¡Cuántos montajes más no habrán hecho antes los medios de la derecha extrema que gritan a voz en cuello que defienden las libertades y el derecho a estar bien informados! El diario ahora pide disculpas, a su manera, y trata de aminorar el repudio internacional, presentándolo como un “error”.  

Pero esto va más allá: el pensamiento ultraconservador ha conculcado la tan demandada libertad de prensa, degradando a los periódicos y otros medios, en sus propios partidos de comunicación. Han sustituido los enormes valores del periodismo por la mentira ramplona.

El tratamiento mediático a la salud del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, nos ha mostrado qué tan enferma está  la prensa en poder de los sectores más reaccionarios que tratan de vender a sus lectores, deformaciones de la verdad lavadas como “informaciones”.

El Manual de Estilo de “El País” es para impresionar hasta al mismo Benjamín Franklin:

“La libertad de expresión y el derecho a la información son dos principios esenciales para la existencia de la prensa libre, que es una de las instituciones básicas del Estado de derecho. Tanto es así, que no se puede hablar de democracia en ausencia de una prensa que no tenga las garantías suficientes para desarrollar su labor”.

“El compromiso de información de un periódico se sustenta en el respeto a sus lectores. Sólo haciendo explícitos los principios que animan la labor de redacción, el público tendrá elementos para juzgar una tarea cotidiana, compleja y siempre delicada. Once ediciones del Libro de Estilo de El País sostienen este compromiso”. Jesús Ceberio, 1996.

La realidad es otra: la “noticia” decía: “La imagen que hoy publica El País, tomada hace pocos días, según las fuentes consultadas por este diario…”. Después, subrayaba: “Ni el gobierno venezolano ni el cubano han dado información detallada del tipo de cáncer que sufre Chávez ni de los cuidados que está recibiendo, lo que ha generado una agria controversia y la exigencia de transparencia de parte de la oposición venezolana”.

La ultraderecha se cree la única autorizada para exigir transparencia, sintiéndose, además, dueña de una inmaculada solvencia moral, capaz de señalar quiénes son los buenos y quiénes son los malos de la película.

Si las redes sociales no ponen al descubierto el vídeo "Paciente acromegálico de 48 años que se intenta entubar", de 3:39 minutos de duración, difundido por Youtube  el 6 de agosto de 2008, a estas horas, la fraudulenta portada hubiese sido reproducida por todo el engranaje mediático ultraconservador, presentándola como “la verdad que el mundo libre puede publicar y que el régimen dictatorial se niega a informar”.

Nadie se molestó en la Redacción de consultar su famoso Manual de las virtudes: “Convertir los medios de comunicación en armas del tráfico de influencias al servicio de intereses que no se declaran es una práctica de abuso que crece a la sombra de la libertad”. Acabar con Chávez era la exigencia de otro código de facto: el Manual de la Desestabilización.

¿Cómo pueden de esa manera ejercer el periodismo sus profesionales? Por un lado, les dicen: “La defensa de la libertad de expresión pasa por el establecimiento de mecanismos de transparencia en el ejercicio de esta profesión, a fin de no arruinar el único patrimonio de nuestro oficio: la credibilidad”. (Director, Joaquín Estefanías, 1990). Por el otro, en 2002, el rotativo dio una lección de “credibilidad”: alabó hasta desgañitarse el golpe de Estado contra el comandante Chávez.

Rechazo mundial

La respuesta del mundo a esta falsedad fue inmediata. Nicaragua, a través de la Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo,  cuestionó que el uso y el abuso de la mentira como norma de la comunicación global, mediática, se viene descubriendo cada día, así como quedan en evidencia todas las maniobras, “todas esas maneras de actuar desde el sin sentido, desde el afán de destruir, que poco contribuye a construir”.  
La presidenta de Argentina, Cristina Fernández Kirchner tuiteó en su cuenta @CFKArgentina: "En la portada de 'El País' vi una foto. Me corrijo, eso no es una foto. Es una canallada".

El invento de diagnósticos, la fabricación de partes médicos, la sistemática campaña de difamación, el artificio atroz de una Venezuela al borde del abismo, y ahora la publicación de una inexistente fotografía del Jefe de Estado Bolivariano en cuidados intensivos, es parte del desmantelamiento del periodismo que ejercen grupos de extrema derecha de España como El País y ABC, cuyos despachos son repetidos por otros medios como si se tratara de la bendición Urbi et Orbi del Papa: a Roma y al Mundo.

¿Qué hacen Reporteros sin Frontera, Freedom House, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, que se exhiben como los defensores de la libertad de prensa? La ultraderecha se ha cuidado de que la acusen de cerrar medios a fin de que la dejen tranquila, dedicada a un negocio todavía más rentable: demoler el periodismo y manejar la opinión de los demás.