El planeta y todo lo que encierra ha sido un proceso constante de cambio y transformación. Desde su origen que fue una maravillosa creación de Dios, como si se tratara de una pintura saboreada sobre el lienzo a lo largo de seis días, dejándonos el séptimo para el descanso, se oyó el hágase divino y surgió la tierra que pisamos, el aire que respiramos, se hizo la luz, la noche, el ciclo de los tiempos, los mares, los volcanes, los lagos, lagunas, ríos, animales hasta que finalmente nos hizo a su imagen y semejanza para que tuviéramos dominio responsable sobre los que nos dio.

 El planeta tierra está lleno de una belleza impresionante y a cada país Dios le puso características especiales que son imanes de atracción, tierras privilegiadas, plataformas marítimas con riquezas inagotables, minas, fuentes acuíferas, recursos energéticos, bosques, especies animales, que el hombre destruye y que antes de preservar, cuidar y racionalizar ante la inmensa explosión demográfica acelera su acabose.

Planteo en el mapa universal lo que también estamos haciendo nosotros con Nicaragua y en todos los sentidos y talvez éste chistesito de humor negro nos grafique mejor:

Un día los presidentes centroamericanos, a la cabeza en envidioso de Oscar Arias de Costa Rica, pidieron a Dios una entrevista para quejarse del por qué a Nicaragua y no a sus naciones le había dado tanto territorio y tantos recursos y bellezas naturales. Dios en su inmensa sabiduría les escuchó atentamente y dijo a los envidiosos; saben qué tienen razón pero en Nicaragua he puesto una genteciiiiiita…

Es sin duda un chiste cruel, pero tiene tanto de fondo que me plantea una reflexión profunda sobre la necesidad de que nos examinemos todos y que los que nacimos y vivimos aquí, ya no por nosotros que vamos de salida, pensemos en los que vienen atrás, aunque aspiremos por supuesto a que en el corto tiempo que nos queda tengamos una mejor calidad de vida.

¿Qué significa esto? que simplemente no temamos al cambio porque la vida misma es todo un proceso de cambio y aunque nada aparentemente cambie, si yo cambio, todo cambia. Nada es estático, nada es para siempre y así el pasado que fue cambiado por el presente así el futuro cambiará lo que existe hoy con la capacidad de preservar y mantener inalterable el principio y el valor de nuestras ideas porque lo que buscamos aquellos que nos disponemos a la voluntad de ser parte del cambio, es una ruta, un mecanismo, un camino, una vía para lograrlo y hacerlo efectivo porque lo contrario es anclarte y encadenarte y ver que el tiempo te pasa, te tritura o te muele sin parte ni beneficio ni para uno ni para los demás y eso es de lo mucho que le pasa en Nicaragua a los que por capricho e ignorancia no quieren darse cuenta que el país está cambiando.

Que yo he cambiado, que tengo una visión distinta, que hablo y digo las cosas diferentes, que antes era ácido en mis enfoques y que ahora hasta digo muchísimas bondades de sectores que ayer enfrentaba a muerte, sí tienen razón, pero no en lo fundamental que es la raíz del principio y del valor, no. Yo luché desde los 16 años para vivir en libertad y la tuve hasta antes del 18 de abril y no la quiero perder; lo hice para que no tuviéramos prisioneros políticos y no existen; para ir y estar donde quiero, aunque ahora me sienta secuestrado; para hablar, expresar y manifestarme abiertamente y lo hago a pesar de los costos y del qué dirán; para que nuestro clima fuera la paz; para que desde un proceso de reconciliación que debemos reencontrar nos hiciera andar sobre un camino común; para que las potencias no nos impongan que hacer en nuestros asuntos domésticos; para que tener una economía que nos permita ir de frente a la única guerra que todos debemos enfrentar que es la pobreza.

Hoy sigo luchando y lo continuaré haciendo en la medida que Dios me de vida para motivar desde la trinchera de los medios de comunicación en los que tenga incidencia, presencia y acceso para que todos cambiemos independientemente de los costos y de los beneficios que esto represente porque debo decir a los que ahora me malquieren que también hay muchísimas personas, más que las que me odian gratuitamente, que me felicitan y endosan mi lenguaje y planteamiento porque como yo se cansaron de caminar como el cangrejo, se hartaron de la descalificación, no de los unos contra los otros, sino entre los que viven viendo diablos de zacate donde no hay y que alimentados por sus propios miedos y fantasmas están aterrorizados por un cambio que no quieren para sus vidas.

Me parece tonto resistir al cambio porque es una energía vital que la usamos para transformar y quien ignore que éste país no está cambiando es de otro planeta y el pueblo en su sabiduría lo rechaza y lo castiga porque es masoquismo, es ahogarse en el pasado o nadar contra una inmensa corriente que terminará por arrastrarte al fondo de la poza.

Mucho de eso le pasa a los oposicionistas que han sido relegados al infinito lado oscuro de la incapacidad porque dejaron que la necedad se adueñara de ellos para justificar en la composición del Consejo Supremo Electoral, en el fraude, en la abstención ahora o cualquier pretexto, el beneficio que no encontraron en un pueblo elector que quiere propuestas, progresos y oportunidades que no se oyeron en todo ese archipiélago de siglas donde palabras como unión, puentes, sumas o multiplicaciones fueron devoradas por el odio dispersante, por los muros aislantes, por las restas que merman y por las divisiones que te debilitan y extinguen.

Alegrémonos los que nos dispusimos al cambio y los que deseamos hacer de Nicaragua un país mejor y que esa disposición la sostengamos para seguir haciendo presión por las muchas cosas que aún no cambian. Hay una agenda de presente por la cual insistir y si es Daniel Ortega, Rosario Murillo o el FSLN quien nos la satisfaga que bien que así sea, pero si ellos no lo lograsen seguiremos presionando para que mañana la haga efectiva cualquier otro, siempre y cuando se haga por el país porque a estas alturas que hemos avanzado tanto lo andado no debería tener retroceso, hacerlo sería un crimen imperdonable a pesar que hay voces que hipócritamente dicen amar Nicaragua y en el fondo quieren verla descarrilada por el único y miserable interés de endosar la responsabilidad al mismo Daniel Ortega que tuvo la humildad de cambiar, de pedir perdón y de reconocer los errores que otros que ya conocemos no han sido capaces de hacer.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.