Viendo un canal televisivo donde a diario se transmite la noticia como una mercancía política, me hizo recordar al escritor francés Guy Debord (1931-1994), quien en su obra La sociedad del espectáculo (1967), definiera de manera contundente los hilos que mueven la sociedad moderna:”el espectáculo es la principal producción de la sociedad actual". Decía yo, “la noticia como una mercancía política”, pues dicho canal al que me refiero está llevando a sus últimas consecuencias la manipulación de la información periodística, sustituyendo sin tregua alguna a la propia realidad; en consecuencia, nuestro comportamiento está siendo comandado por este espectáculo visual y sonoro.

Es aquí que la profundidad crítica de Guy Debord nos ilumina, cuando dice: "el espectáculo no es un conjunto de imágenes sino una relación social entre las personas mediatizadas por las imágenes". Dicho canal nos presenta en carrusel imágenes de disturbios callejeros, comentadas con un léxico muy pobre pero cuya primera intención es darnos a entender que “el malo” es el gobierno reprimiendo manifestaciones de carácter “pacífico”. Mucha razón tuvo Bachelard al decirnos: “toda imagen sueña ser grande”, significando para nosotros que las imágenes en su amplificación conquistadora no solo quieren comprar el alma (igual que Chíchikov en Las almas muertas de Gogol) del espectador nicaragüense, sino que están aspirando también a llamar la atención a poderes oscuros más allá de nuestras fronteras.

Esta acumulación de noticias, es lo que Debord teóricamente define como la “sociedad del espectáculo”, donde toda experiencia cotidiana se convierte en simulación fantasmática. Dicho canal, con el fin de hacernos creer en la “presencia rusa” y en una “masacre de inocentes”, difundieron en sincronía las imágenes siguientes: 1: masa encefálica expuesta que la cámara fija; 2: bala supuestamente de origen ruso; 3: sepelio con banderas azul y blanco. Descarnado montaje de amplia matriz ya reconocida (la rusofobia ), estimula el morbo del espectador, tomado como el zombi sin voz de las películas grotescas. Toda esta información espectacular atiza la chispa de la violencia, llama al enfrentamiento entre hermanos, incita a destruir nuestras ciudades: cínica estrategia mediática que forma parte del plan golpista, que sigue paso a paso las instrucciones del panfleto de Gene Sharp.

Los ciudadanos no desean ser espectadores de hechos que recuerden escenas de guerra pasadas. Además, dicho canal también ha desplegado toda una puesta en escena propagandística, tales como la descarada utilización de slogans y canciones pertenecientes al patrimonio moral de la lucha de los movimientos de izquierda. La derecha tiene poco que aportar en este sentido, yo no recuerdo una canción derechista que remueva mi consciencia política (Lili Marlen no endulza mi oído), todas las canciones de protesta social han nacido de la lucha de los obreros por sus derechos sociales en las barricadas de los siglos pasados, y siempre será así en los siglos venideros.

Al respecto, los personajes entrevistados por dicho canal al pie de los tranques no son obreros ni estudiantes, simplemente, son pandilleros: su jerga los delata. Guy Debord nos pone al tanto de esta mascarada oportunista, cuando dice: “Todo lo que era directamente vivido, se aleja hoy en una representación”. En este sentido, dicho canal es el simulacro in vivo de algo que no está ocurriendo, cuando lo que ciertamente ocurre es una inmensa acumulación de noticias-mercancías donde lo real deviene total apariencia.

Los nicaragüenses conocemos poco de mecanismos para descifrar los códigos visuales, la información diluviana puede ahogarnos en su permanente marejada. Los procedimientos para manipular la realidad nos acosan: en la guerra de imágenes el soldado desinformado es el primero que muere en la trinchera virtual, por eso tantas personas caen como moscas en la trampa de las redes sociales, victimas –diría Magritte- de La traición de las imágenes. Aquélla frase de un conocido artista: el arte hace visible lo invisible, desgraciadamente ahora también lo puede hacer esta afinada manipulación. Han difundido imágenes de madres llorando, que no son las madres de los supuestos hijos muertos; han mostrado batallas en las calles donde no se divisa ningún policía, sino vándalos atacando un puesto policial completamente murado. Hay ciudadanos que aparecieron vivos días después de estar inscritos como muertos en una lista fantasmal.

Todo lo que Guy Debord escribiera lo ha hecho realidad dicho canal: convertir nuestra vida en un puro espectáculo las 24 horas del día.