La resolución configura otro ejemplo de presión, amenaza, chantaje e injerencia a un país soberano. Aquellos que la votaron favorablemente, no admiten países que afrontan los intereses de las grandes multinacionales y capital transnacional, que expresen solidaridad con otros países blancos de la ofensiva imperialista y que desarrollen en su país procesos democráticos y soberanos, de progreso y de desarrollo nacional.

La situación que se vive hoy en Nicaragua no se puede desligar de la fuerte ofensiva imperialista que se hace sentir en América Latina contra los pueblos y los gobiernos progresistas. Los enfrentamientos que se pueden testimoniar, tienen muchos puntos de contacto con la estrategia de violencia usada en otros países, especialmente en Venezuela. Son evidentes el recurso a grupos organizados, que promueven la violencia gratuita, recurriendo a armas caseras y reales.

Condenamos toda interferencia externa en los asuntos internos de Nicaragua con el fin de desestabilizar el país y denunciamos la estrategia orquestada por EEUU y la UE para derrocar al actual Gobierno de Nicaragua democráticamente elegido.

Apoyamos las iniciativas de diálogo desarrolladas por el Gobierno de Nicaragua y los esfuerzos para contener y poner fin a los actos violentos que se han producido.

Expresamos nuestra solidaridad con el pueblo nicaragüense y su lucha en defensa de la Revolución Sandinista.

Hemos votado en contra.