Probar el frito de San Judas es dar un bocado de nostalgia a la historia de la capital. El Chanchero de los Fornos ha conquistado su barrio, siendo más fácil ubicarlos si se pregunta por “el frito de San Judas”.

Es un negocio que tiene tradición y fue fundado en 1972 y que hoy goza de una popularidad enorme en Managua y fuera de ella.

“Tenemos 46 años de trabajar, en la vida de mi madre. Ella comenzó en el año 1972. Ella salía a buscar chanchito para hacer nacatamal y de allí ella comenzar a hacer el frito”, cuenta Ana Arelis Fornos, una de las herederas del local.

Fornos comenta que a pesar de que han cambiado algunos procesos para la elaboración de algunos productos como la moronga, la tradición y la cuchara ha permanecido intacta.

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“Desde en vida de ella (su mamá), desde el 72 estamos trabajando así el chancho. Murió ella y seguimos siempre nosotros en la lucha, en la tradición del frito, el chicharrón y la moronga, todo lo derivado del cerdo que vendemos aquí”, comenta.

La clientela del frito de San Judas es grande  e inclusive mucha gente de distintos departamentos viaja para probar y llevar empacado el sabor de esta tradición.

“Hay gente incluso que lo lleva a los Estados Unidos, a Costa Rica, a El Salvador”.

A diario se cocinan en varios peroles más de 150 libras de cerdo para atender a una cantidad impresionante de personas durante los días de semana y aun mayor los fines de semana, principalmente los domingos.

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“Ahorita ya se terminaron las morongas por ejemplo y vamos a tener que poner de vuelta a cocinar y los días domingo la fila da vuelta aquí y se tienen que salir a la calle a esperar”, explica.

El proceso de elaboración del frito inicia a las cuatro de la mañana cuando se empieza a preparar el frito. Una vez que se ha completado la primera parte a las 6:00 am, se abren las puertas de la casa para recibir al primer grupo de clientes.

Todo el producto es acabado en su totalidad a las 11:00 de la mañana, lo que garantiza que al día siguiente los clientes tendrán nuevamente producto fresco en sus bolsas.

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“El que nos abastece la carne nos pone el chicharrón, nosotros solo nos dedicamos a elaborar el frito, las morongas, los maduros, porque vendemos maduro frito y así salimos adelante”, explica.

En este hogar trabajan entre 5 a 7 personas. Todos familiares, entre hermanos, hijos y sobrinos.

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A esta pequeña casa dividida la mitad en cocina y despacho de carne y la mitad en almacenamiento de leña, los clientes van con el platillo completo, desde el nacatamal, el frito y hasta el chilero.

Cada día llegan con el estomago vacío vecinos, viajeros, gente a la que se la recomendado el local y todos salen satisfechos con uno de los mejores platillos tradicionales del país y con una gran sonrisa en el rostro que pone de manifiesto el amor por las costumbres y el buen sazón pinolero.

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