Más allá del interés morboso que pueda tener el ver a Justin Bieber haciendo algo tan impropio de Justin Bieber como fumarse un porro (el dos de enero, con unos amigos en un hotel), las imágenes que publicaba este fin de semana el portal TMZ con tanto escándalo tienen el valor de representar el problema al que se enfrenta el chaval desde que, el pasado abril, cumplió 18 años y empezó a estrenar, paulatinamente, una actitud menos candorosa y más de prepotente macho alfa (de malote, vamos): él querrá, y estará en su derecho de, hacer lo que entienda que hacen los chicos a su edad y fingir que es más adulto de lo que en realidad es a base de trasgresiones. Pero el público al que se debe, esa copiosa legión de beliebers que le ha convertido en un fenómeno de larga duración, no tiene por qué seguirle el ritmo y aceptar que él ya no quiera deberse a la imagen de chico bueno a la que se debía antes.

El porro en cuestión lo resume mejor que nada porque la reacción de sus fans a las fans se volcó en Twitter, donde se puede ver con claridad meridiana: hubo una cantidad ingente de apasionadas súplicas de que, por favor, Bieber reconsiderara lo que estaba haciendo y no empezara a fumar marihuana, que eso es muy malo y de ahí al crack y a la heroína y a acabar en un callejón con un abrigo sucio y unos guantes con los dedos cortados hay un paso. Pero sobre todo hubo testimonios de varias beliebers decepcionadas porque su héroe hiciera algo así.

El sábado, el propio Justin decidió interceder a través de su todopoderosa cuenta de Twitter y mandó a su escandalizado público un par de mensajes de disculpas en los que en ningún momento pedía disculpas. "Entiendo lo que decís todos. No quiero decepcionaros nunca. Os quiero y... gracias", escribió en uno. En el siguiente remataba con el argumento que esgrime cada vez que se le echa en cara alguna imprudencia, la nada descabellada defensa de soy joven y estoy en mi derecho a equivocarme: "Estoy creciendo y aprendiendo cada día, intentando ser mejor. Te derrumbas y te levantas", publicó.

Pero el supuesto trauma colectivo de las beliebers era algo demasiado goloso para que la historia acabara aquí. Como el interés que suscita el chico entre quienes lo aman y quienes lo odian es tal, las fotos habían ocupado buena parte del discurso público internacional de este fin semana y 4Chan, hervidero oficial de alborotadores de Internet, aprovechó para colar una de las suyas: allí donde en octubre habían inventado el bulo de que Justin Bieber sufría cáncer y pedía que sus fans se raparan en solidaridad con él, inventaron la etiqueta #CutsForBieber (#CórtatePorBieber), fingiendo que había fans dispuestas a autolesionarse para convencer al chico de que dejara de tomar drogas. El tema fue trending topic estadounidense y luego mundial ayer.

(Aquí es donde pondríamos tuits mostrando las autolesiones que se le enviaron a Justin Bieber. Pero, por mucho que sean falsas, sería un atentado contra el buen gusto colarlas sin avisar. Lectores osados: las podéis encontar aquí.)

No se eligieron las autolesiones al azar: es una práctica lamentablemente común entre los adolescentes estadounidenses que no tienen otra forma de expresar las frustraciones propias de su edad y ha sido tristemente popularizada por Internet (hay canales de YouTube dedicados a enseñar cómo autolesionarse). Con lo cual, tanto se estaban entroncando con un estereotipo afín al perfil del belieber medio como estaban parodiándolo.

Lo cual no es tan descabellado. El propio Bieber, el chico rico y blanco proveniente de Canadá que ha decidido actuar como un chico negro de barrio deprimido, hace algo parecido al imitar con tanta eficacia a sus ídolos raperos. Más que para vivirlos, los 18 años son para recordarlos. La cuestión es qué recordará Justin Bieber, si el significado vital de sus primeras trasgresiones o sus consecuencias más inmediatas.