Walter Benjamín siempre ilustra su visión con imágenes  que enriquecen  la interpretación de la realidad, pongamos de ejemplo  la imagen con la que inicia sus Tesis sobre la filosofa de la historia, describiendo a un autómata que siempre gana la partida de ajedrez , pero ésta sospechosa destreza guarda un secreto: debajo de la mesita, tras un juego de espejos, se oculta un enano maestro en ajedrez que desde su escondite maneja los hilos del títere. Para Benjamin, el títere es el historicismo utilizado por los social-demócratas para manipular el concepto del Progreso en su favor, mientras que el enano representa a la teología.

Las tesis sobre la filosofía de la Historia fueron escritas antes de la Segunda Guerra Mundial, por lo tanto, el contexto de la historia es otro; para nosotros lo importante es retomar las imágenes del filósofo alemán y darles una interpretación en la realidad presente, pues  el títere y el enano continúan su eterno juego, ya no como “materialismo histórico” y “teología política”, según las comprendía Walter Benjamín, sino bajo otros máscaras como se observa hoy día en Nicaragua, pero antes debemos aclarar el término “teología”, que en palabras del filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría sugiere lo siguiente: “Por teología, Benjamin no parece entender un tratado sobre Dios, sino un determinado uso del discurso que persigue una explicación racional de los aconteceres del mundo” (La mirada del ángel).

Se trata, entonces,  del discurso perenne de los vencedores de la historia que buscan imponerse sobre los otros a través de su poderío político-económico. En este sentido, Benjamin no hablaba meramente del fenómeno religioso, pues religión significaba para él, entre otros puntos de vista, un tiempo lleno y de ruptura que libera al hombre de las injusticias ; religión, entonces, es lo que une y redime a toda comunidad en medio de los grandes misterios, el grano que nunca muere cuando es recolectado por hombres de buena voluntad. Sin embargo, el títere y el enano no es otra cosa que la confluencia discursiva de poderes que buscan imponerse sobre los demás ciudadanos. El títere maneja al enano, o viceversa, como lo piensa Slavoj Žižek en su lectura política del cristianismo, pero lo que a nosotros interesa en su  reaparición  en la coyuntura actual, exactamente en la mesa de diálogo nacional,  donde se ha puesto en   evidencia su pacto establecido, tanto que algunos obispos ya ni se preocupan de ser verdaderos  mediadores, sino que descaradamente representan a la oposición misma, incluso se les ha visto y escuchado llamando al uso de “armar hechizas” para derrocar al gobierno legítimamente constituido, confabulándose bélicamente con el estrato golpista. Sin duda alguna, el títere y el enano han sido reactualizados bajo la máquina imperial que los protege tras su  conocido juego de espejos,  que ya no engaña a nadie.

No sé qué pensaría el Papa  si escuchara a uno de sus obispos invitando a la muerte: pues un arma hechiza -cargada de mortero o  cartucho de escopeta-,  siempre mata. Monseñor Báez tiene un deseo digno de la Edad Media: saborear la muerte del Otro como espectáculo. Nunca  conoció la guerra, la vivió lejos de aquí lanzándole bolitas de pan rancio a  las palomas de la plaza San Pedro en Roma, por eso su irresponsable paranoia de estetizar  la política (fenómeno propio -decía Benjamin- de la propaganda fascista) hasta su paroxismo lagrimoso, que tiene como culminación la guerra, barbarie que Hanna Arendt resume con esta frase: “¿Qué importan las víctimas si el gesto es bello?”.

Afortunadamente, la Historia no siempre ha sido esta conjunción del títere y el enano tratando de sabotear la paz de los pueblos, su continuum puede romperse, por ejemplo, cuando emergen figuras irrepetibles como es el caso del Cardenal Miguel Obando y Bravo; ah, cuánta falta nos hace en este momento: un gigante que divisaba el futuro para luego dibujarlo  en el mapa del presente como un territorio de paz donde conviviéramos todos los nicaragüenses; alguien que entre lo posible y lo imposible, sabía escoger el justo equilibrio; no era -Señores obispos de la Conferencia Episcopal- un enano exacerbando la política hasta provocar el vértigo de la muerte.  

Tampoco el Cardenal Obando y Bravo hubiera permitido una agenda de discusión teniendo como chantaje esa “parte maldita” que son los tranques (por mucho tiempo, los adoquines que amontonaron ahí, guardarán el calor del infierno), estrategia terrorista con que se protege la oposición “pacífica” y los conspiradores del MRS, cuyo ritual político no es nada más que la sacralización de la violencia, pues nunca han encontrado en las urnas la aceptación del pueblo. Una minoría que no es “disidente” de nada, su disidencia es un fetichismo castrante que han querido substituir por asonadas golpistas en ausencia de ideas verdaderas. Iguales a cualquier grupo de extrema derecha, están dispuestos a vender la soberanía del país en un abrir y cerrar de ojos.  

Se creía que en las sociedades posmodernas los grandes relatos habían desaparecido, pero los últimos acontecimientos en Nicaragua muestran lo contrario: el Gran Relato lo están narrando algunos miembros de la Conferencia Episcopal y la oligarquía (no es necesario nombrarlos, todos los conocemos), cerrando un círculo en perversa combinación para destruir la democracia y tomar el país bajo la forma del golpe de estado.