A nuestros hermanos caídos y heridos:

 

Tu sangre huele a victoria y al canto de las gaviotas que trazarán los mapas de la paz. 

Tus heridas suenan al mar pacifico, a la brisa y a la arena sobada por el agua y que lleva la celeridad de nuestro vuelo.

Tu sangre huele a corazón bravo, sabe a mar y a cajas, a latidos que retumban en los oídos de Managua. 

Muestra tus heridas para que el canto las ayude a sanar, de ellas sacaremos la alegría, la valentía y la firmeza. 

Tus heridas muerden fuerte las lapidas fúnebres del enemigo, muerden los miedos en las puertas, y las sombras de sus trapos. 

Tus heridas las veo en los roperos ya grises de sombra, de tiempo y de sufrimiento. Tus heridas serán los amarres de la bandera la paz que izaremos en los altares de luces en las calles asaltadas. 

Tus heridas nos recuerdan que cada vez que ellos ladran, nosotros triunfamos. En tus respiros pausados y suaves, esperamos el despertar y saldremos a los tendederos a colgar tu ropa limpia. 

Para sanar tus heridas, las cargaremos entre todos, alargaremos la mirada de la inteligencia que solo se logrará con el amor. 

Para sanar tus heridas no sembraremos cruces en las calles, sembraremos las flores que en sus estallidos entonarán “el canto alegre de los que esperamos el nuevo dia”. 

 

Luis Briones