La justicia es una constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde. La justicia se ha convertido en una cualidad del ser humano, en la que se decide, se apoya, se juzga, se establecen parámetros de igualdad para todos.

El ser humano tiene la propiedad de usar a la justicia como un bien de provecho, o de valerse por sí mismo gracias a ella para lograr el bien común. La justicia es representada como una mujer con los ojos vendados con una balanza en una mano y una espada en la otra, esta representación, simboliza la imparcialidad de la justicia verdadera.

Traigo esto a colación porque, tras los acontecimientos del 18 de abril que sobrepasaron las capacidades de muchos para entender cómo llegamos a esto, el odio y la saña tienen un lugar en el banquillo de los acusados como fuente de hechos delictivos que nunca debieron pasar pero que condujeron a actos que no pueden quedar impunes, que deben ser investigados y sometidos a la justicia.

Se nos hizo común entre un pueblo que marcha todos los días por diferentes calles y avenidas, unos a favor y otros en contra del gobierno, unos sandinistas y otros opositores, ver en alto relieve enormes fotografías de gentes que han muerto en los últimos tres meses y tras cada deceso una historia que contar sobre el dónde, cuándo, cómo y porqué pasaron estas cosas.

Unos eran estudiantes, otros eran policías, otros transeúntes en el lugar y momento equivocado, pero todos nicaragüenses al fin y en la demanda de llevar un poco de consuelo a las familias dolientes en cada marcha lo que se oye es el grito desgarrador de ¡JUSTICIA, JUSTICIA, JUSTICIA!

Nicaragua tiene que volver al estado de antes del 18 de abril y para ello no puede haber un muerto más, independientemente de donde venga la violencia tenemos que imponernos calmar las tempestades y aceptar todos que hay que hacer ¡JUSTICIA!, no por propia mano, porque volveríamos a empezar, sino a través de los canales que correspondan y de lo que ya están haciendo la Comisión de la Verdad y el Grupo Interdisciplinario Internacional.

Es necesario que toda la nación sepa la verdad de los acontecimientos, la verdad de lo que pasó porque ese es el primer paso para hacer justicia y cuando hablamos de justicia no es aquella que es buena para unos, pero no para los otros, sino de una justicia que sea para todos donde se aplique al gordo y al flaco, al sacerdote y al pastor, al rico y al pobre, al blanco y al negro, al alto y al bajo, que implicado en actos delictivos contra un sandinista o un opositor sea capturado, investigado, juzgado y condenado.

La justicia en este caso no debe distinguir entre un hombre o una mujer, entre un joven y un viejo, entre una figura pública y un absoluto desconocido porque la justicia es ciega y su dominio lo alcanza cuando la balanza de la razón permite el equilibrio verdadero para fallar contra el culpable en beneficio del inocente.

Hoy, muchos que asesinaron, robaron, saquearon, torturaron e incendiaron están preocupados y hasta se declaran perseguidos políticos porque la policía anda tras sus pasos y para dramatizarlo más dicen que la dictadura los busca.

En este mundo, como decía Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cada quien es dueño de su propio miedo y parafraseándolo yo diría que cada quien es dueño de sus propios actos y ahora que los buscan, después de andar de valientitos se sueltan en llantos y utilizan a sus pobres madres para despertar en otros, piedades que no les lucen ni les corresponden.

Si hay policías que abusaron hay que castigarlos, pero si hubo también quienes abusaron de la policía deben ser también castigados porque la justicia no tiene corona para nadie y además es el único mecanismo para tener certeza de la verdad.

Nicaragua había avanzado mucho y el atraso que le impusieron los falsos profetas de la democracia para anclarla es un delito tan perseguible como aquel criminal que disparó contra su hermano o lo torturó o le quemó su casa, tal como sucedió en varios lugares del país y a lo mejor estos hechores intelectuales hasta son más culpables que las hordas que gobernaban desde los tranques porque después de todo son los que recibieron el dinero para establecer un sicariato inédito en nuestra historia.

Muchos terroristas, perdónenme, no puedo llamarles de otra forma, que hoy están siendo investigados, que estuvieron en los tranques, que posiblemente mataron y torturaron, hoy dicen, en clara auto confesión, que no les pueden probar nada porque andaban encapuchados, pero sin saber que otros que estaban en el mismo lugar los denunciaron como cabecillas de todos los actos vandálicos o aparecieron en un momento de descuido filmados por cámaras que hoy están por todos lados y que ahora se constituyen en medios de prueba.

Por supuesto que la parte trágica de todo esto es el dolor de las madres porque para ellas nunca los hijos serán culpables y es a las que utilizan los descorazonados oposicionistas que amaestrados en la manipulación de la mentira creen que a través de las lágrimas maternas van a poder lograr que la justicia también los alcance a ellos.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.