El grupo terrorista Estado Islámico este miércoles un ataque contra la sede de la organización no gubernamental Save the Children en Jalalabad, en el este de Afganistán, que ha causado hasta el momento dos fallecimientos, un civil y un miembro de las fuerzas de seguridad afganas, y más de una decena de heridos, informó una fuente gubernamental local.

"Hasta el momento hemos recibido en el hospital un cadáver y tratado a 14 heridos del ataque", afirmó a Efe Inamullah Myakhil, portavoz de Directorio de Salud Pública de la provincia de Nangarhar, de la que Jalalabad es la capital.

El portavoz del gobernador de Nangarhar, Attaullah Khogyanai, explicó a Efe que el cuerpo del fallecido fue encontrado en la primera planta, que ha sido despejada de insurgentes por las fuerzas de seguridad, igual que el segundo piso.

El ataque fue perpetrado cuatro terroristas suicidas, uno de ellos con un vehículo cargado de explosivos que detonó en la entrada del edificio de la organización no gubernamental, según el mensaje de Amaq, cuya autenticidad no ha podido ser verificada y que no aportó más detalles.

Según las primeras informaciones, varios vehículos estacionados frente a la oficina de la ONG resultaron afectados y se encuentran en llamas.

La portavoz de Save the Children en Afganistán, Mariam Attaie, indicó a Efe que la organización no puede dar información por el momento sobre lo sucedido. "Una vez que consigamos toda la información la compartiremos", indicó.

Los grupos insurgentes armados y las organizaciones criminales tienen habitualmente entre sus objetivos a las organizaciones no gubernamentales en Afganistán, donde la situación de seguridad se ha deteriorado de manera considerable en los últimos dos años.

En octubre del año pasado, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció la reducción "drástica" de sus operaciones en el país tras varios ataques a sus instalaciones y la muerte de siete de sus trabajadores en ataques armados en nueve meses, entre ellos la española Lorena Enebral Pérez, de 38 años.

Nangarhar, provincia fronteriza con Pakistán, es una de las zonas más inseguras de Afganistán. En ella operan los talibanes y el Estado Islámico (EI), que tiene en esta zona su principal bastión en el país asiático, y su capital es habitual escenario de ataques terroristas contra objetivos civiles.