Según opina el periodista internacional Alberto Rabilotta, el Foro Económico Mundial de Davos, al igual que “los foros menores, como la Conferencia de Montreal, son las grandes misas del capitalismo”. Sin embargo, a menudo dan paso a ideas nuevas.

“Este foro —pronostica— va a ser la vía para sacar a la luz algunas de sus contradicciones internas y, quién sabe, presentar las posibilidades de redireccionar el capitalismo actual hacia otras formas, con un poco más de intervención estatal”.   

Históricamente el papel de Davos fue “adelantar las tendencias, presentarlas a veces de manera engañosa, pero también dejar que haya un aspecto crítico”, dice Rabilotta. “No me extrañaría —agrega— si de Davos salen algunas críticas de sectores importantes".

Por otra parte, “el desempleo es enorme, está aumentando, el empobrecimiento de las clases medias es un hecho real en todos los países del capitalismo y esta cúpula en Davos no va a presentar —o no puede presentar— ninguna alternativa a esa situación real”.

Más allá de los problemas económicos

Davos no solo se centra en la economía. La situación en Oriente Medio y en Siria, en particular, la evolución de la embestida islamista y la respuesta francesa en Malí también figuran en la agenda de este año. La actual edición del Foro cuenta con la presencia del primer ministro británico David Cameron y su par ruso, Dmitri Medvédev, la canciller alemana, Angela Merkel, numerosos presidentes y jefes de Gobierno africanos, y los reyes de Jordania.

América Latina está representada por los presidentes de Costa Rica, Guatemala y Panamá, además del primer ministro de Perú. Se realizará también una mesa redonda que intentará responder a desafíos como el fomento de la innovación social, el impacto ambiental en la exploración de los recursos naturales o el surgimiento de una nueva clase media, en contra de la tendencia europea.