Nicaragua era un país que determinó abrazarse a la paz para conducirse a la prosperidad y al desarrollo como fórmula única para salir de la pobreza humana, material y espiritual que siempre nos impuso la confrontación estéril que nos estancó para envolvernos en una atmósfera fatal que habíamos logrado superar hasta qué por una circunstancia y una chispa fortuita el diablo encontró una puerta para partir al país, en el que era antes del 18 de abril, con el que tenemos ahora destruido por el odio que algún sector religioso ha santificado y que diciendo representar a Dios bendice la violencia con las consecuencias que el mismo trae.

Nicaragua en la última década había pasado de ser una nación ignorada y sujeta de la compasión del mundo a convertirse en un país de referencia cuyo modelo de crecimiento, estabilidad, seguridad y paz pretendía ser copiado por otras naciones que envidian la voluntad de los trabajadores como fuerza motriz, de los empresarios que se la pasaron diez años cogobernando, gozando de cualquier cantidad de legislaciones, beneficios y exoneraciones solo para darse cuenta, después de tanto tiempo, que se habían equivocado y en esa trilogía de acción armonizada hay que mencionar también la voluntad del gobierno para ser facilitador de un propósito que sirvió para revivir las esperanzas que por muchas décadas estuvieron perdidas. .

Nicaragua estaba altamente calificada por el Banco Mundial, el FMI, el BID y el BCIE. Era un país que destacaba en los titulares y editoriales de las revistas más prestigiosas del planeta que nos recomiendan como destino turístico, como punto de retiro para los pensionados del mundo, como una nación cuya economía crecía sostenidamente hasta que llegó el 18 de abril y la infamia, a nombre de un dolor que no sienten crearon las condiciones para que hoy lloremos el luto que le impusieron a la nación por miserables apetitos de poder.

Nicaragua gozaba de una estabilidad tan palpable que era un imán para la inversión extranjera que traía jubilosa sus capitales para hacer negocios y crear empleos que permitían a los ciudadanos tener un mejor nivel de vida. Hoy el panorama es desolador. Hasta ahora el PIB cayó 4 puntos, 200 mil empleos se perdieron y solo el INSS que sigue en crisis y del que la politiquería no dice ahora una sola palabra, ya anunció la desafiliación de 40 mil cotizantes y el rancho sigue ardiendo por el capricho y la sinrazón asaltó la inteligencia de algunos empresarios de maletín que después de todo lo único que hacen es dañar a los jefes que hasta ahora dicen representar.

Nicaragua había dado pasos agigantados económica y socialmente hablando porque la llave de su éxito fue un proceso lento pero seguro para efectivizar la reconciliación que permitió la inclusión paulatina de quienes decidimos no volver a ver atrás basados en que la realidad solo nos permitía ver el pasado como una tragedia que nunca debió repetirse. Sin embargo, otra vez el interés mezquino del politiquero criollo, como sirviente nacional del amo extranjero se juntaron, según ellos para dañar a Daniel Ortega y hoy lo que quedó atrás del 18 de abril nos cobrará a todos una factura altísima y quien exigirá el pago será la misma nación que ya destruyeron y que conoce desde la “A” hasta la “Z” quienes son sus ejecutores.

Nicaragua venía creando poco a poco las condiciones que permitían, a los nicaragüenses y entre los nicaragüenses, ir hacia la perfección de nuestro modelo político a fin de que nuestra democracia fuese efectivamente amplia, incluyente y solidaria para que respondiera a la justicia social para todos y no solo para pocos. Sin embargo, aquellos inmediatistas, que creen que un país con nuestra historia puede construir el paraíso, como si se tratara de apagar o encender un switch, después del 18 de abril, decidieron arrebatar por la vía del odio y la violencia lo mucho que habíamos andado y ambientaron así un escenario dantesco de muertes, de quemas, de torturas, de humillación a la dignidad humana, de tranques, de barricadas, de armas, de insultos, de persecución y de terror para ofrecernos un Edén, que si por la víspera se saca el día, será un collage concentrado de todas las pestes sacadas del baúl de nuestro pasado, para conducirnos al cementerio donde será sepultada nuestra esperanza.

Nicaragua desde su misma independencia fue víctima del estilo tradicional de hacer política haciendo de la “libertad y la democracia” instrumentos manipulables en las plazas electorales que al final solo sirvieron para fraguar la traída de filibusteros, golpes de estado, guerras civiles, intervenciones, invasiones, dinastías y dictaduras que más bien nos esclavizaron y ensangrentaron. Hoy ante la incapacidad de acceder al poder cívicamente, por no involucrarse en los procesos electorales de una manera coherente y unida, proponiendo planes de gobierno aceptables y más bien llamando a sus propios simpatizantes a no votar, ni por ellos mismos, quieren arrebatar a punto de amenazas y balas, lo que nunca les fue conferido.

La Nicaragua que teníamos estaba lejos de esas figuras grotescas de la política tradicional y las encuestas reflejaban que el ciudadano y el campesino querían crecer, desarrollarse y vivir en paz para abrazarse a la democracia que le permitía educación, salud, empleo, vivienda, carreteras, comunicaciones y puentes de relaciones humanas que le generaban la seguridad de un mañana con esperanzas.

Nicaragua ya no era la estridencia de la región, no era amenaza para nadie y solo aquellos que lloraban la pérdida del poder que un día usaron para su beneficio personal eran los que distorsionan la realidad que la mayoría de los nicaragüenses vivíamos en un país donde solo una pequeña y famélica minoría lo maldijo para lanzarlo a sus enemigos de siempre y por eso eufóricamente celebran el baño de sangre y destrucción que es lo único que son capaces de generar porque en ellos lo único visible que hacen notar es su inmensa voracidad por la figuración y el infame deseo de considerarse importantes porque creen ser capaces de poner de rodillas a toda una nación a través de la sicología del terror.

Nicaragua era un país que construía su desarrollo todos los días con trabajadores calificados, con empresarios que tuvieron visión en su momento pero que fueron enceguecidos por el virus del mal y por un gobierno facilitador que en su conjunto hacían, actuaban y ejecutaban la edificación del progreso buscando atajos para dar respuesta a las grandes necesidades que impone la pobreza. Hoy a todo ese modelo los que desangran al país a nombre de la “libertad y la justicia” le llaman dictadura, pero una dictadura atípica donde el delincuente es un prisionero político que debe quedar en libertad porque así lo gestiona algún sector religioso, donde los medios de comunicación abiertamente llaman al terrorismo, donde el terrorismo saquea, quema, hace tranques, pones barricadas, te asalta en las calles, te flagela y para colmo exige que la policía a la que mata con armas de todo tipo se mantenga acuartelada sin asomar la nariz porque de lo contrario incurre en represión.

Nicaragua había encontrado en la expresión de la solidaridad el auxilio humano desplegado por todo su territorio para abrigar al que vio devorada su casa por el fuego, para refinanciar a la locataria que vio su tramo incendiado, para atender al enfermo terminal en su lucha contra la muerte, para buscar al marino perdido en el mar y a eso algunos pocos, que no tienen ni corazón ni sentimientos, llaman hacer clientelismo político solo porque cuando pudieron fueron incapaces de implementarlo a menos que fuera para ellos mismos.

Nicaragua tenía una visión dignificante para crecer económicamente hacia su desarrollo, pero a la par ir reivindicando periódicamente, a través de una revisión responsable, los salarios de los trabajadores, privilegiando el diálogo y hacer de la conversación un acuerdo amable para la solución de los conflictos obrero patronales y a eso, los que se caracterizaron por hacer infinita de distancia entre ricos y pobres, llaman violación a los derechos humanos porque esos empresarios de gran capital no se dieron cuenta que el camino de su propia riqueza es el bienestar de quienes se la producen.

Nicaragua estaba a punto de alcanzar tres décadas de paz, sin que los conflictos se diriman a través de la boca del fusil. Ella había decidido conferir a la seguridad, -un bien casi inalcanzable en algunas latitudes del mundo- un primerísimo lugar en su agenda. Sin embargo, mentes torcidas que pretenden legalizar la delincuencia han querido ensuciar el rol del ejército y la policía contra abigeos y narcos que extorsionan a los productores llamando a nuestros soldados y agentes, genocidas y represores. Esa defensa en beneficio de la oscuridad tiene sentido porque es fácilmente perceptible que detrás de este golpe de estado, está el narco tráfico ejecutando operaciones tras los rostros ocultos de las criminales maras salvadoreñas.

Nicaragua hoy tiene aún las mejores carreteras de centroamericana porque el mal del odio no las ha podido arrancar y los caminos de penetración son fácilmente transitable y por primera vez en la historia existe una integración plena del pacífico con el atlántico permitiendo a centenares de poblados y cienes de miles de compatriotas el acceso a la energía, la comunicación, la educación y la más fácil negociación de lo que producen, pero los dinosaurios de la politiquería dicen que para qué carreteras si estas no se comen.

Nicaragua recién acaba de celebrar por primera vez, después de cuatro intentos, los XI Juegos centroamericanos. Invirtió para sus efectos estructuras deportivas que no existen en la región ni en muchos países latinoamericanos con mejores economías que la nuestra, pero la amargura que no ve el efecto que esto tendrá sobre el deporte y nuestra juventud califica la acción como un derroche porque así se los dicta la miopía política que les caracteriza.

Nicaragua frente a los grandes avances, su indiscutible progreso y su imperfecta democracia es víctima de sus enemigos internos que en un acto supremo de traición conspiran contra ella para que sus enemigos imperiales la castiguen por haber sido un ejemplo de paz, de estabilidad y seguridad en una región violentada por reyertas políticas como en Guatemala; polarizaciones ideológicas y gobiernos compartidos con las maras terroristas como en El salvador; desordenes electorales como en Honduras; caídas estrepitosas de popularidad por efectos de la corrupción como en Costa Rica; pasadas de cuenta de presidentes a expresidentes como en Panamá y Ecuador; Caída en picada de economías sólidas como las que tenía Brasil; el callejón sin salida en el que se encuentra México, la debacle del mismo imperio norteamericano con un presidente peligroso que camina parejo del propio enfrentamiento que tiene con los republicanos que lo llevaron desganadamente al poder y que desde el congreso nos quieren hablar e imponer su democracia, la democracia del garrote sino pensamos como ellos, sino hablamos como ellos, sino les servimos como quieren que lo hagamos.

Pese a todo Nicaragua frente a las amenazas, la agresión y la fuerza responderá caminando hacia el encuentro de su propio destino donde habita su verdadera liberación. Buscará ser la patria grande e inmensa que con criterio propio y en la ruta de su auténtica independencia haga amigos y tenga amigos que ella decida en función del bienestar de sus ciudadanos y no de los caprichos imperiales del Capitolio o la Casa Blanca, ni menos de aquellos fracasados que incapaces de hacer propuestas al pueblo y de acercarse al pueblo, quieren que los marines vengan a ponerlos en una presidencia que está a mil años luz de sus sueños, no porque no tengan derecho a suspirar por ella, sino porque el pueblo sabe quiénes son, que fueron antes, qué hacen ahora en función de un protagonismo vanidoso y personal con el cual han creído equivocadamente convertirse en líderes y salvadores de un pueblo que los aborrece por lo que le hacen al país y porque lo único que puede reconocerse en ellos es que son constructores del desastre y la desesperanza.

POR NICARAGUA CUESTE LO QUE CUESTE ASI PENSAMOS EN EL MOMENTO.