Pochomil, Masachapa, Casares y La Boquita, son cuatro playas del Pacífico de Nicaragua que cumplen a la cabalidad todos estos requisitos.

A Pochomil y Masachapa, se llega en una hora desde Managua siguiendo la carretera vieja a León y luego desviándose hacia San Rafael del Sur. Casares y La Boquita, están un poco más distantes. Se llega en aproximadamente hora y media luego tomar la carretera sur hasta  el fresco municipio de Diriamba. Estando uno se enrumba hacia el oeste y en suave descenso luego de unos 25 minutos de viaje se llega finalmente a La Boquita. Casares se ubica un poco más al sur, a apenas cinco minutos en vehículo.

Pochomil es una de las playas más visitadas de toda Nicaragua y entre las cuatro mencionadas se presenta como una de las propuestas más tentadoras para los veraneantes.

A pesar que aún no ha entrado de lleno la Semana Mayor, cientos de familias de Managua y de otros departamentos del país ya están llegando para disfrutar de sus cálidas aguas.

Una de estas familias fue la del señor Agustín Valle quien llegó junto a su esposa e hijos procedente de ciudad de Managua.

Sentado en uno de los cientos de ranchos de alquiler que inundan la playa, dijo haber llegado este domingo desde muy tempranas horas de la mañana. Quería relajarse junto a su familia.

“Aproveché a venir con la familia ahorita antes de Semana Santa. Uno la pasa tranquilo sin tanta gente”, aseguró.

“Venimos todos los años, pero lo hacemos antes de Semana Santa, porque esos días preferimos ir a visitar los familiares o ir a alguna piscina a refrescarnos del calor”, explicó.

En Pochomil y Masachapa la oferta restaurantera y hotelera es muy variada. Los precios, según sus dueños, están acorde con los requerimientos de los clientes.

En relación a los restaurantes, estos ofrecen una variedad de platillos, cuyos costes van desde 100 a 200 córdobas.

“Tenemos una gran variedad de precios. Tenemos desde pescado frito, camarones empanizados, langosta, todo a gusto del cliente”, aseguró María González, encargada de uno de los pequeños restaurantes de Pochomil.

“La gente ya está empezando a venir. La esperanza es que nos vaya mejor que el año pasado”, indicó González.

Sin embargo, hay muchas familias que prefieren llevar su comida y así ahorrarse un poco de dinero.

“Nosotros trajimos todo. Sale más barato. Lo importante es que nos estamos divirtiendo un poco”, manifestó Karen Gómez, veraneante procedente de la ciudad de Masaya.

Otro de los lugares que este domingo lució con un destacado movimiento de veraneantes fue La Boquita. Junto a Casares, La Boquita es el balneario predilecto para los caraceños. Sus aguas, sus arenas, sus paisajes, sus restaurantes y la hospitalidad de los habitantes de los alrededores, hacen de este un buen lugar para vacacionar.

La oferta restaurantera en La Boquita no es tan grande como en Pochomil. Pero esto lo compensa con una pequeña playa que para no pocas personas es de las más bonitas de toda Nicaragua.

“Para nosotros los caraceños La Boquita, Casares y Huehuete son tres paraísos. No tenemos que ir largo para disfrutar del mar”, señaló el veraneante Antonio Aragón.

La familia de este joven fue una de decenas que decidieron dejar las pequeñas ciudades de Jinotepe, San Marcos, Diriamba, Santa Teresa, e incluso poblados cercanos como Masatepe y La Concha para poder divertirse en este balneario.

“Venimos de La Concha. Estábamos un poco aburridos y nos dejamos venir para acá”, expresó Nelson Espinoza, quien llegó a La Boquita junto a un grupo de amigos.

Si bien es cierto que aquí no hay grandes hoteles como tampoco grandes restaurantes. La gran mayoría de personas parece conformarse con pequeños restaurantes. O bien con alquilar pequeños espacios dentro de los numerosos ranchos  que hay en la orilla de la playa. El alquiler de uno de estos espacios cuesta 200 córdobas todo el día, según Alicia Gutiérrez Cruz, dueña del restaurante Eliette.

Doña Alicia oferta una gran variedad de platillos, cuyos precios, aseguró, no pasan los 250 córdobas.

Por el momento, señaló, la afluencia de turistas ha estado regular, pero dijo estar confiada en que mejore durante la Semana Santa.

“Por lo general ya en Semana Santa es que se pone bueno”, explicó.

Los campesinos de la zona bajan hasta el balneario para ofrecer paseos a caballo.

“La vuelta vale 20 córdobas. Si no sabe andar a caballo nosotros le enseñamos”, dice con resolución don Aurelio Baltodano, quien junto a su caballo va de cabaña en cabaña ofreciéndolo a los visitantes.

En La Boquita son aproximadamente unos 15 campesinos los que ofrecen paseos a caballo. Aseguran que los últimos fines de semana han estado muy buenos porque ha llegado bastante gente.

“Ahorita solo estamos viniendo los fines de semana, pero en Semana Santa venimos diario porque es mejor”, afirmó Baltodano, quien tiene casi 20 años de estar llegando todos los veranos para ofrecer este servicio a los veraneantes.