Nicaragua sufre las tempestades de su presente. Llora las muertes de todos sus hijos golpeada por escenas que creíamos idas y que reeditaron los que apuestan por insultos de los unos contra los otros como si ello representara el medio de solución a nuestras controversias.

La Nicaragua que tenemos no puede ir en reversa. No hay nada, absolutamente nada, que justifique el sufrimiento que le infringimos y en consecuencia debe imperar el diálogo y el entendimiento para encontrar salidas que permitan retomar el camino de la paz, la paz de la estabilidad y la seguridad que son los grandes activos que debemos ofrecer al mundo.

Los que deseen protestar porque se sienten insatisfechos por lo que quieran que lo hagan desde el derecho constitucional que les asiste, pero respetando cada quien las posiciones del otro sin insultos, sin golpes, sin pedradas, sin balas, sin odios.

Como periodista lamento que algunos medios en vez de calmar las aguas aticen el fuego de la confrontación y que nos descalifiquemos porque las ideas de cada quien son distintas y ese es un derecho que tenemos, pero a lo que no tenemos derecho es a mentir, a manipular, a ponernos al servicio del odio para convertirnos en pesadas ametralladoras con impresionantes cadencias de fuego que han dejado a nuestros pies cualquier cantidad de cadáveres.

Hay odio en las protestas y eso es malo y hay odio también en la forma en que algunos medios y espacios descaradamente partidarizados transmiten las protestas y eso es gasolina sobre la hoguera que vamos a lamentar, porque si observamos, el país está aparentemente calmo, pero visiblemente tenso bajo un clima donde los trabajadores y los empresarios pierden y el país está siendo mal visto desde afuera.

Debo igualmente patentizar mi tristeza por el uso que hemos dado a Facebook. Es increíble la capacidad demoledora de las opiniones de los unos contra los otros. Todos tenemos derecho a pensar o actuar como queramos y en ese sentido a apoyar o desestimar “x” o “y” posición, pero nada justifica que te digan bascosidades por ello cuando quien lo hace solo sabe que existís, pero no sabe quién eres.

En Nicaragua desde el 2007 hasta el 18 de abril de éste año, han pasado muchas cosas buenas y es de valientes reconocerlo ante la insensatez de aquellos que desean que éste país retorne al pasado cayendo al precipicio de la guerra sin que ni en juegos hayan participado en una. No tengo que sentirme mal por reconocer el progreso que hemos vivido, al contrario, lo estimulo, lo aplaudo y deseo que continúe y por esa misma razón, desde mi estado de confort llamo al diálogo sincero e insisto en que todos nos convirtamos en pacificadores efectivos y no supuestos porque esta es la única patria que tenemos y en la que somos la que somos porque aquí nos vamos a quedar.

Está bien que los que no comulguen con la actual administración de gobierno asuman una posición política contra cualquier cosa que haga el Presidente Daniel Ortega y que sean persistentes en ello, pero deberían obligarse a desmontar todo el espanto que han impuesto y sustituirlo por una organización que hoy por hoy no tienen y que sea capaz de competir en elecciones de la manera que lo estimen más conveniente.

Si tienen dudas del órgano rector de los procesos electorales pues hay que revisarlo y reformarlo, de por sí es un tema que se ha venido trabajando con la Organización de Estados Americanos y así lo ha certificado su Secretario General Luis Almagro, pero este es un tema sobre el que hay que dialogar y que de ninguna manera puede exigirse a balazos, sobre todo en un país donde al más tierno hemos acostumbrado a jugar con pistolas. Soy solamente un nicaragüense más que siente aflicción en su corazón por escenas violentas que veo reeditadas y que desde la misma manera que condené ayer lo hago hoy.

No vale amigos santificar las manos que se alzan contra el país. Cuando hay muertes, cuando hay heridos y cuando hay insultos no son personas las que sufren sino familias a las que se abren heridas que causan resentimientos y que son diabéticas porque duran años y décadas en sanar y muchas veces terminan amputando nuestra capacidad de comunicarnos y de entendernos civilizadamente.

Debo decir finalmente a los que furibundamente me atacan porque soy parte de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, que mi identidad liberal sigue siendo la misma, que sé reconocer lo mucho de bueno que desde esta opción se ha hecho en los últimos once años y que me siento en la total y absoluta libertad para aconsejar desde mi opinión pública sobre los desaciertos que puedan surgir como consecuencia del ejercicio del poder y eso no tiene por qué hacerme enemigo de nadie porque sobre mi hermosa espalda no tengo el fierro de nadie, ni soy dueño de nadie y mi vida no gira en función del capricho de este o aquel y en consecuencia vivo mi libertad para apoyar lo que creo es de mayor conveniencia para mi país por el cual he expuesto todo.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.