¡Hablad en las plazas, en las universidades, en todas partes, de ese General de América, que se llamó Augusto César Sandino!
Miguel Ángel Asturias, 1958.

I

“Míster Hoover ha declarado a Sandino ‘fuera de la ley’”, protestó Gabriela Mistral en 1931.

Augusto César Sandino padeció en carne propia la Industria del Falso Testimonio cuando esta, al servicio de “la verdad y la justicia” de los presidentes estadounidenses Calvin Coolidge (1923-1929) y Herbert Hoover (1929-1933), desenfundó su “periodismo” contra el héroe y su gesta. Al no lograr asesinar su prestigio, Anastasio Somoza García se encargó de hacerlo materialmente el 21 de febrero de 1934. Desde entonces Tacho fue el “Son of a Bitch” preferido de Franklin D. Roosevelt (1933-1945).

Los disparos de aquella terrible noche aún resuenan en el tecleo de algunos ordenadores y en toda la narrativa de la derecha ultraconservadora.

Tal es la prosapia de cierta prensa en el mundo, coludida con organizaciones que promueven su ideología ultraconservadora como el pensamiento único que debe regir a las naciones. De lo contrario, están “fuera de la ley”.

Si al General de Hombres y Mujeres Libres durante su lucha por la soberanía de Nicaragua lo quisieron sepultar bajo un alud de detracciones, ¿acaso es extraño que hoy hagan lo mismo con los descendientes de la proeza rojinegra?

Desaparecer de la faz de la tierra todo lo que invoque, rememore y conmemore a Sandino, o “peor”, haga acto de presencia a través del Sandinismo, es la misión nada original pero de primer orden, de los grupos ultraconservadores en Nicaragua. Misión de los Coolidge y los Hoover; los Stimson y los Feland, en sus viscerales versiones chapiollas.

Su Sandinofobia es tan desmesurada que no la pueden disimular.

Quizás hoy esos sandinistas de Sandino caen más mal que en los 80 porque, devuelta al poder, han demostrado que no solo saben gobernar mejor que la derecha, sino que administran de manera inteligente la paz, la seguridad ciudadana, mientras llenan de carreteras Nicaragua. Además, el Estado platica con el empresariado y los sindicatos, el rumbo económico del país, liberados de los inútiles paradigmas ideológicos del pasado.

La “edad dorada” de la “democracia” sumió en una oscurana de todo tipo al país: el 10 de enero de 2007 los hoy “eficientes” predicadores del 8% del PIB anual, entregaron el poder con un promedio del 3% de “crecimiento económico” (2002-2007), y una precaria e inestable cobertura eléctrica del 54%. Los apagones eran lo único de carácter nacional.

El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, en cambio, al concluir 2018, extenderá en un 95.5% la cobertura eléctrica a toda la República.

Por eso, para cumplir su tóxica agenda, igual que en los viejos tiempos, los radicalistas de derecha drenan su ponzoña a través del ruin uso del periodismo, si así se le pudiera llamar a la manipulación descomunal.

Aunque pudiera creerse es la obra de un grupo dedicado a la Industria del Falso Testimonio, lo cierto es que obedece al pensamiento conservador aquella línea política que encomia el atraso como lucha “digna” y glorifica a las siglas políticas deshabitadas como “el pueblo de Nicaragua”.

Con su diccionario patas arriba, llaman “mesa servida” al fracaso de su elite, y “democracia” a la ampliación inmisericorde de la brecha entre opulentos y damnificados del sistema neoliberal. Paradójicamente, tachan de “dictadura” la inclusión social, el manejo responsable y robusto de la economía, y hasta la libertad que disfrutan para falsificar la imagen real de Nicaragua.

II

El payaste aborrecimiento de la derecha fundamentalista hacia el FSLN es tal que quisieran borrar hasta de la Lengua Española el concepto de Sandinismo: “1. m. Movimiento revolucionario nicaragüense basado en las ideas de Sandino” (RAE).

Así actuó el brigadier general Logan Feland, comandante de las fuerzas expedicionarias de la Marina en Quantico, Virginia, acantonado en Nicaragua para enfrentarse al General. En vez de Sandino, le llamaba “bandolero”. Los Somoza prohibieron mencionarlo: no eran Sandinistas, sino “terroristas” y si acaso “Sandino-comunistas”.

Les mortifica que el Sandinismo no haya desaparecido; que la divisa del Guerrero de Niquinohomo no esté apolillada en los museos ni su silueta haya quedado inmóvil y oxidada en la Loma de Tiscapa.

Les duele que más bien el patriota ande por los caminos de Nicaragua en la extensión de la salud y la educación pública, en los programas socioproductivos, en las inversiones extranjeras y nacionales, en la tercera economía pujante de Latinoamérica (4.5% y 5%), en integrar por primera vez los poblados y caseríos más remotos a la nación. Es lo que Sandino denominó la “Democracia Efectiva”.

Les fastidia que Jorge Familiar, vicepresidente para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, haya dicho al inicio de este mes:

“Hay algo que siempre digo cuando vengo a Nicaragua, además es verdad absoluta: el de Latinoamérica, el país donde los proyectos se implementan de la forma más oportuna y constante es en Nicaragua; entonces la agenda con el BM se implementa muy bien, nuestra apreciación general de Nicaragua es positiva, es uno de los países que más está creciendo en la región”.

A pesar del intenso odio hacia el comandante Daniel Ortega, porque bajo su gestión se han logrado estos adelantos inéditos de la República, es todavía más inmenso el que le guardan a Sandino que prefieren atribuirle las victorias y avances al “orteguismo” y no al Sandinismo.

III
Sandino dio la bienvenida a los inversionistas del mundo. “No queremos encerrarnos aquí, solos. ¡Que vengan extranjeros, incluso, (norte) americanos, desde luego!”, le dijo a Ramón de Belausteguigoitia.

El Sandinismo, liderado por el comandante Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo, ratificó esa política del General Sandino ante la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua (Amcham), presidida por María Nelly Rivas.

Rosario, tras destacar el espíritu de “establecer rutas de trabajo y paz” para “alcanzar la Prosperidad”, exaltó el comercio entre Nicaragua y los Estados Unidos, “y todo lo que podemos hacer juntos, construyendo Porvenir”.

La señora Rivas subrayó: “para nosotros fue muy grato escuchar que hay un compromiso de parte del Gobierno de Nicaragua de fortalecer esos lazos de Inversión y Comercio con el Mercado de los Estados Unidos”.

Este es el FSLN de carne y hueso. No, no se trata de una “vanguardia iluminada” sino de una institución política actualizada que reconoce y apoya al empresariado, al finquero, al productor, al comerciante, al dueño de algo, porque trabajan en pro del desarrollo nacional. Y eso también detestan los radicalistas que ayer eran guardianes de la “pureza marxista-leninista” y ahora lo son de la derecha más rancia que va a Washington a implorar el intervencionismo contra Nicaragua.

“Los desgraciados políticos nicaragüenses, cuando pidieron contra Sandino el auxilio norteamericano, tal vez no supieron imaginar lo que hacían y tal vez se asusten hoy de la cadena de derechos que han creado al extraño y del despeñadero de concesiones por el cual echaron a rodar su país”, denunció la Premio Nobel de Literatura hace 87 años.

Tampoco es raro, pues, que la derecha supremacista reproduzca al pie de la letra lo que Gabriela Mistral, Benemérita del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, acusó en su momento. La única diferencia es que estos políticos de hoy no se “asustan”, sino que anhelan ver a Nicaragua convertida de nuevo en una república bananera, triste condición que llevó al General a luchar por la dignidad de su patria.

El Sandinismo desciende de “El pequeño ejército loco de voluntad y sacrificio, que se vuelve carne viva de nuestra historia”, como el mismo Héroe pronunció, ante José Román, la inspirada declaración de la enorme poeta chilena. Por eso escarnecen al FSLN.

No obstante, del verbo envenenado nunca saldrá una información veraz, mucho menos los códigos de una nueva cultura política. Gabriel García Márquez fue quien escribió: “en periodismo hay que apegarse a la verdad, aunque nadie la crea”.

La infamia no es un género periodístico, ni el monólogo interior de la ultraderecha la última palabra sobre la Democracia.