Los nicaragüenses somos “indomables” me han dicho aquellos que ven en la violencia la solución a cada conflicto que nos distancia. Asumen que la rebeldía que nos aflora es producto de nuestro mestizaje Andaluz y de la indígena sangre de Nicarao y Diriangen y a lo mejor es cierto porque nuestras reacciones siempre han sido explosivas en repetidos ciclos de nuestra historia y así cada uno de estos episodios han sido escritos con sangre.

Los nicaragüenses tenemos particularidades muy marcadas por los referentes de nuestra historia. Somos poetas que describimos desde la ternura de nuestros versos los sentimientos que nos afloran porque nuestra tierra parió orgullosamente al científico universal de la literatura moderna, Rubén Darío. Somos gentes celosas de cada pulgada del país porque amamos intensamente nuestra intimidad territorial porque eso fue lo que aprendimos de Augusto Calderón Sandino que tras su asesinato imprimió en cada compatriota, y para la posteridad, una explosión nacionalista que valió para vencer la arrogancia imperial de los Estados Unidos cuando nos invadió, cuando nos intervino y cada vez que ha querido interferir en nuestros asuntos domésticos porque jamás nos perdonará que el General de Hombres Libres lo haya puesto de rodillas en las agrestes en las agrestes montañas de las segovias.

Nuestra historia a lo largo de casi 200 años de independencia, salvo algunos trechos como los 30 años de paz de los conservadores en los que no pasó nada porque nada se decidía y los que desde 1990, entre altos y bajos, habíamos logrado hasta el 19 de abril pasado, siempre fue sujeta de la violencia a través de revoluciones, invasiones, intervenciones, interferencias, revoluciones, golpes de estado, dictaduras, dinastías y guerras civiles, como circunstancias específicamente de carácter político. En medio de ese espanto intransigente que bien puede contabilizar más de cien mil muertos no podemos dejar al margen la enorme pesadumbre de haber vivido, como ninguna otra nación, toda la gama de fenómenos naturales imaginables. Algunos, tratando de encontrar razones sobre el por qué nos sucede a nosotros, dicen que los terremotos, maremotos, deslaves, huracanes, erupciones, inundaciones y lluvia de granizo entre otras tantas cosas son un castigo de Dios.

No entro a determinar si esto es o no es un castigo de Dios porque tengo la imagen del Creador como un Dios de amor, pero no hay duda que la violencia, el poder de la naturaleza y nuestras acciones y reacciones nos han representado un impacto tan profundo que nos permite descifrar con facilidad el meollo de nuestra pobreza y de nuestra tristeza porque siempre surge algo que nos atrapa cada vez que nos posamos en la pista para emprender el vuelo.

Estoy convencido que todos de una u otra manera, unos más otros menos, somos la causa del mal causado. Esa mezcla andaluza e indígena nos enfrenta irracionalmente. Ese carácter indomable que describí inicialmente, curtido por el dolor y la sangre, que por nuestra mano hemos generado y derramado, ha ubicado nuestras opiniones en polos equidistantes donde ese concepto de “democracia” es un espejismo, en tanto no hemos sido capaces aun de respetarnos por lo que pensamos, por no entender que por ser mis ideas diferentes a las de otros eso no me hace enemigo de nadie y por ello no debo insultarlo, ni maltratarlo, ni violentarlo, ni ofenderlo, ni acabar con su dignidad y eso desgraciada y trágicamente está sucediendo entre gentes que nos decíamos amigos, y digo amigos, porque con esto de las redes sociales, unos por odios y otros por sanidad mental, nos seguimos depurando del tal Facebook y me incluyo porque más de 250 personas, unas bloqueadas y otras eliminadas de mis contactos, quedaron sin acceso a mi perfil no por lo que pensaban sino porque la altísima toxicidad de sus comentarios y enfoques, alrededor de los últimos acontecimientos, solo podían conducir a un estado de pánico que no pocos siguen sufriendo y no solo por la red, sino por el talibanismo de algunos canales de televisión.

Pienso que los nicaragüenses debemos hacer una profunda revisión de nuestra conducta y romper con el anacronismo violento de grupos pequeños que se aprovechan políticamente de circunstancias por las cuales lanzan a segmentos con capacidad de reacción a morir y a matar, y desde un interés muy político, a la sedición total a fin de pretender el derrocamiento gubernamental con propósitos que se reducen al concepto aquel de “quítate vos para ponerme yo” y todo porque no han podido encontrar el mecanismo que permita que la sociedad en su conjunto los acepte como relevos del poder porque hasta ahora no han podido ofrecer nada que no sea la ambición desmedida por la figuración que les permita alcanzar los beneficios personales donde el interés común no sea parte de la agenda social que el pueblo demanda y requiere.

Yo estoy cierto que nadie es monedita de oro y desde ese mismo axioma, Daniel Ortega y Rosario Murillo tienen adversarios y también enemigos. Los tienen porque desde el ejercicio gubernamental la estrategia del FSLN del presente representa una vuelta de calcetín a lo que hizo en la década perdida de los ochenta y tenían razón aquellos que afirmaban que lo difícil seria sacarlos del poder porque ahora la práctica de su ejecución demuestra que más allá de la tontería esa de la izquierda y la derecha, de la absurda lucha de clases entre ricos y pobres, de la preferencia por la odiosa guerra, por encima de la bendita paz, de tender puentes sobre los cuales avanzó la reconciliación y de facilitar, junto con los empresarios y los trabajadores, el desarrollo del país y concebir los proyectos sociales como arma para luchar contra la pobreza, son las causas y efectos de que a pesar de los desaciertos que también existen, el sandinismo como opción política siga siendo el que tiene vigencia porque más que nunca el 19 de Abril demostró que los otros ni en pintura desean ser vistos.

Solo no se equivoca el que nunca hace nada, el que pasivamente deja que el tiempo transcurra porque lo dominan los miedos y tiene pavor ante el qué dirán los demás. Tomar decisiones sobre todo en un país que como el nuestro administra y reparte miserias, porque aun y con todo seguimos siendo pobres, apenas adelante de Haití, es sumamente difícil y pragmáticamente representa hacer magia y hacer mucho con poco. Los enemigos del gobierno aceptan el inmenso progreso de Nicaragua en los últimos diez años, pero con el agregado que eso es responsabilidad y obligación de todo gobierno y tienen razón porque para eso fue electo, sin embargo, aquellos que lo antecedieron, Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, a la hora de las fatídicas comparaciones, se quedan lejos y a la altura de un pigmeo.

Pienso que es el odio el que no ha permitido estar más allá de donde estamos. Aunque sea una minoría la que apuesta a la sedición hay que reconocer que es capaz de llevarnos al pasado si los nicaragüenses de buena voluntad lo permitimos y eso pasa por comenzar a extraer de nuestras mentes los tumores malignos que cargados de perversidad pretenden postrarnos terminalmente a través de sofismas y medias verdades manipuladas que nos condujeron en los últimos días a ver la reedición de imágenes que nunca más deben repetirse y que para evitarlas de una vez por todas debemos concurrir a un diálogo franco y sincero donde no exista asiento para la “DESCALIFICACIÓN” que denigra, que ofende y excluye; donde no haya espacio para la “INTRANSIGENCIA” ´que por terca y torpe apuesta a que todos debemos tener uniformadas las ideas aceptando por verdad la que está solo del lado de quien la dice; donde no haya lugar para la “CIZAÑA” que actúa en función de crear conflictos y peleas entre personas que buscan soluciones; donde no tenga presencia la “ENVIDIA” de aquel o aquellos que se concentran solo para desear el don, el bien o la empatía de otros para comunicar y convencer; donde el “ORGULLO” ceda ante el interés nacional y se percate de lo importante que es deponer actitudes personales en beneficio de la colectividad; donde la “POLITIQUERÍA” abra paso a la sensatez y se deje de degradar el ejercicio político con propuestas dislocadas y absurdas  que solo buscan atraer la atención de los demás pero para satisfacer vanidades que no tienen nada que ver con las soluciones que se demandan; donde la “VERBORREA” no sea un palabrero vacío y sin sentido que venda una locuacidad que al final cantinflescamente no diga nada; donde “LA VENGANZA” no se convierta en la altisonancia de aquellos que por pura maldad desenfundarán los cañones para dañar a quien por estar en la otra acera debe pagármelas porque me las hizo un día; donde la “MALACRIANZA” ponga la más fea de las caras a fin de asesinar a mansalva los valores mínimos de la educación y la amabilidad; donde la “HIPOCRECIA” no logre esconder sus verdaderas intenciones ante el poder de la sinceridad que todos debemos merecernos en cualquier mesa de negociaciones y finalmente donde el “ODIO” no sea una tendencia aprovechada que despilfarrando venenos tóxicos de su envenenado  corazón pretenda destruir el esfuerzo por alcanzar la paz.

Debemos entonces llenarnos todos de “TOLERANCIA” porque es el vehículo que andará sobre el camino del “DIÁLOGO” para alcanzar la “PAZ”. Llegará el momento en que los sectores que tengan que concurrir al gran escenario del diálogo se sienten a conversar y es cuándo tendremos la oportunidad de realizar, si realmente amamos a Nicaragua y sin pretender ser figurines, que la oportunidad es ahora si aspiramos a tener futuro.

La “TOLERANCIA” significa disculpar los defectos de los demás para que los demás disculpen los nuestros; La “TOLERANCIA” es la molesta sensación de que al final el otro puede tener razón y debemos estar preparados para aceptarlo porque el fundamento de la convivencia es el respeto a la razón. Pensar diferentes es una realidad que no es propia de los nicaragüenses porque en el mundo entero, donde se han vivido conflictos, igual o peores que los nuestros, la mayoría de las sociedades lograron ponerse de acuerdo como único camino y medio para crecer y así países con mucho menor territorio y riquezas naturales que nosotros, lograron salir adelante por la voluntad de quienes se dieron cuenta que los conflictos dejaron de ser obstáculos en el momento que decidieron conversarlos y solucionarlos.

Hagamos de la tolerancia un compromiso ciudadano en beneficio de la democracia que todos deseamos. Ignorar que la tolerancia es la llave de un diálogo exitoso, considerando que todos somos culpables y que todos hemos pecado, es andar en el sentido contrario de la razón y el pueblo que es el juez inequívoco lo sabrá reconocer o castigar en el momento que lo tenga que hacer.

POR NICARAGUA CUESTE LO QUE CUESTE ASÍ PENSAMOS EN EL MOMENTO.