen ganada. Pero de la misma manera como fracasaron en sus tranques siniestros, fracasarán en la guerra de imágenes. Heráclito comparaba el origen de la verdad al irrumpir del relámpago, que ilumina de pronto el espacio de los sentidos, pero cuando podemos dar testimonio de “eso” que vimos, ya ha pasado y nos encontramos de nuevo en la oscuridad. Por lo tanto, la verdad es descorrer continuamente las cortinas que ocultan lo real. No por mucho tiempo los medios podrán sostener su versión de la “verdad”. Porque si la verdadera realidad de Nicaragua no es tomada en cuenta por la prensa extranjera, es por la simple razón de querer imponernos -cueste lo que cueste- su modelo político, o podemos expresarlo de otra manera: quieren obligarnos -a fuerza de artificios- que asumamos su versión única de la “democracia”.

Así lo piensa Alain Badiou, filósofo contemporáneo cuya importante obra tiene un mensaje de esperanza para el mundo, para él “es evidente que las ‘democracias’ como la de Estados Unidos o la de Gran Bretaña, o también de los otros países europeos, son los regímenes políticos del imperialismo contemporáneo. No se puede esperar nada de la forma ‘democrática’ de esos Estados que practican la invasión, el bombardeo, el crimen de masas. En realidad, en la actualidad las ‘democracias’ organizan una guerra implacable contra todos los pobres del planeta.

El camino es crear una política completamente ajena a esa presunta ‘democracia”. Estados Unidos, y en última instancia –continua nuestro filósofo- todos los Estados occidentales, quieren llevar la democracia a los pueblos del mundo exactamente de la misma forma en que los conquistadores pretendían llevar la ‘verdadera religión’ a los indios”. Es demasiado claro, pues, que la política del estado sandinista sea ajena y no del gusto de aquellos países que desean poseer el dominio de la geopolítica mundial.

Badiou es un filósofo que despierta nuestra interés porque nos pone en contacto con los problemas actuales de Europa y de nuestro continente; en una de sus obras más importantes y más leídas, Pablo de Tarso: La fundación de la Universalidad, el pensador observa en el Apóstol una concepción que no toma en cuenta las políticas de identidad o de las diferencias. En este sentido, Pablo de Tarso reivindica el universalismo igualitario, pues amplía el amor “para todos” negando los particularismos comunitarios, el amor –dice el filósofo- “universaliza la singularidad del acontecimiento”. Compara la época en que vivió el fundador del Cristianismo y concluye: “si trasportamos a Pablo y sus enunciados a nuestro siglo, nos damos cuenta de que encuentran aquí una sociedad real tan criminal y corrompida como la del imperio romano, pero infinitamente más resistente y acomodaticia que aquella”. Este bello libro nos aclara que “en Pablo no hay un mensaje de muerte: Cristo murió porque tenía que resucitar, pero no resucitó porque estuviese muerto”.

Mensaje de vida entonces, tan diferente al discurso de algunos obispos de la Conferencia Episcopal que prefieren la ideología del “todo está permitido” olvidando su labor pastoral, actuar que les aproxima a la experiencia de muchos personajes de Fedor Dostoievski, habitados por la venganza y el odio, tanto que el Otro ya no es visto como hermano, sino el enemigo demoníaco a abatir. El léxico del obispo Mata, por ejemplo, está poblado de vocablos invocando a la violencia que nos lleva a pensar si no estamos frente a algún Raskólnikov en potencia mirando pasar el entierro con el féretro de sus propios crímenes. Alain Badiou ejerce también una lucha constante contra lo que él llama  “demonios de esta época”: la manipulación de imágenes y la carencia ética en la esfera mediática; eleva su voz contra aquellos intelectuales ciegos a los nuevos peligros que enfrenta la civilización humana, opinando que “los intelectuales son hoy los perros guardianes de los que mandan”.

Las palabras que acabo de transcribir de éste filósofo francés, vivito de 80 años, parecieran dirigidas especialmente a algunos de nuestros intelectuales que apoyan al MRS y a la extrema derecha golpista. A ellos les digo: la realidad, señores, no la configura un solo discurso, y no hemos llegado al fin de la Historia: ni la Revolución se ha perdido ni los muchachos han levantado sus manos para decirnos adiós, aquellos que lo conjeturaron trataron de poner en práctica una descarada “manipulación burguesa del tiempo”, como lo dijo claramente Furio Jesi. Simplemente, buscaron reacomodarse a la ley del eterno retorno para la placidez de sus noches. Pero la Historia es fundamentalmente discontinua, como pensaba Walter Benjamin, fragmentaria y contrapuesta al tiempo homogéneo e infinito; multidireccional la Historia se está abriendo a un mundo multipolar donde la soberanía de cada país será respetada.

Intelectuales que ya olvidaron lo escrito en tono de aviso por Carlos Martínez Rivas: “Washington es la capital del Capital”. Lección vigente que deberían releer todos los que han sido reclutados por la capital del Capital (ahí donde están los señores de la guerra, los señores del dinero) que calculan la política como una ambición personal, siguiendo la imagen que el mundo unipolar refleja a sus propósitos.