"El gran problema es cómo recibir el dinero cuando vendemos nuestro producto en el extranjero. Están intentando bloquearnos, pero por ahora estamos encontrando soluciones", explica Alí Josem Alisade, director general de la empresa de pistachos Amin Padidor. "Hecha la ley, hecha la trampa", acentúa.

Otras sendas tienen mayor picaresca, como poner una bandera diferente a los barcos de importación o exportación iraní o crear empresas ficticias de otra nacionalidad en el extranjero.

Sin embargo, se calcula que el embargo de petróleo de la Unión Europea y de EE.UU. ha dejado un agujero económico equivalente a 450.000 barriles diarios. La inversión extranjera está huyendo del país y comienzan a escasear productos.

"No tenemos nada en contra de los ciudadanos iraníes. No queremos que los iraníes sufran", insistió en su momento el portavoz de la Secretaria de Estados de EE.UU., Victoria Nuland. No obstante, parece que las sanciones golpean a los más desfavorecidos.

"En los últimos meses hemos tenido problemas debido a las sanciones", admite Mostafa Ghanei, viceministro de salud iraní. "Estamos en una guerra oculta en donde las sanciones son sus armas… y no están perjudicando al gobierno, sino a su población", denuncia a RT el ciudadano iraní  Gadir Salim.