Un 5 de febrero de 1918 la comunidad La Tunosa, Estelí, vio nacer a Felipe Urrutia, un hombre que a lo largo de sus 96 años de vida, promovió, recopiló e interpretó la música popular norteña, por eso es llamado el “trovador de Las Segovias” o “rey del folclor segoviano”.

Hablar de don Felipe, es hablar de la polkas, de las mazurcas, valses y el zapateado, músicas que nacen desde las profundidades de las montaña y que con mucho tesón, recopiló a lo largo de su vida.

Es hablar del campesino que conoció al General Augusto C. Sandino y del artista que le cantó y fue leal a la Revolución Sandinista. Don Felipe fue un enamorado de su tierra, de sus 13 hijos.

En Estelí, los Urrutias, son tan famosos como lo es, el mismo Salto la Estanzuela. Las actuales generaciones procedentes del trovador segoviano, han heredado el gusto por la música.

Don Felipe pasó a otro plano de vida el 26 de diciembre del 2014, dejando un gran legado musical, pero también de humildad, de honradez y amor. Este 5 de febrero, se cumple 100 años de su natalicio, acontecimiento que será celebrado con un Festival Nacional por el pueblo esteliano, la familia, por la alcaldía, por el Movimiento Cultural Leonel Rugama (MCLR) y el Instituto Nacional de Cultura.

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Es un homenaje a su vida y a la música que amó, la que con su guitarra cantaba en su vieja casona de la comunidad El Limón, junto a sus “Cachorros”.

Sus hijos cuentan que gustaba descansar en su hamaca, siempre con su guitarra a la par. Cuando se levantaba, se dirigía hacia su enorme árbol de laurel y pasaba horas tocando su guitarra. Ese árbol luego de su muerte, un año después, inexplicablemente se secó para asombro de todos los estelianos que acostumbraban a verlo cantar bajo su sombra.

Algo de eso sabe Juan Urbina Osegueda, quien junto a don Felipe protagonizaban largas conversaciones, inmortalizadas en el libro “Las Caiteadas de Don Felipe Urrutia”, que recoge las memorias del trovador, sus vivencias, cuando visitaba a sus novias para llevarles serenatas o la ocasión cuando conoció al General Augusto C. Sandino y cómo se convierte en colaborador del FSLN.

“En este libro encerramos parte de sus memorias, porque quedó mucho de escribir de don Felipe, yo me lleve 12 años entrevistándolo cada 8 días o cada 15 días. En las Caiteadas de don Felipe Urrutia nos habla de costumbres, tradiciones, de historia, de política, está todo un engranaje de la vida popular del norte y de Nicaragua”, relata Urbina.

Este escritor esteliano describe a Felipe como un hombre cabal a toda prueba, un norteño de palabra. “Fue carretero, fue transportista de carretas, también fue arriero, músico parrandero, un campesino que donde había un festín, ahí estaba don Felipe con su guitarra dando alegría”.

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“Cuando tenía 10 años en el norte de Nicaragua estaba el General Sandino con sus tropas que se habían levantado en armas en contra de la invasión norteamericana. En la Tunosa donde nació Felipe habían colaboradores del General Sandino, uno se llamaba Genaro Altamirano, quien habló con Felipe y le habló de la lucha antiimperialista y si estaba de acuerdo en apoyar y entregar unos mensaje a determinados personas, pero que tenían que hacerlo callado. A don Felipe le gustaba la lucha del General Sandino”, afirma Urbina Osegueda.

Esa admiración por Sandino, hizo en Felipe un gran colaborador de la lucha por la paz, por la autodeterminación, banderas que el FSLN, el comandante Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo, han enarbolado en sus vidas.

En los años 80 en la primera etapa de la revolución, don Felipe junto a sus cachorros se adentraba a las montañas segovianas a entregar su música a los jóvenes que cumplían su servicio militar. En los años 70 cuando el FSLN realizaba su lucha en la clandestinidad en las montañas, Felipe se hizo gran amigo de Francisco Rivera “El Zorro”, quien le encomendó la tarea de llevar cigarros, caramelos y café a los jóvenes que resistían la lucha contra la dictadura somocista.

“Es ahí donde empieza a trabajar con la Revolución Sandinista, a su hijo Gilberto Urrutia lo asesinó la guardia somocista. Estuvo llevando música a los frentes de guerra, estuvo en el norte y en la Costa Atlántica donde llevaba música a los combatientes. En cada aniversario de la Revolución, ahí estaba en la plaza”, comentó Urbina Osegueda.

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Un hombre sencillo y muy patriota

Leopoldo Urrutia Arauz, el menor de los hijos de don Felipe, lo describe como un campesino humilde, patriota, valiente y muy sencillo. “Mi padre fue ejemplar, un buen amigo, nos enseñó todas las capacidades morales que puede tener un ser humano, principalmente la honradez y su música que nos las dejó en nuestras venas, en nuestro corazón”, cuenta Polo.

Cuando don Felipe platicaba y enseñaba la música a sus hijos y nietos, siempre insistía que debían sentirse orgullosos del lugar donde nació, de las costumbres y de sus raíces culturales.

“Sus capacidades morales y patrióticas las demostró conservando en su memoria por casi un siglo, sus raíces culturales, las polkas, las mazurcas, los valses y los zapateados que escuchó desde que tuvo uso de razón, ayudó a conservarlas y transmitirlas a sus hijos y al pueblo, fue una enseñanza completa”.

Polo recuerda que su padre fue un gran amigo del Comandante Daniel Ortega Saavedra.

“Fue siempre y es un revolucionario, un hombre con grandes principios revolucionarios, y eso por lo menos a mí y a mis hermanos, no solo nos dejó la música en nuestro corazón, también nos dejó la revolución en el corazón. Siete años antes de fallecer, después que le hicieron una cirugía, ya se había ganado la alcaldía de Managua, ya el FSLN estaba en el gobierno nuevamente, nos dijo que ya se podía morir tranquilo porque nos dejaba en buenas manos, nos dejaba bajo un sistema revolucionario, bajo un gobierno progresista que está con el pueblo”.

Y así como inculcó ese amor en sus hijos, nietos, también sus bisnietos gustan de la música. Ana Yuniet Urrutia de 15 años, ya sabe tocar el acordeón y también la guitarra. Hoy participa en las diferentes actividades culturales en Estelí.

“Yo veía como mi abuelito tocaba la guitarra, aprendí a tocar y también el acordeón, ahora quiero seguir los pasos de mi abuelo, me gusta las piezas que tocaba, quiero llegar a tocar música como lo hacia mi abuelo, era mi ídolo”, confesó Ana Yuniet.

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Un legado entrañable

Don Felipe tuvo grandes amigos en su larga vida, muchos de ellos también provenían de las montañas, como doña Aura Benavides, que califica al trovador como un “ícono nacional” que realizó la gran labor de visibilizar la música campesina.

“Mi padre fue un amigo entrañable de él, compartieron caminos de carreta, compartieron pobreza, fue un carretero y mi padre era el ayudante, fui criándome con la música que ambos recopilaban en ese andar por las montañas. Felipe nos ha dado gran orgullo y representa la características más humildes de un hombre que nunca cambio, debemos recordarlo como un orgullo, como un referente de la cultura”, dice Aura.

Su amigo de cantares, de tocadas, Alfredo Quintero, afirma que Estelí extraña a don Felipe, pero también lo recuerda cuando se escucha la música que recopiló a lo largo de su vida.

“En cada actividad que tenía en su casa o en Estelí, a él le gustaba que lo acompañara, así fue creciendo la amistad. Fue un músico nato, mantuvo la tradición de la polka y la mazurca, lo hizo de antaño. Don Felipe nos hace mucha falta, él le dio vida al arte musical en Estelí”.

Durante las celebraciones por el centenario del trovador, se podrá escuchar en el Festival Nacional, las piezas que inmortalizaron a don Felipe Urrutia y a sus cachorros, como Sembrando, Corriente, Deme la orilla, El Bolsón, El grito del bolo, El matorral, El quebracho, Guardabarranco, la palanquita, la cadenita de oro, la tunoseña, la polka de Jacinto y muchísimas otras.

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