Cuando uno explora y busca respuestas para encontrar una sola justificación que avale todo lo que se desprendió del 18 de abril, que según cifras oficiales dejaron 197 muertos, y compara la Nicaragua de antes con la de hoy, nos deja claro, al menos para una montonada de gente, que esto fue únicamente por el poder.

Hay por supuesto quienes desde la acera del oposicionismo acentúan en su discurso político palabras como “democracia, libertad, paz, justicia, estado de derecho” y otras para contra ponerlas con aquello de “la dictadura, la dinastía, la represión y la falta de institucionalidad” que según ellos existe, pero autoritarismo, que, por una mínima muestra del vandalismo ejecutado aquí, en otros países, por ejemplo Estados Unidos, que es el paradigma de muchos sirvientes nacionales, fácilmente les hubiera valido para ser puestos en la silla eléctrica o en el mejor de los casos a ser sentenciados a cadena perpetua y hasta con carácter renovable.

Yo conozco el cebo de mi ganado, vengo del triperio de quienes propagandísticamente se venden como demócratas, aunque el rostro de cada uno de ellos sea el de dictadores caníbales y chupa sangre a los que siempre el interés personal les gana porque no existe en ellos una sola partícula de sensibilidad humana que les permita aflorar una sola molécula de solidaridad o de entender que no solo ellos tienen derecho a trascender sino que atrás del supuesto liderazgo que venden vienen otros a los que en vez de darles la oportunidad para que muestren lo que políticamente tienen lo que hacen es amarrarles un yunque y tirarlos a una poza para que desaparezcan.

Yo no solo fui testigo del egoísmo pernicioso de las argollas y de las élites en esos partidos, que de demócratas solo tienen lo que ponen en el membrete de la papelería, sino que además víctima directa de sus líderes, que en vez de observar un cuadro que nutriera a la organización, miraban a una competencia que había que anular porque el espacio lo querían solo aquellos que en el bautismo quieren ser los niños, en la boda quieren ser los novios y en la vela quieren ser los muertos.

Debo decir francamente que el liberalismo, que retomó el poder en 1997 con Arnoldo Alemán pudo haber dado mucho más de lo que realmente ofreció porque llegó al poder de la mano de un liderazgo fuerte y con propuestas posibles, sin embargo, se perdió en las nubes de un poder proteccionista que consideraba que tenía más peso una onza de lealtad que cien libras de inteligencia y al final les hizo mucha falta porque sus contradicciones terminaron agrietando letalmente la poderosa plataforma que dejó de ser atractiva para cualquier alianza que tomó forma en muchísimos islotes que terminaron como archipiélagos, juntos en una misma geografía oposicionista, pero cada quien en su lugar sin pretender acercamientos con nadie.

En las elecciones del 2006, el liberalismo partido en dos bloques, uno candidateado por José Rizo y el otro por Eduardo Montealegre, fue vencido claramente por un Daniel Ortega que a la cabeza del FSLN y al frente una alianza sólida y unida, llegó al poder para quedarse y los liberales estábamos claros de ello porque siempre supimos que si los rojo y negros lo retomaban sería difícil bajarlos.

El tiempo dio la razón a quienes desde el triperio estructural del liberalismo decíamos a los “máximos y medianos líderes” que se unieran, que dejaran a un lado sus egoísmos porque si Daniel regresaba al poder se entregaría por completo a dar la respuesta social que esperaban ávidamente los nicaragüenses y que los “demócratas” nunca pudimos ofrecer en 17 años de gobierno y eso fue efectivamente lo que pasó.

Desde el 2006 hasta nuestros días el oposicionismo, una rara amalgama ideológica de interés dispersos perdió una y otra elección y siempre encontró en cualquier cosa menos en su división la causa por la cual nunca pudieron vencer y nunca lo hicieron porque es hoy y todavía no se les conoce una sola propuesta al pueblo de Nicaragua en función de su bienestar que no sea que se quite, que se vaya o que Daniel les entregue el poder, como si se tratara de recibir una casa bien equipada bajo la modalidad de llave en mano. El oposicionismo es bruto porque cree que la razón está en la fuerza y se enredan porque pretenden combatir al Presidente Daniel Ortega que contrariamente piensa que su fuerza está en la razón.

En el oposicionismo unos y otros no se pueden ver ni en pintura y son tan evidentes que ya ni las apariencias ocultan y públicamente se tiran a matar y así como están, si hoy fuéramos a elecciones, el sandinismo que por las mismas torpezas de los llamados “demócratas” pasó de ser un partido para convertirse en una familia, los revolcaría y saben porque, porque así lo dicen los protagonistas que en un canal cablero protagonizan la misma película de siempre “Los lunes negros” y que advierten que esto de la llamada Alianza Cívica por la Democracia es un verdadero desastre. Hoy eso del adelanto de las elecciones no está en el radar, según Daniel Ortega, no porque la Alianza Unida Nicaragua Triunfa esté débil, sino porque la responsabilidad llama a la sensatez porque una campaña electoral polarizada es peligrosa, pero por lo advertido por estos actores de los “lunes negros” aquí hay frente para después del 2021.

 

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.