Sandor Bonilla, es un joven que sufrió en carne propia el odio de grupos de terroristas que se apoderaron de las calles y vías principales del país haciendo barricadas en las que reinó la violencia, la intimidación y la tortura.

El jueves 21 de junio Sandor iba camino a su casa en Sutiaba, León y cuando le faltaban solo seis cuadras para llegar a su hogar, un grupo de sujetos pagados por la derecha golpista en Nicaragua lo sujetaron y ataron sus muñecas.

“Me pusieron un pasamontañas, me llevaron a una parte oscura y empezaron a golpearme. Me decían que yo era uno de los sapos de la Juventud Sandinista, ellos me decían que yo sabía y le tenía que decir cuándo la policía o el frente sandinista iba a llegar a limpiar las calles de las barricadas”, relató.

“Yo les decía que no sabía nada y me golpeaban con los lanza morteros, me revisaron el celular y vieron que yo no andaba nada, pero aun así me decían asquerosidades. Ellos decían que me mataran a morterazos”, agregó.

Dios en todo momento estuvo cuidando la vida de Sandor impidiendo que este fuera quemado vivo.

“Me tiraron en un charco, me quitaron la camisa, me pegaron fuego pero por estar mojado gracias a Dios la gasolina no encendió, procedieron a torturarme de otra forma, empezaron a encender bolsas plásticas y me dejaban caer la espelma en las piernas”, dijo con el rostro aflijido.

Recordó que tras muchas torturas estos sujetos empezaron a discutir si mejor se lo entregaban al Obispo de León.

Su testimonio es doloroso e indignante porque sin ningún motivo más que el de hacerle daño al prójimo estas personas atentan contra lo más valioso que tiene un ser humano a como es la vida.

“Cuando llegamos a la esquina del Volantín, unas de las calles del Laborío, me quitaron la capucha y se apareció un disque pastor evangélico de apellido Figueroa haciendo que me arrodillara y que pidiera perdón a todos los que estaban alrededor mío y después a Dios porque según él yo andaba haciendo actos criminales”, contó.

Posteriormente, este joven descalzo y sin camisa fue llevado donde el padre Berrios en la Iglesia Laborío de León.

“Ahí el padre Berrios le dijo tómenle una foto pero no la suban, me lo voy a llevar. Él me agarró, me llevaron a la casa cural y me disfrazaron porque me dieron camisa, short. Lo que hizo fue lavarse las manos como Poncio Pilato”, aseguró el joven.

“Si algo más me llegara a pasar hago público que responsabilizo al pastor Figueroa y al padre Berrios”, denunció Sandor.

Tristemente estas personas que se han apoderado de la vida y la tranquilidad de las familias leonesas lo hacen segadas por el odio y la sed de venganza injustificada.

“Yo reconocí a dos personas y estoy asombrado y asustado porque son del barrio y nunca lo esperé. Me conocen de años porque él trabajaba de caponero”, señaló.

“Tuve temor en ese momento duro, le pedía a Dios que si fuera su voluntad seguir vivo que así sería”, expresó.

“Se han llenado de tanto odio por la ambición al dinero y al poder. Deberían llamar al amor y a la paz. Ellos (sacerdote y pastor) están instando a la violencia, disfrutaron cuando me daban los golpes. Quiero justicia porque yo nunca les he hecho daño y que tenga mi ideología política diferente no es razón para que me torturen y atenten contra mi vida”, demandó el joven.